Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos

Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, te pertenecen en pensamiento desde este instante en que tú me lees

© ɱağ

Azul deMağdalia Mağade Qamar

Desde 2014

Y cierro los ojos para abrir mi ánima

27 de septiembre de 2020

Cierre de Convocatoria...

Un encuentro más, y casi de nuevo con el pasado, pues llega el cierre de mi dinámica, y con él agradecer vuestras narraciones, historias de toda índole, la mayoría reminiscencias de un pasado bonito, con sentimientos abiertos. En otras, la pasión desbordada en base a un pretérito que dejó huella, y, en alguna, hasta el misterio y el terror. Es decir, que ha habido de todo como debe ser.

Me despido como anfitriona hasta el año que viene pero nos seguiremos viendo cada jueves en las convocatorias de los compañeros así que, quedamos de este modo. 

Muchísimas gracias, de verdad, por acompañarme en estas aventuras que, en ocasiones, son como devaneos mentales, pero que se hacen con todo el cariño del mundo y cuyo resultado, no puedo menos que decir que es muy grato.

Os convido a pasar por la convocatoria, —un encuentro con el pasado, sin lugar a dudas—,  por si ha habido algún compañero que ha llegado un poco más tarde y se nos ha podido perder de la lectura. 

Y ya, sin más dilación, os dejo con Inma que, desde su blog "Molí del Canyer", nos dirigirá una vez más.

Besos y abrazos.
Hasta el próximo jueves.

24 de septiembre de 2020

Encuentro con Mi Pasado...

Conforme me acercaba algo dentro de mí se removía pero no había marcha atrás. No hubiera querido regresar ahí por nada del mundo pero cuando el destino decide darte tirones de oreja, no queda más que agachar la cabeza y tirar para adelante. Subí las escaleras y una gran puerta de madera tallada se abrió para mí, chirriando. Todos los recuerdos revivieron de pronto. Las carreras, las risas, los llantos...Las grandes fiestas, las reuniones  familiares. y aquellos celos que me traían loca cuando mi primo César se fijo en Violeta. 

El abogado de la familia, un tipo estirado y entrado en años y carnes, no dijo palabra alguna. Me dediqué a seguirlo sin mentar palabra mientras mis ojos se iban escalera arriba. Aún podía escuchar el crujir de la madera al pisar cada escalón... Y el sonido extraño de algo rodando.


Me deshice de su presencia con una dulce y exquisita cortesía. Quería comprobar una cosa pero para eso no precisaba testigos. El interior se mantenía en penumbra y con ese olor rancio de haber permanecido cerrada demasiados años. Los retratos tapados, los muebles y lámparas protegidos por sábanas blancas llenas de polvo. Respiré hondo a los pies de la escalera y enfoqué con la linterna aquel mueble antiguo. Levanté la tela con cuidado y vi, entre sus patas, el cuarterón de los muchos que embellecían la pared.

Estuvieron mucho tiempo buscándola. Todos concluyeron, en base a mi llorosa pero magistral narración, que Violeta se había metido en el bosque, algo que teníamos totalmente prohibido. Nadie dio con ella. Seguía siendo un caso sin resolver. Me había disculpado demasiadas veces y jamás había vuelto a contar aquella historia. Nadie me la recordaba.

Apoyé la mano en la pared. Parecía que el secreto seguía siéndolo. Supongo que por que nadie sabía de su existencia, salvo Violeta y quien me lo contó. Y los dos estaban muertos. Ni siquiera figuraba en los planos, de los que tenía constancia. Además, nos fuimos al concluir el verano, por lo que Violeta pasó sola todo el invierno y parte de la primavera siendo mi mejor secreto. Y de eso, me iba a seguir ocupando.


20 de septiembre de 2020

Convocatoria "Un Jueves, Un Relato"...


Encuentro con Mi Pasado
[24 de septiembre de 2020]



Ha pasado mucho tiempo desde aquello pero, quizá no el suficiente porque todavía, como un sueño recurrente, traquetea en la mente. Posiblemente, debió ser así. O, probablemente, se podría haber hecho de otra forma o, quizá, no haberlo hecho y, tal vez, solo así, no rondaría por la cabeza para evocar emociones y sentimientos que no son tan sencillos de obviar. Pero la vida, jugando un poco con el azar y el destino, vuelve a posicionarme en un punto y seguido tras aquello.

¿Qué sucedió? ¿Era bueno o no tan bueno? ¿Qué sensación me produce? ¿Son gratos recuerdos? O, tal  vez, ¿no lo son tanto? ¿Me gustaría vivir de nuevo todo aquello?, ¿reencontrarme con alguien?, ¿sentir el palpito de aquel hecho?, ¿de aquel momento?¿Podría hacer algo si tuviera una nueva oportunidad? ¿Depende de mí? ¿Lo vivo de nuevo? O, por el contrario, prefiero dejarlo tal y como está e intentar olvidar, o, vivir con ello porque merece la pena o  porque, simplemente, no puedo alejarlo de mí.

Son preguntas que dejo al aire para que a partir de ellas y del encabezamiento, imaginemos una historia que deberemos escribir en primera persona.
Os recuerdo la extensión en torno a las 350 palabras y que, como en todas mis convocatorias, si deseáis, podéis elegir la imagen que mejor se adapte a vuestra narrativa. Deberéis dejarme el enlace a vuestra entrada aquí mismo, a partir de la media noche del miércoles y hasta el sábado, nadie debe quedarse fuera. 

Ahora, solo cabe agradecer vuestra atención y esperar que la dinámica os parezca lo suficientemente interesante como para participar.

Os espero.
Abrazos y besos.


10 de septiembre de 2020

Horros...

Un Jueves, Un Relato
Monstruos

Decidida a perderme en el hueco de sus silencios y reptar más allá de donde los pasos pudieran alcanzarme, rompí la noche y atravesé todas sus sombras. No le solté la mano ni un solo momento. Atrás, la verja que se abría a la libertad... y a la incertidumbre. Todo mi cuerpo se estremeció. No me importó que mis pies tocasen todos los charcos del camino o mis rodillas, en la lánguida huida, sintieran el duro impacto de la caída. Mis ojos no veían nada de atrás pero tampoco perfilaban hacia adelante. Mi mente estaba obtusa. Solo en ella reinaba una idea, una convicción, una decisión: Liberación.

Liberación de los yugos que nos mantenían blindados a la dura y vacía disciplina de unas manos que no sabían más que de cesarismo, a las impronunciables palabras rodando sobre la humildad de nuestros seres y cuyos golpes fresaban nuestra sensatez, nuestra simetría.

Todo lo dejaba a mi espalda, mas nada perdía.
Todo estaba por delante, mas nada tenía.

«Si es preciso, desciendo al tártaro, me arranco las entrañas y libero mi alma, me extirpo los ojos y me abro en llagas antes de volver a ser una pieza en su mano», les decía a mis compañeros. «Me niego a la oscuridad donde cortan nuestras alas cada amanecer, donde la sangre tiene menos valor que la de un cochino, donde nos miden a varazos o donde nuestros nombres quedan presentes solo para los rezos en silencio». Todos, imbuidos por el miedo se llevaban las manos a la cabeza. Unos albergaban la esperanza del logro. Otros, rechazaban la idea de la muerte. Le miraba a él. Sería mi sombra o, tal vez, sin saberlo, mi luz.

Me perturbaba el látigo partiendo el aire y arrancar, agreste y sin piedad, la piel de quien osaba levantar la vista o mirar hacia atrás, de quien no fuera lo suficientemente rápido o insuficientemente lento, de quien olvidaba agradecer la desgracia o implorar un perdón que jamás llegaba. Ni las oraciones recomponían el grano de dignidad que aún nos quedaba y que no habían logrado despedazar.
No temo a los demonios del averno porque nada es comparable a la cruel, despiadada y sádica realidad que infligen estos atroces endriagos desde la que imponen cadenas y se erigen dueños y señores con una lealtad extraída del látigo y la humillación.




Esta semana, Moni, ( convocatoria)  nos convida a hablar de monstruos en cualquier de sus diferentes acepciones. En su blog, "Neogéminis", podéis ver las distintas versiones que cada participante ha tomado.

5 de septiembre de 2020

Guardianes...

Era mi última mañana antes de hacer efectiva mi renuncia «voluntaria» a mi puesto de trabajo. Tenía algunos pendientes por hacer, informes y tonterías que había dejado para el final. Estaba ya a punto de irme pero me distraje charlando con unos colegas cuando la vi entrar de nuevo en la biblioteca. No había ido por ahí en algunas semanas y debió de haber estado en tres o cuatro ocasiones anteriores. 

A su paso siempre el silencio se había rebelado. Su forma de vestir era, tal vez, demasiado provocativa. Y sobre sus altos tacones, emergían unas largas piernas que despistaban a cualquiera. Su voz era suave, envuelta en un susurro que silbaba en el oído. Cada vez que venía, observaba todo con la misma avidez y curiosidad de una primera ocasión. Me daba la sensación de estar buscando algo en concreto o esperando a alguien. En realidad, nunca lo supe... Hasta entonces. 

Ese día entró acalorada, con cierto nerviosismo, algo extraño en ella que siempre mostraba una fría calma. Vino directa hacia mí y, tras un saludo liviano, me preguntó directamente por la antigua cripta, una especie de cámara acorazada donde se guardaba lo más sagrado.

 —... Es tema de vida o muerte. Tengo que entrar. No me mires así, sé que existe... Mi abuelo fue encargado mayor de la biblioteca por lo que no puedes hallar excusa. 

No hacía falta decir nada para que ella entendiera que lo que me estaba diciendo caía en saco roto. No era difícil conocer detalles de la Biblioteca y menos nombres, pero sí hubo un dato que solo unos pocos podían saberlo. Sabía de la nueva puerta. La anterior había sido clausurada. 

—¡Por favor! ¡Los carabinieri están al caer y ahí hay algo que puede salvarme la vida! Te daré todas las explicaciones que precises pero, por favor, necesito entrar —dijo, echando la mano sobre el mostrador para abrir el puño y dejar a la vista una pequeña llave que reconocí al instante. 

Entonces, no dudé. Iba a acompañarle pero se negó. No deseaba ponerme en peligro. Guardé la llave en mi bolsillo pequeño del pantalón. Me temblaban las manos. Aquella llave... Mi abuelo me había dado una igual. Supe que ella y yo teníamos algo en común. 

—La guerra lo destruye todo, solo se salvará lo que libreros como yo consigamos esconder a los militares. Matan a los ilustrados para que los iletrados afines a sus intereses parezcan inteligentes. Como premio a sus favores, les ofrecen puestos de trabajo, aunque no valoren nuestro patrimonio. 

Una semana después, antes de partir en avión a Estados Unidos y después de mandar los informes que ayudarían a los aliados a empezar a ganar esa guerra, pasé por la puerta de la biblioteca. Dos guardias uniformados hacían guardia en ella. No sabrán nunca lo mágicos que son esos templos de libros y de historias. Al cruzar la calle, un coche casi me atropella. Ella, desde el interior, me sonrió.


Estas son las letras que aporto a la propuesta "Diario de Vacacionesque hizo Gin para julio y agosto en "Variétés" y para "Paraíso de letras" o "Lovelybloguers" donde podéis leer esta y otras historias.


Gracias, Gin, una vez más.