En el telar de mi ser, entrelazo las letras que brotan de mi alma,
tejidos de emociones que danzan sobre este lienzo negro que, ante tus ojos, se ilumina.

Aquí confluyen los latidos y los desvelos de otras horas ajenas al dogma,
donde cada palabra es un puente y un testigo de este vínculo,
donde deseo que el tiempo se detenga y la eternidad se haga presente.

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15 de septiembre de 2026

Herida que se hace agua


Paisaje de labios  / Patrik Molntuss

Vengo con el silencio en mis labios,
la humedad de un verso en lengua ardida;
susurra el Pecado en mi carne, rendido,
y en mis pies se derraman viejos agravios.

Gaviotas sin cielo, sin mar ni navíos,
solas sobre mi piel, tibia y desierta;
abren senderos de memoria incierta
en hondas grietas de dormidos fríos.

Y, a cambio, toda me vuelvo agua viva,
cuerpo que en ausencia de tu boca reza,
sello de un deseo que en mí cautiva.

Soy diluvio de raíz que en mí empieza,
mi boca en tu ausencia se vuelve herida:
herida que en su hambre se profesa.



Este soneto —extraño incluso para mí—
forma parte de la antología Ecos de Soneto II
(Diversidad Literaria, junio 2026).



7 de enero de 2024

El Pecado encarnecido...

El tiempo se me había echado encima de manera irremediable. No contaba con nada, salvo con la invitación al baile que, cada última noche de año, celebraba el caballero Dulce: el de los instintos perversos, las palabras encantadoras y las intenciones claras. Dice en su invitación «el azar te mostrará tu camino». Él y sus misterios, sus enigmas y los senderos intrínsecos a su naturaleza. 
Y el azar son estas tres cartas selladas con su anagrama que adjunta a la invitación. Elegir una y mostrar a la entrada. Mi curiosidad es poderosa y mis enigmas tan misteriosos como los suyos. Vestirse de piel, encadenarse a cadenas invisibles y postrar valentía desde el suelo con la hechura de Mujer. Santo y seña. El Pecado encarnecido. Secretos al desnudo. Noche de enigmas y placer.

Botas de cuero altas, por encima de la rodilla, con tacón de aguja que me encumbra sobre los pilares. Cuero negro como atadura de mi carne y un entramado de nudos cruzando mi espalda desnuda hasta donde pierde su nombre. Cada paso revolotea la cola que arrastra mi vestido y cada golpe de tacón reverbera en el filo de la falda, haciendo temblar el misterio que esconde bajo ella. En mis muñecas, puños de sirvienta francesa y en mi cuello, entre los encajes blancos, una sutil argolla. Sé que será todo de su agrado y también de su placer.

Llegué al baile más allá de la última campanada, cuando el bullicio estallaba en todo su esplendor, sumido en risas y susurros que se entrecruzaban en el revolucionado compás de la música. Cada paso sobre el suelo pulido resonaba, pero mis pisadas pasaban desapercibidas entre las sombras y los destellos de las máscaras danzantes. Mis ojos, ocultos tras la seda negra y enigmática de mi antifaz, buscaban sin descanso al caballero Dulce entre la maraña de desconocidos y de damas cuya identidad no me pasaba inadvertida. 

Sentía el cosquilleo de la curiosidad, el palpitar acelerado del deseo que latía en sintonía con el incesante ritmo de la noche. Fue entonces cuando el aroma a sándalo y ámbar, su sello personal, se entremezcló con la brisa que acariciaba mi piel. Su presencia se hizo palpable, un magnetismo que guiaba mis sentidos hacia él. Sin previo aviso, una mano firme pero gentil se posó en mi espalda descubierta, siguiendo el intrincado enredo de nudos que desafiaba lo convencional. 

—Encantado de que hayas llegado, dama de enigmas y seducción.
—Siento haber llegado tarde, pero agradecida por contar conmigo un baile más.
—¿Estás lista para desafiar al azar y adentrarte en los rincones más profundos de la noche?

Su voz resonó con una promesa implícita, desafiando mis límites y despertando la curiosidad más intensa. Asentí en silencio, dejándome llevar por la corriente de seducción que nos envolvía. Él tomó el control, su mano firme guiando cada movimiento mientras nos alejábamos hacia un rincón apartado del jolgorio.
—¿Y vos? —concluí por susurrar.
El ambiente se tornó más íntimo, las sombras se hicieron cómplices de nuestros secretos. A pesar de todo, su voz fue un susurro íntimo que se filtraba entre la algarabía del baile. Su aliento cálido acariciaba mi cuello y su presencia imponente me envolvía en un halo de magnetismo y misterio. En ese instante, la conexión entre nosotros se volvió eléctrica, una danza silenciosa de miradas a través de nuestras máscaras. Con gestos apenas sugerentes, él me condujo hacia el centro de la pista, tirando de la argolla de mi garganta. Ahí, los cuerpos se entrelazaron en movimientos sugestivos y sincronizados en una coreografía íntima de pretensión y deseo.
Las luces centelleaban sobre nuestras figuras enramadas, la música reverberaba rodeándonos y cada gesto, cada ligero roce, revelaba propósitos oscuros sobre la piel oculta. Entre risas y miradas cómplices, el caballero Dulce y yo nos sumergimos en un juego de seducción, donde las máscaras no solo ocultaban identidades, sino que exaltaban la pasión que ardía entre nosotros. En un giro calculado, sus labios rozaron mi oreja, susurros de deseo que desencadenaron en un intenso escalofrío que me recorrió entera, estallando en el centro de mi vientre para convertir mis entrañas en el inicio de un dulce y embriagador manantial capaz de azorar la voluntaria sed de mi partenaire.
Apartados del gentío, en la penumbra de una profunda habitación donde los deseos más livianos se escondían para tornarse perversos y oscuros, cómplices y deliberados, el caballero Dulce, con maestría, desató cada uno de los nudos que ataban mi vestido, dejando al descubierto la piel que ansiaba sus caricias. El brillo de la luna se filtraba entre las cortinas, iluminando la escena donde el juego de poder y sumisión se entrelazaban con el fuego de nuestras almas.

Cadenas invisibles nos unían en un vaivén de sensaciones, donde el placer se entremezclaba con el misterio, y la entrega se convertía en un lenguaje silencioso entre gritos contenidos, gemidos desvelados y suspiros clandestinos. Fue el clímax de las horas ignoradas el que nos sumergió en la profundidad de nuestros instintos más salvajes y prohibidos, desafiando al azar para entregarnos, yo a su voluntad y él a sus perversos instintos en un consenso santificado por nuestros mutuos deseos.

—Siento complacido vuestra entrega —me dijo mientras soltaba los amarres que habían sujetado mis muñecas a la cruz.

En sus ojos todavía palpitaba la exacerbación de su deseo, el fuego que todavía llameaba avivado en mis entrañas. Cada nudo de mi vestido había sido una bocanada de libertad, cada caricia un soplo de felicidad; cada beso, un enjambre de sensaciones compartidas que culminaban en la densidad de un abrazo cálido y reconfortante. tanto para la piel sofocada como para el alma satisfecha.

—Gracias, mi estimada Magda, por este bello baile.
—Gracias a vos por sumergirme en él —respondí, dejando mis puños sobre el potro. Una evocación del placer.

Nuestros pasos nos volvieron a encaminar hacia el baile, donde algunos invitados dieron cuenta de nuestra ausencia; otros quisieron ser ignorantes. Repetimos un baile, sin intenciones ni pretensiones oscuras. Luego, desaparecí para perderme en la noche, y entre sus recuerdos.

Baile de máscaras en la maison de Monsieur Dulce




23 de abril de 2023

Cutis arden...

La vida está hecha de pequeños placeres,
como dibujar tu rostro con la yema de mis dedos,
deslizarme entre las costuras de tu piel 
hasta hallar la humedad que se encierra entre tus piernas
y aspirar ese deseo que, como té caliente, libera todos los orgasmos.

Dulce y pequeño el gozo de saberte rendida,
como la última nota que tocan las cuerdas de mis dedos
para deshojar mil flores que se arrancan de tu boca 
como suspiros de amor profundo.

Sentirte en la libertad más absoluta 
cuando el delirio de tu juego se convierte en fantasía
y me balanceo sobre las aguas de tu mar
para tomar del aliento de tus labios el dolor del marinero errante
y descubrir que  la vida está hecha de pequeños placeres.

Deseo / Fernando Vicente
La vida está hecha de pequeños placeres (P. Coelho)

Mi aporte para el reto mensual (abril) «Dulces adicciones» 
promovido por Gin desde su blog Variétés y que podéis leer en  "Lovely bloggers" bajo la etiqueta que lleva mi nombre, así como las del resto de participantes. 


Cutis arden: la piel arde o la piel quema.

Gracias, Gin, por tanto detalle para tu convocatoria.










10 de mayo de 2022

Amén...

«El instinto erótico pertenece a la naturaleza original del hombre... 
Está relacionado con la más alta forma de espíritu».
Carl Gustab Jung



No había palabra más callada y claudicada que su amén regurgitando desde sus entrañas. Ni la casulla púrpura rogando su humildad y entrega podía ocultar el dolor que sentía a medio camino entre su pecho y su entrepierna, entre la dicotomía de un Pecado que podía llevarlo al infierno o a la mismísima gloria. Entre sus palabras de consagración renacía el fuego que marcaba mil cruces, mil lamentos, mil anhelos que pendían de su estola como las cuerdas que fustigaban su carne... y su alma.

Mi silencio se clavaba en sus ojos como las púas de un cilicio atravesando su piel. Mi cuerpo, divagado bajo las vestiduras de una virgen coronada de santo Pecado, farfullaba todos los más básicos instintos y las más claras intenciones que el suyo parecía renegar. No sabía que el más santo cáliz es aquel que acoge la esencia del placer, el más absoluto Pecado cometido bajo la bendición de un Cristo resucitado que provoca ese infierno por debajo del estómago. La tentación tenía el mudo testigo ahí donde la liturgia reposaba bendecida, donde el néctar del vino y en pan ácimo se adormecían de su Eucaristía y donde los santos y reliquias descansaban en sus hornacinas, cerrando los ojos al destino del hombre santo hecho carne y Pecado.

Un sacrilegio decía su inacción. Como máxima, un mea culpa entonado a colación del más alto goce al que se sentía sometido por la divinidad de una hembra que oraba a sus pies. Crucificado en cien letanías, su boca se secaba, su pecho se comprimía ante una voluntad no controlada y ante la elevación de su alma condenada por siempre a una fe que no comulgaba mientras su cuerpo se redimía envuelto en sudor, canonizado al placer de saberse hombre y subyugado a su propia anuencia al tiempo que sus demonios se encumbraban gloriosos y alababan, por fin, el fruto del Pecado venerado y ensalzado por la Hembra.


Texto perteneciente al reto propuesto por Gustad desde su blog "Adoquines mojados" donde podéis leer, si deseáis, más relatos: Una cita y que vuele la imaginación.

11 de abril de 2020



Es suave brisa la caricia de sus manos, el pulso contenido en las yemas de los dedos mientras bordea, silente, las comisuras de mis labios.
Mi mirada es un espejo de llama horizontal, de verticalidad en su pestañeo.
Y me hago ovillo en mi silencio y en el latido que circunda… mi boca y mi desvelo.
El pecho es un amasijo de emociones que vibran en tanto me ato de sus dedos. Y sobre sus manos, las mías. Sarpullido de ganas que se perciben en el aleto de mi sentir. Calma profunda que se eriza a través de sus ojos.

28 de enero de 2019

Enraizada...




Fuego que mana de mis hogueras desde la Tempestad que arrima los vientos a la costa de mi boca en esta cruz de deseo donde arde mi carne al gobierno de Tu Mano, de las brasas sobre las que florece Tu Flama como marca de Destino.

Camino de huellas encontradas en Esencia,
en el perfil de arenas que señalan los pliegues de mi piel:
Aristas de cantos rodados que enarbolan banderas de Voluntad.

Caigo rendida,
devota enraizada de suspiros,
 como el suplicio de redención por la Oración
con el Creo de mis palabras al silencio consentido de Tu Voz,
al presagio de este infinito de luz sentida que enhebra lazos de pausas
y comulga la siembra del Placer que arrebola el Sentir
e,
inspirada la Llama,
clama al cielo Su Gloria.



Estas letras forman parte de la propuesta “Del cielo y la tierra”de Gin para nuestro Paraísode Letras, donde puedes leer a otros autores.

Picando en esta imagen, puede verse la versión tipo revista

Si no halláis mis comentarios en vuestras entradas, las encontraréis en el blog de Gin donde todos aparecemos. No siempre me resulta fácil hallar la entrada.

14 de abril de 2018

Enredando un beso...

Tu Beso en mí 
encallado en la arena de mi frente, 
tallado desde el cenit hasta el bancal de mi boca. 

Bendición con el roce de tu aliento 
y el vibrar de tus labios en los míos, 
como mi beso en Ti. 

Soplo que se agita como bandera al recibirte. 
Estela de sonrisa húmeda 
encajada en este sino quedo de mis suspiros entregados.

Mi beso en ti se hace poema en tus silencios 
y velo entre tu carne encontrando la enredadera de tu lengua. 
Y es la mía Sierpe salvaje que se adentra 
en selva de hilos sin enhebrar. 
Solsticio de noche eterna 
en el níveo ocaso de mi boca. 

2/5/2017   ©ɱağ

15 de marzo de 2018

Sancta Sanctorum...

Labras con tus manos rosas esmaltadas
sobre el manto albugíneo de mi piel,
encarnando este tegumento que la viste.

Cinco sentidos que no piden consentimiento.
Cinco guías que penden de las yemas de tus dedos
y surcan el camino naciente de mi boca
vagando hasta el centro de mis pilares emergentes.

Ahí, vencido ante el cauce de tu sed,
no reniegas de la esencia concentrada
—en Tu Nombre—
manantial de tus deseos...
Obsesión del mío.

Ávido de profanar,
aún enredado entre mis lianas,
te postras amarrado a los gemidos que te delatan.
Y soy, por destino, Sancta Sanctorum.
Tú
la Serpiente erigida ante mi.


22 de febrero de 2018

Cuaresma...



Y es que cuando vienes canalla me pones como sabes que me pones... muy... muy… muy María Magdalena. Me haces palabra de Dios que se te deshace en saliva cuando me la susurras al oído en medio de ese crujir de tus labios antes de condenarme y arrancarme de los perfiles de mi boca los mil demonios que me enervan. 

Me provocas. Sabes que soy de juego fácil y me sosiego como mercader de palomas con la vanagloria de tus cuerdas, y, así, cual fariseo o saduceo prendes las velas del templo. Me revuelvo como la serpiente que se enrosca a tu tronco pero me manejas a tu antojo como yegua a la que picas espuelas mientras me colocas en plegaria a la altura de tus rodillas, llevándome de tu mano de falso profeta a ese viaje de arena y sal sin las cuatro estaciones de Vivaldi, desde el blanco invierno de mi piel hasta el rojo otoñal que pintas en ella a lo Botticelli, cual Tentación de Cristo, pasando por los gorgojos de las ansias que se montan entre tu boca y la mía como primavera floreciente, rendida al verano sofocante de mi gloria hecha infierno engendrado por todos tus luzbeles que tocan palmas cuando se arremolinan en la puerta de ese orgasmo que me arquea entera como junco a los vientos de tu boca. 


Como diablo disfrazado de peregrino estacionas en cada una de mis penitencias, tentando la suerte de mi carne que predica en el desierto. Me retas, como si fuera la virgen de la cueva, a que llueva a toques de flauta en medio del campo y te das cuenta que vas de tamborilero de batalla, levantando estos polvos en los que plantas mástil y enarbolas bandera mientras te agarras a mis muslos sin pedir clemencia. Y yo, que de virgen no tengo más que el anhelo de clavarme en tu cruz, me deshago como Lilith de Ofitas estrujándote hasta las ganas de vivir, arrojándote desnudo desde el signo de mis cielos al reino de mi averno porque, al final, en este desierto de Tentaciones, donde no hay bula que perdone este pecado de carnes y sudores, tú eres el Cristo Redentor y yo, la bendita Cuaresma.

Este es mi aporte al jueves de Cuaresma 
que Max Estrella nos propone desde su Tablado Marionetas.




18 de enero de 2018

Filosofía...



Siénteme como esa tentación ante la que te diluyes, 
ante la que tus manos son gaviotas arrancándote las hieles. 
Abre el diván de mi pecho, 
y descubre la piel tallada bajo las yemas de tus dedos. 

Esculpe el arco de mis piernas, 
flechas impregnadas de veneno,
antes de que te atrapen como lianas salvajes 
y lancen a un abismo en el que gimas y grites. 
Préndeme en el quicio de la espalda 
y dibújame alas ciegas que vuelen
delirantes 
al susurro ronco de tu voz. 

Hazme Filosofía en tu Pensamiento 
y emerger en este sigiloso anhelo de pertenecerNos.


20/11/17

22 de octubre de 2017

Arena de mi reloj...


Eres un estado de mi alma...
Un pensamiento arrebatado de mi esencia,
un suspiro clamado en mil y un latidos.

Eres un alarido de mis placeres;
un segundo consensuado de mis silencios,
una conjugación de todos los tiempos en voz activa.

Eres agua en mis aguas,
cristal en blanco cera,
arena de mi reloj...





19 de septiembre de 2017

Rugir...

Tus manos en mi piel, 
alas de mariposa, 
plumas suaves de  huellas que desearían borrarse, 
fundirse en ella mientras la despiertan.

Haces que me estremezca. 
La piel tiembla. 
Mi corazón palpita… 
tanto..., tanto, 
que duele… 

Mi respiración se agita ante tu aliento, 
ante el fuego de tu mirada.
Mis piernas se aferran a tus caderas.
Tú, ancoras en mis esencias.

Tu cuerpo se disuelve con el mío, 
en el momento preciso; 
cuando la mente se relaja, se evade…; 
cuando la entrega de mi corazón se une a la tuya… 
cuando en un solo latido, 

tu piel y mi alma, 
mi alma y tu piel… 

rugen al unísono.

Y tuya soy.
Mío eres.

11 de septiembre de 2017

Éternels...


Je suis le vent du désert qui déplace tes dunes. 
Je suis la sorcière de tes rêves. 
Je suis le murmure de ton âme.. 

Je suis la lune et la nuit. 
Je suis le rosée de ce matin d'automne. 
Je suis la rosée d'un matin d'automne. 
Je suis une plume de tes ailes noires. 

Et je suis la pluie de printemps qui te mouille… 
Et tu es le feu, 
le rêve et le cauchemar, 
et le cri, et les ténèbres. 

Tu es le givre et l’Aigle Noir… 
Tu es les vagues de la Mer de la Lune…

Tu es...
Tu serás... 
Mes Yeux.
Mon Coeur.
Mon Âme.

Je suis...
Je serai...
Tes Yeux.
Ton  Coeur.
Ton Âme. 

Ta Parole.

Nous serons Éternels.


26 de agosto de 2017

Sentidos del Viento...


Entrelazas tus nudos a los míos, 
envolviendo mi desnudez, 
arremetiendo contra mis miedos, mis turbaciones... 
en el placer de saberme, y saberTe, 

Tuya, 

en un destino arrebolado de un cuerpo 
entregado, rendido y vasallo 
Y tan libre como los Sentidos del Viento... 
sin más límites que los tilos tallados bajo la piel, 
estremecidos los sentidos en derrame de lujurias; 
de perversiones sempiternas.



21 de junio de 2017

Tentación...


Mis noches eran auténticos calvarios donde los pensamientos prendían en mi mente, bullían espumas entre los dedos de mi mano y creaba suspiros con su nombre. Gemía las ganas que me mataban, y, el repentino arrepentimiento de desearla, laceraba mi alma una y otra vez. 
De día, me preguntaba por qué el hijo del hombre no podía tener su propia María Magdalena, llenarla de Pecado y bendecirla con la semilla del más grandioso deseo, comulgarla con mil besos y vestirle la piel de sudor.
Día tras día, ardía en ese fuego y me consumía como las velas de los atriles. Mi pecado no se exoneraba ni con un Padre Nuestro ni un Ave María. Ni siquiera con veinte rosarios en latín con todos sus misterios apartaban de mí ese cáliz. Iba directo al infierno pero el infierno lo tenía yo entre mis piernas y, entre las de ella, deseaba escribir los versos más prohibidos con la punta de mi lengua, clavarme en sus entrañas, desbocarla salvaje hasta empaparme de su esencia y tragarme sus demonios exorcizados.


No calumnio la Palabra aunque me vuelvo irreverente y hereje entre los párrafos de mi biblia donde descubro de entre el espíritu, la carne. Creo en mí. Rezo por la orbe de los milagros y la salvación de las almas. Entre ellas, la mía que es de hombre por encima de todo. Y no reniego de la Carne. Pues eso somos: Entrañas y Ánima.
Mi Animus, se alimenta de este deseo y me emborracha. Mi alma se reconforta. Necesito vivirlo... Sentirlo.


Mas los caminos del Señor son inescrutables e insoldables sus juicios. Sus sendas están llenas de misericordia, y se apiadó de mí. Obró el milagro que me llenó de gozo cuando la vi aparecer ante mis ojos como una Lilith.
Su voz sonó angelical y en su mirada reinaba el mismísimo diablo. Su boca, puro Pecado. Sus pechos, las manzanas del Edén. Y en mi entrepierna, la encarnación de la serpiente.
Dominado por el placer de saberla, ante el hombre de Dios, venció el hombre de carne y pecado existente en mí, y caí en la tentación con encomienda divina. Inconclusamente, mis manos tomaron las suyas. Las besé como quien agradece una bendición Cerré los ojos y respiré ese momento en el que ella era tan cómplice como yo.

Supe que sus días y noches habían sido también un infierno. Ardíamos en las mismas brasas. Nos atormentaba el mismo fuego. El mismo que nos daba la vida y nos estaba matando.
Nuestras miradas hablaban por nosotros. Nuestras bocas se respiraron. Tomamos la bocanada de aire y nos envenenamos de la misma lujuria. Nuestras manos se hicieron enredaderas sobre la piel del otro y la razón se perdió entre gemidos y susurros.
Estábamos condenados a consumirnos y sernos.

Hice acto de contrición ante la hembra y, postrado de rodillas, la endiosé para buscar el manantial de su cuerpo, el agua bendita que me ungiera.

Y juré, en vano, no caer en la tentación. Simplemente, la hice mi Religión...



Este jueves, Leonor, desde su blog
"Playa del Castillo" 
nos hace caer en la tentación...

24 de mayo de 2017

Vuelo fraguado...

Cuando somos tú y yo
los que nos encontramos entre la rocas que envuelven arenas, 
y nos hallamos entre los quejidos que cubren a la noche...
Cuando somos los dos quienes terminamos erosionados en el suelo, 
repletos de lágrimas saladas exudadas de la piel agasajada; 
cuando tu danza se convierte en el espejo de mis retinas 
y mi cuerpo baila en alabastros sobre tus tintas negras... 


Cuando tus manos galopan mansas en los ciegos de lividos labios 
y de mí nace la luz que escama tus suspiros enarbolados en banderas vírgenes… 
Cuando todo eso es un infinito creciente entre mis vientos y mis lunas, 
entre tus gestos crepusculares de salvajes fragancias adheridos
y se vuelve tibia la carne que en flamas densas ha ardido… 
entonces,
solo entonces,
somos vuelo fraguado.

2 de enero de 2017

El Deseo clama nuestro Silencio...





Tu voz me acaricia cuando susurras mi nombre.
Se clava en mis entrañas.
Cruza los océanos de silencio,
de distancias laceradas,
posándose sobre mi piel con hálito templado.

La reclama.
La trepa.
La engendra de mieles que rebosan los instintos.
La viste de deseos consumados,
de arrebatos diluidos entre sudores de cuerpos entregados.

Sí, tu voz..
Me atraviesa.

Mientras... 
el silencio de mi boca se enreda en los lagos de tus labios. 
Ruge en falsa mansedumbre por el deseo colgado de tantos anhelos. 
Salvia de vida que se enreda en tu piel como hiedra de serpiente. 
Mis dedos son salitre en los cauces de tus perfiles. 
Mi lengua, tacto húmedo de los canales ebrios de tus deseos. 
Mis ojos, hechiceros de tus enigmas más pretéritos, 
de tus íntimos secretos; 
perforadores de tu alma entregada desde tu animus. 
Mis pensamientos, las perversiones de tu carne en el roce profundo con la mía. 

Y tú... 
Eres... el volcán en el que me aderezo plena,
la pasión culminada en racimos de pasión,
el balanceo en fuego de este arrobo, 
súbito escarnio de mi sangre, que engendra mis esencias.



12 de noviembre de 2016

Soy el Nombre...

Soy sueño desvelado en las pupilas de tus ojos, 
luna de pan dulce en la humedad de tus labios; 
caricia dormida en las yemas de tus dedos. 

Soy palabra germinada de tu silencio, 
pensamiento oscuro que viste tu deseo; 
esencia de tu placer en ese quejido sin aliento...

Soy... 
la razón ilógica de tu inconclusa contradicción, 
el interés más desinteresado, 
la pieza que altera tu entereza, 
el plano difuso de tu conciencia... 

Soy el nombre impronunciable 
que se pierde entre tus manos...


23 de septiembre de 2016

Silente...

Observo silente el mudo movimiento de las sombras 
como en un sueño de esos libidinosos 
en los que tu boca me prende y tus ojos se hacen cortina ante los míos. 

Quiero enterrar el sonido de tu memoria 
picoteando como ave rapaz las semillas de mi olvido; 
percibir lejos los chirridos de los grillos de mi pecho 
cuando tus susurros se visten de luz de tenue luna 
al amparo de las sombras nocturnas 
bajo el auspicio de deseos nacientes. 

Silente, sí, así descanso por fin 
en el aura perenne de este sueño desvelado 
entre tu carne y mi alma, 
entre tu ánima y mi piel caliente, 
o entre los silencios tatuados de pasiones toleradas. 

©ɱağa 23/9/16

15 de septiembre de 2016

Tango de fuego...



Déjame ser el ocho que se caracolee en tus piernas, 
la mujer guiada en la tibia fuerza de tu mano anclada en el centro de mi espalda, 
astro de mi universo desnudo. 

Clava en mí la noche de tus ojos, 
convertida en la pasión que nos inunda y empapa, 
y atraviesa mi alma inquieta con ese aliento del deseo que nos quema. 
Ordéname en el siguiente paso 
cuando deslice mi pierna hasta la base de tus pilares
y haga de su alto centro, esencia de mis latidos. 

Dejémonos ir en este baile de abrazo, 
donde somos más uno, 
donde somos silencio, solo sentir, solo almas, 
solo el tacto delicado de dos cuerpos desnudos. 




Baila conmigo. 
Cierra los ojos. 
Seduce mi alma con tu silencio. 
Rinde mi cuerpo con tu deseo. 

Deja que te embriague, 
que te emborrache de mí, 
que sea fuego que te hace manar, 
que purifique tus lluvias y desprenda tu carne.