Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos

Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, te pertenecen en pensamiento desde este instante en que tú me lees

© ɱağ

Azul deMağdalia Mağade Qamar

Desde 2014

Y cierro los ojos para abrir mi ánima

19 de enero de 2018

La Máscara de Poison...



Después de estar un rato observando, sin ver, a través de los cristales de la balconada, retrocedía sobre sus pasos yermos.  Entre aquellas paredes de reino oscuro, la luz se tibiaba entre anticuadas cortinas, golpeando ahí donde se iba ajando el papel pintado. ¿Y qué importaba si tras aquellas infinitas esquinas él era el hombre jovial y animoso, que parecía ser fuerza y vitalidad...? Eso era lo que había tras la puerta, en el mundo no real.Y, seguramente, eso lo estaba matando. Solo él sabía qué había dentro de la máscara que los demás veían.

Cada día pasaba por delante de la vitrina donde el tiempo dejaba su huella en motas de polvo que extendían sus faldas rindiendo pleitesía a una taza de porcelana, donde las flores rojas habían dejado su arrebol en un tono más otoñal, el verde había teñido sus ramas de un extraño torrente de aguamarinas, y las margaritas se habían deshojado sin llegar a decir sí, como se habían deshojado sus días. Tal vez solo él pudiera darse cuenta de ello, y no era necesario mirarse al espejo.
Quizá fuera el único recuerdo (material) que le quedaba de lo que un día fue y jamás sería.
La soledad se iba haciendo hueco al tiempo que las tazas se perdían.
  
Abrió las hojas de cristal. Tomó la taza en su mano y regresó al dormitorio. Sobre la mesilla, un tarrito donde siempre había estado tallada la palabra “Poison”. Tal vez era el momento de probarlo y rendir homenaje junto a esas gotas de polvo, convertir las canas en invierno perpetuo, en dejar que las zarzas se volvieran hiedras que cubrieran los muros… Los muros de ese encierro, de esos tabiques llenos de extrañas memorias y realidades, de esas noches tan oscuras como largas, de esos amaneceres de escarcha perpetua… 

No importaban las gotas ni que el agua se derramase. No quedarían despedidas. No quedaría nada…, salvo la cama deshecha, un libro abierto por la página cien, un mundo de locos en mil pelotas de palabras arrugadas dentro de un papel… Y una taza de porcelana hecha tantos añicos como su corazón silente… Y una máscara, una sorpresa, un “nadie lo hubiera dicho…” Un sentimiento desconocido, una enfermedad ignorada… la maldita soledad, la bendita soledad que le daba la mano para llevarlo con ella y abandonar todos los lamentos...




Todos llevamos una máscara que nos protege del exterior. A veces, demasiado pesada.
Es una herramienta recurrente plasmada en vida… 
y en letras como nos invita a descifrar Roxana 

12 comentarios:

  1. Ufffffff Mag...
    Es verdad, todos llevamos una máscara... algunos para ocultar; otros para proteger, o eso podemos creer... pero también siempre, llega el momento de quitar la máscara y hacer frente a lo que somos, a quienes somos...

    Extraordinario... como siempre. Besissssssssssssssssss hermosa.

    ResponderEliminar
  2. Buffff, demasiada meláncolia para mi situación actual, jajaja.
    La soledad cuando se adentra, es el arma más letal que puede existir.
    Un placer leerte, como siempre.
    Besucos.

    ResponderEliminar
  3. Toda una desolación descrita con un estilo inspirado y poético.
    Un buen aporte a este jueves.
    Besos.

    ResponderEliminar
  4. No somos trasparentes, pero la mascara nos la ponen los demás con su imaginación y nos inventan poses que no hacemos, sentimientos que no conocen, crean su película, no se molestan en saber la verdad. Por eso cuando descubren la su mentira nos acusan de haber llevado una mascara, cuan falsos son. Ellos, no nosotros. Abrazos

    ResponderEliminar
  5. La soledad debe ser una de las máscaras más difíciles de disimular o maquillar, a veces tanto que se vuelve casi una misma piel. Un relato lleno de melancolía, de nostalgia.

    Beso dulce Magda y dulce fin de semana.

    ResponderEliminar
  6. Nunca me puse máscara me hace transpirar y el maquillaje se me corre
    Me gusta todo al viento mostrando hasta lo que no tengo
    saludos

    ResponderEliminar
  7. Subyace la erótica de la máscara, el gusto arcano por el anonimato que a veces permite ser "mas tú"... sin embargo sentimos que esa mascara puede caer en cualquier momento. La sorpresa es que algunos lunes a pesar de serlo comienzan mejor que otros siempre que haya café de por medio y un guiño cómplice (ese que yo dedico “erre que erre” hasta que un día esa mascara se quiebre). Y se suele quebrar con las letras que llegan al alma. Un abrazo...

    ResponderEliminar
  8. Excelente relato contado con palabras precisas. La soledad, enfermedad grave del siglo XXI, es una máscara que nos corroe por dentro hasta enfermarnos.
    Gracias por un relato tan bien contado.
    Saludos
    Rhodéa Blasón

    ResponderEliminar
  9. Profundas palabras, Mag *__* Me imaginé a la perfección la escena mientras el protagonista realizaba esa introspección hacia sí mismo, esas motitas de polvo que describes, la cama, el libro... Tengo ganas de seguir leyéndote.
    ¡Besos!

    ResponderEliminar
  10. Esa máscara cargamos todos los mortales con ella, con más o menos garbo, pero ahí está-

    ResponderEliminar
  11. Agradecida infinitamente por vuestra presencia en esta Casa aunque ande un poco perdida por estos mundos de Dios, un poco a mi libre albedrío.
    Millones de gracias por la impronta de vuestras palabras, por la veracidad de vuestras intenciones... sin máscara y si la hay, estoy convencida de que no es excusa. No se puede mostrar todo y quien diga que va desnudo por la vida pues me permito el beneficio de la duda. La máscara no es cubrirse el rostro... es algo más profundo, a veces es algo completamente necesario. Vendría a ser algo así como:

    "Elegir entre el bien y el más es fácil. Lo complicado es elegir entre el mal qué es menos mal."

    Besos enormes y abrazos fuertes.

    ResponderEliminar
  12. A mí también me entraban ganas, en un tiempo anterior a este despertar florido que ahora siento, de agarrar mi tarrito poison (en mi caso sería el veneno de los chunguitos, por aquello de: dame veneno que quiero morir, dame veneeeeenoooo, no soy yo tan fino como para el vocablo poison) e irme zumbando al otro barrio.

    Cuando te me pones, te me pones, carajo, que divina, regia que has estado hoy con este texto que habla de algo que a mí me ha costado horrores entender, la soledad. Todos estamos solos cariño, así como también todos llevamos máscaras para integrarnos y que nos quieran mejor y así, engañarnos creyendo que no somos ni estamos tan solos en esta puta vida.

    La vida es un carnaval.

    Agua!!!!

    Qué lindo lo de hoy.

    Besaco grande.

    ResponderEliminar

Sueña porque soñar es vivir y vivir es sentir...