A través de sus velos, la silueta de su sombra se perfila cauta y triste.
Su rostro se desdibuja como un secreto y las lágrimas, tibias un día, titilan grises y frías.
Su corazón, endurecido más allá del dolor, lamenta los silencios que agrietaron su alma. Ahora, perdida en una calígene que enturbia el más lúcido de sus pensamientos, vaga ausente de su destino como alma silente abandonando el purgatorio.
Y en esa marcha sin rumbo ni memoria, descuelga sus manos sobre la ceniza, como quien busca el perfil de una estatua que el viento fue desmoronando a solas. Se ciegan las grietas donde habitó la luz, ya no hay piedra que conserve su nombre. Un resto del silencio se aferra a la tela mientras la noche extiende sus dominios.
No hay oración que la devuelva al día, ni voz que rompa el peso del lienzo; solo el eco de un paso en la penumbra y el frío de saberse eternamente sombra. Marchar así, ligera de culpa y de cuerpo, ser la bruma misma que habita los bordes y ver cómo la tarde se derrumba en la piedra, sin que nadie reclame el último vestigio.
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| Arte de Altar of Sorrow |

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Sueña porque soñar es vivir y vivir es sentir...