En el telar de mi ser, entrelazo las letras que brotan de mi alma, tejidos de sentimientos y emociones que danzan sobre este lienzo negro que mi pluma transfigura. Anhelo que cada palabra, cada trazo, trascienda y se convierta en eco en tu ser para fundirte en el velo mágico de mi memoria. Que mis versos sean puentes que nos unan en un abrazo sólido, y que mi tinta sea un testigo del vínculo que florezca entre tú y yo. En cada línea trazada, en cada verso susurrado, te escribo con el alma para que en el tapiz de nuestras historias encuentres el eco vibrante de mi ser y la esencia de este nuestro encuentro. Que mis letras sean hilos de un lazo indisoluble entre tú y yo, donde el tiempo se detenga y la eternidad se haga presente. En cada palabra entrelazada, en cada estrofa compartida, tejamos juntos la trama de un sentimiento duradero, donde nuestras almas se encuentren en todos los rincones de esta bella historia.

9 de octubre de 2019

Un Cruce en el Destino...

Fotografía autoría de Neogéminis

Sobre la hierba mojada, mis pies se posaban doloridos después de la caminata. Al fondo, entre la frondosidad del bosque que la rodea, al alcance de mis ojos, se encontraba la mansión. Me sentí tranquila porque aquí la noche se vence enseguida y las sombras dibujan demasiados fantasmas que juegan en la mente como ratones en las tripas de una calabaza. Escuché el ruido del motor de un vehículo. Me inquieté. Se detuvo a mi lado. Desde el interior, asomó el medio cuerpo de un hombre bien vestido. Tras sus anteojos, una mirada oscura. Dura. Su voz fue como una bofetada que te viene de no se sabe dónde.

 —¿Puedo ayudarla, señorita?

Mi intuición me decía que no debía subir a su coche pero quedaba todavía un buen tramo. Y por ahí ya no pasaría nadie que pudiera ayudarme. El suelo estaba mojado y complicado. Mi equipaje pesaba. Yo estaba cansada. Forcé una sonrisa que no fue correspondida.

 —Discúlpeme, pero no deseo molestar.
 —No es molestia. Me imagino que se dirige a la mansión. Puedo llevarla. No tema. Soy de sobras conocido. 

Aguardé unos segundos. Parecieron una eternidad ante la parsimonia del hombre. Respiré hondo mientras ante mis ojos pasaron un sin fin de escenas. Ninguna buena. El hombre salió del vehículo. Se veían elegantes los dos. No esperó mi respuesta. Tomó mis dos maletas poco ajadas pero pasadas de moda. Me abrió la puerta del otro lado. Me temblaba todo el cuerpo y no tuve tiempo para pensar. Tendió su mano y subí.

—¿Qué le lleva a la mansión, señorita?
—Me han recomendado para un puesto de trabajo. Llevo mi documentos para entregárselos al ama de llaves, la señora Martin. ¿La conoce?
—No sabía que hubiera un puesto libre. ¿Para qué es el puesto? —inquirió mientras el vehículo se ponía en marcha y las primeras luces arreboladas de la tarde emergían en el cielo.
—Sé que tiene que ver con la biblioteca privada pero no tengo más datos. ¿Vive usted en la mansión?
—¿Cómo se llama? —preguntó, eludiendo mi pregunta. Otra pregunta más.
—Margara, señor. Margara Wolf. ¿Y usted? Disculpe mi atrevimiento.
—No se preocupe. Mi nombre es Eduard. —Pensé que en ese momento me miraría pero me equivoqué. No volvería a ver la oscuridad de sus ojos hasta que detuvo el coche ante la puerta principal de la mansión, a la que acudieron algunos sirvientes. Me miraron extrañados. No menos de lo que estaba yo.—. ¿Puede entregarme sus informes, señorita Wolf? Les echaré un vistazo y la haré llamar —dijo, mirando hacia uno de los sirvientes—. Dile la señora Martin que atienda a la señorita.
—Como usted ordene, señor.

A duras penas conseguí controlar el temblor de mi mano al entregarle el sobre. Entonces pude ver su mirada y el dibujo de una sonrisa en su boca. 

Estas letras forman parte de la convocatoria para este jueves planteada por Moni en su blog "Neogéminis": Historias detrás de una fotografía.

4 de octubre de 2019

Hastío de Espera...

No desmiento los verbos conjugados entre mis labios y los tuyos, ni maldigo las promesas que se rompieron ni las que quedaron por cumplir; ni hago desmerecer ni desdigo la plenitud de las palabras que se agarraron a nuestras almas.... Pero arranco la pereza de heredarte, de seguir los pasos que nunca quise dar más allá del tiempo que mi vista alcanzaba porque ya no cabe espera al otro lado de mi desvelo, porque no hay ya más caminos a través de los espinos.

Me hastío en esta espera de esperar el vacío de sin ti contigo. Del fuego deshelado en plena flama. Del erial de mi piel sin el viento de tus manos y sin el cáliz de tu boca. 
Ya no hay eternidad para el abrigo de tu alma en el silencio de la mía.
No hay espacio entre los silbidos de mi espera ni epilogo al protocolo de tu ausencia que es llegada ciega de pasos cansinos.


Estas letras forman parte de la propuesta  para este jueves planteada por Inma en su blog "Molí del Canyer" sobre la espera.

1 de octubre de 2019

Lluvia de Tu Nombre...


No es fácil tirar la toalla pero no quedaba más remedio. Paso la última página de aquel libro. Fin. Suspiro, y queda en mi regusto de nostalgia. Lo cierro sobre mi pecho y me veo un poco más allá, ahí donde mis pasos danzarán calmos sobre la tarima. Presagio. 
Encaje para mis pasos.
Recuerdos abnegados con tu nombre mientras las blancas cortinas bailan al son de la brisa que trae aroma a mar... y a lluvia. Y la cama, a este otro lado, enreda sus telas de suspiros perdidos. No puedo sonreír pero no me caben las lágrimas.
El cielo clama con sus nubes, grises y blancas. Penitentes. Enclavadas. Mi alma es quejido, viento que peina mis pensamientos. Y los sacude. Fuera, la marea sube. Juega a despistarme. Mis pies se hunden en la arena. La barca que lleva el tiempo de tus manos se aferra a la orilla. Suben a ella mis recuerdos, mis sonrisas, mis pequeñas esperanzas... Mi ilusión. Los momentos que quedaron. Los que no vendrán. ¿Por qué te fuiste? ¿Por qué no te has hecho silencio? ¿Por qué haces tanto ruido aquí dentro?
El cielo revienta. La llovizna caricia en mi piel. 
Tal vez regreses un día. Tal vez te fuiste para siempre. 
Ahora puedo llorar. Cómplices las gotas de agua que arrastran mis lágrimas. Benditas sean mientras me acojo en mi propio abrazo, aquel que tú abrazabas... Ayer.
Perdida sin ti.


Podéis ver más textos sobre el tema "Pisando fuerte" en el blog de todos los autores que vamos participando, Lovely Blogers, de acuerdo al proyecto de Gin, "Paraíso de Letras".


Gracias siempre, Gin.




"Perdido sin ti" es la frase que utiliza como despedida en las notas que dirige el protagonista de la novela "La cocinera de Castamar" de Fernando J .Núnez a la otra protagonista, su cocinera, cada vez que le regala un libro. Ella desbarata su vida pero, al tiempo, cura su corazón. Y el libro, da hambre.

Este es uno de los muchos que me han acompañado este verano.