Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos

Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, te pertenecen en pensamiento desde este instante en que tú me lees

© ɱağ

Azul deMağdalia Mağade Qamar

Desde 2014

Y cierro los ojos para abrir mi ánima

30 de enero de 2020

Los Estigmas de un Sueño...

Un Jueves, Un relato
Títulos de libros


[...] A veces creo que mis palabras son el eco del silencio más grande, que los restos de mis besos son solo carcoma que devora el tiempo cual las migajas que se come el pájaro errante. Que mi abrazo es un níveo recuerdo del vacío más absoluto cuando los desvelos plagian mis pensamientos enredados entre las espinas de mil zarzas. Como los estigmas de un sueño arrebatado de la cruda verdad que poseen los testigos de los insensatos.

Y siempre creo en el misterio que me desboca el alma como el universo que engendra una estrella. Como el árbol que siente el aflorar de una hoja. Como ese encaje de bolillos que crece en un enjambre de puntos. Como ese viento que acaricia las nubes. Como esa espera que se consume entre los brotes de mis pestañas, en las comisuras de mis ojos ausentes de lágrimas, desbordados de sal. Como esa lucidez que fluye descomedida en la palabra de un loco como yo que discurre río arriba, a contracorriente. 

Y creo ser esa última página del libro que no contiene fin empero acaba, mas al tiempo se regenera cual Fénix en el alzar de su vuelo sobre las cenizas de su propia muerte, como el título evocador de una esencia contenida lejos de los ignotos designios impuestos. [...]


Collage ideado por Moni de Neogéminis

Este es mi aporte, a modo de extracto de un libro, para este jueves en el que  Moni, desde su blog "Neogéminis", nos propone una serie de títulos de libros desde el que desarrollar nuestra historia. Picando en la imagen podéis ver otras narraciones.

23 de enero de 2020

Más que el tiempo en mi bolsillo...

Un  Jueves, un Relato


Aquella tarde era la más fría de todo el invierno. La niebla lo cubría todo desde hacía unos días. Se había congelado y una cencellada lucía resplandeciente. Me sobrecogí. Levanté el cuello del abrigo y me ajusté bien la bufanda. No me sobraba nada pero, aún así, decidí caminar un poco más por el parque solitario. Tampoco me apetecía llegar demasiado temprano a casa de don Eneko que había fallecido unos días antes. Don Eneko había sido mi profesor de Literatura, quien me había animado a presentar aquellos poemas a la editorial que posteriormente habría de publicar mi primer poemario.
Sentí un vacío muy grande ante su ausencia pero me quedaban todos sus libros, todos sus manuscritos y, sobre todo, todos sus consejos y el recuerdo de sentirlo aún a mi lado.
Su mujer me había llamado la tarde de antes para que me presentara en su casa. Tenia algo para mí.
Unos minutos después de la hora acordada, llamé a la puerta. Me abrió ella, enfundada en luto riguroso y con la mirada perdida en aquellos ojos vidriosos que se vislumbraban tras unas gafas de grueso cristal. Nos abrazamos y no hacían falta palabras. Después de un rato en silencio, de un té con menta y de unas galletas que no probamos ninguna de las dos, me trajo un bulto envuelto en una sábana blanca. Intuí de qué se trataba. Era aquel abrigo que había comprado don Eneko en un mercadillo de Londres. Me había gustado por su atemporalidad vintage y su forma masculina. Estaba impecable. Y él solo lo había llevado una vez. Para la presentación de mi poemario. Siempre había querido tenerlo aunque jamás le dije nada. Cuando lo vi en mis manos, me emocioné sin poderlo evitar. Me lo probé y todo el calor de la ternura y cariño de don Eneko me abrigó. Metí las manos en los bolsillos y palpé algo en uno de ellos. Lo saqué y lo mostré sobre la palma de mi mano.

—Siempre quiso que fuera tuyo. Era de su abuelo, luego de su padre, y ahora... tuyo.

Del mismo modo que no podía aceptar aquel regalo, tampoco podía rechazarlo. No quería llorar más. Sabía la historia de ese reloj. Temblé entera sin poderlo evitar. Necesitaba salir de ahí. Tomar aire.Y me perdí de nuevo entre la niebla, refugiada en ella, con el alma encogida y agradecida. Con los ojos enrasados en escarcha. Sintiendo que mis pasos no caminaban solos. Sintiendo una templanza en mi costado.



¿Qué tengo en mi bolsillo?, es la pregunta que Mar nos hace desde su Bitácora donde podréis ver qué tienen los demás en los suyos.

16 de enero de 2020

La Gran Fantasmada...

Un Jueves, Un Relato


Situación: Un calor de mil pares de puñetas. Pleno verano. Alguna hora de la noche. Noche ya bien dada. Dos en la cama. Vueltas y más vueltas yo. Él dormido como un pollo. Sudor. Agobio. El compañero que desprende el mismo calor, si no más, que una estufa a pleno rendimiento. Yo, en un baño de agua. 

Estado: Hartazgo y desesperación.

Una idea: Refrescar una toalla con agua fría. Así lo hice y me fui a la cocina, guiada por la luz que llegaba desde la calle por ambos frentes de la casa. Agravantes: Soy tan torpe de vista como un topo tuerto. Y me había dejado las gafas en la mesita de noche. Pensar. Cuando pienso tengo la capacidad de abstraerme de todo cuanto me rodea. La noche, el silencio...

Acción y consecuencia: Sin gafas con las que identificar lo que me rodeaba y ausente de todo lo que se podía escuchar, apareció él por mi derecha, a mi espalda: «Hola». ¡Qué decir tiene que aquella voz no la reconocí! Me sonó lejana, grave... oscura. Yo escuché hoooola... De ultratumba. Conté hasta diez. Sí, tuve la paciencia sensata de hacerlo mientras retorcía la toalla y pensaba: «Un fantasma no puede ser —aquella noche había estado viendo Cuarto Milenio— ». Y en tanto la cuenta hasta diez iba acabando, me giré. Solo vi una cosa negra, más que negra, mimetizada con la penumbra, una esfera con tres espacios blancos. Los ojos y los dientes, supuestamente, pero yo iba sin gafas, estaba sofocada y tenía un empanamiento mental, con lo cual no le reconocí —ni me di tiempo a reconocerlo—, empecé a darle con la toalla mojada: ¡Ziss ! ¡Zass! ¡Ziss ! ¡Zass!... Con todo mi alma, por si acaso. 
«¡Para... para... que soy yo!», me decía mientras ponía los brazos como escudo.
Por entonces, creo que la toalla ya pesaba un poco menos. Fue a la quinta o sexta protesta «¡Coño, que me vas a matar!, ¡para ya!», después de ser indiferente a ellas y a verlo bracear para zafarse de mis toallazos, decidí darle el golpe de remate. Porque entonces ya sabía que era él y, pese a que el pobre solo había llegado para beber agua bien sabe que no se puede hacer entrar en los sitios a oscuras y sin hacer ruido. Primero recibió el impacto de una mujer que, por si las moscas, se defendía de un ser que venía de alguna parte oscura del mundo de los muertos. Luego, de una cabreada que solo había ido a mojar una toalla para quitarle ese calor de estufa de la piel.
«¡Capullo».

El susto me lo llevé yo pero los toallazos mojados, él.
Y os puedo asegurar que esto está basado en un hecho real y que los fantasmas de sábanas blancas no existen.

Resultado de imagen de fantasma

Este texto es mi aporte a la propuesta de Dorotea desde su blog "Lazos y Raíces"  .Si vais, podréis echaros unas risas con los textos de otros compañeros ya que la cosa va de humor.

9 de enero de 2020

Este Maravilloso Jueves...

Me fijé en él tal vez un jueves. Quizá fuera otro día. No recuerdo. Mis deseos nacieron por él, por su descaro, por su inspiración, por sus letras, traversas y reversas. Era un Reto. Sigue siéndolo a pesar de sus años. Y descubrí un nuevo mundo (así iniciamos nuestro idilio hace un lustro).
Al principio mis miradas eran tímidas, indecisas... hasta que me hice con él. Luego me convertí en tan impulsiva y descarada que le tomé las riendas y solo nos hemos separado cuando la fuerza ha sido mayor, siempre observándonos desde la distancia, intuyéndonos, llamándonos en silencio, haciéndonos meta y un rosario de pulsiones que llevan, también, el título de otros que no somos ni él ni yo pero somos todos. Y somos, entre él y yo y entre todos, un jardín de mil flores diferentes, con nombres reales disfrazados, de nombres inventados y otros, pintados de fantasía pero, indudablemente, de verdad.

Como todas las relaciones, no hemos tenido nuestros mejores días pero ha habido otros que han sido brindis de fuegos artificiales y algarabía de rosaledas.

Escribimos letras oscuras que nos anidan de espinas el alma. Escribimos letras blancas que brincan como palomas en primavera. Escribimos letras de colores como el universo de los que ni todo ni nada, sino con todo y con nada. Escribimos silencios que se rompen en los costados del corazón como las llagas del hablante de rezos. Escribimos letras que se barruntan en miedos y estrías que rasgan el corazón. Escribimos sonrisas que parten el pecho. Escribimos pensamientos que nos dejan los sentimientos in albis, a flor de piel. Escribimos, también, lo primero que se nos ocurre. Y ahí se queda, como es. Sin más. Tantos jueves como inspiraciones tienen, y a través de él durante estos se han hilvanado senderos, tal vez de gloria, pero sin duda alguna de amistad, de complicidad que nos hacen de entre todos, uno. Somos Jueves. Más que un día a la semana o de la semana.

Gracias por todos estos jueves y por el aprendizaje adquirido, por el compañerismo, por la colaboración y por la paciencia; por haberme permitido la posibilidad de conocernos.
Mi cariño.



Este texto es mi aporte a la propuesta de Vivian desde su Piazza della Luna: "Asamblea General: Una década de relatos jueveros". Ahí podréis ver otras visiones del mismo tema.

2 de enero de 2020

El Viaje más Infinito...

¿Qué dirán de los silencios rotos cuando, en medio del tormento, lloren las ausencias de quien dio por vida su muerte? ¿Qué será de las tierras de vida yermas cuando, en la plenitud del ocaso, la noche se revele fortuita, cuando entre las ciénagas de lodo y azufre asomen, como vástagos bastardos, los impíos y muestren en sus brazos la inquina de sus actos? ¿Qué será, entonces, de aquellas promesas de barro, de aquellas lúgubres luces que prendieron fuego en las alas de los justos? 
Te tenderé mi mano, como tendí mi cuerpo a las llagas de los ignorantes y de aquellos, que sabiéndose sabios, fueron carcomidos por las sombras del miedo. Y te acogerás a ella, sin recelo y sin temor... y aprenderás a caminar con la dignidad de quien se tiene a sí mismo, de quien se sabe que en sí vive el universo. 
Y sabrás de Mí... porque esta es tu búsqueda... y Tu Destino. Porque soy, como la Luz de Tu Alma, el viaje más infinito.




Este texto es mi aporte a  la propuesta de Inma desde su Molí del Canyer: "Año Nuevo, vida nueva". Ahí podréis ver otras versiones sobre el mismo tema.