Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos

Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, te pertenecen en pensamiento desde este instante en que tú me lees

© ɱağ

Azul deMağdalia Mağade Qamar

Desde 2014

Y cierro los ojos para abrir mi ánima

28 de junio de 2020

Nuda Veritas...

Nace el viento pronunciando tu nombre. Caen las hojas que se visten de desnudo cuando amaneces desde las afueras del horizonte y emergen los nocturnales salvajes del crepúsculo. Te haces efímero en el devenir de los días y eres amante de noches inmensas y sucintos días.

Levanto mi mirada, y se hace eco atrapando los no vacíos de mi memoria. Pulsas reminiscencias de futuros cercanos donde los sueños laten como mariposas a la primavera, como tímido naciente que fluye sobre serpenteantes confines.
Realidad finita de mis arrullos. Amor condensado en hiedras perennes.

Hago lazos de seda con las sobras de la desdicha y remato cruces sobre lo alcanzable que se postra a mis pies.
Soy llave de este mi paraíso donde fortifico mis muros y amparo los pilares que me sostienen. Atalayas se abren a mis ojos, se parten silencios en sus cuencas y vibran con sed los destinos que me quedan. Surgen, como letanías, los deseos y se rinden a mi voluntad como sueños renovados y latientes.
Edifico sobre ti mis esperanzas que fueron octubre de pasados penitentes y recogeré los laureles que coronarán mi paciencia, llenándome de dicha por aquello me fue oculto sin razón y desazón.
Y abriré mis alas, pulsos de pasos firmes, al porvenir que es amado y merecido.
Porque esa es la Pura Verdad. La Verdad Desnuda.




Un mes, tres palabras y  tres variantes de la palabra Amar. Estas son las letras que aporto a la propuesta "Despegamosque hizo Gin para el mes de junio en "Paraíso de Letrasy ahora en "Variétés" podéis ver los relatos participantes.



25 de junio de 2020

Lo que el Agua dejó...

Un Jueves, Un Relato
Mudanzas, oportunidades, decisiones...


Tal vez no hubiera otra solución. Coger los cuatro bártulos que nos quedaban y apartar una vida que ya no nos pertenecía por Real Decreto. Las aguas cubrirían todo: La casa del notario, la del herrero, la casa de María, el huerto de don Pedro..., las cuadras de las vacas de Gervasio, la fuente de la Picaraza, la iglesia... La escuela, mi casa, y con ella, mis recuerdos, mi niñez y los muertos.
Las maleta de cartón, los hatillos hechos de sábanas viejas, el abrigo sin bolsillos y los zapatos despuntados. Un día de difuntos cuando el agua nos acariciaba los pies con apetito voraz. Mis lágrimas y las del cielo. El miedo en mí. La incertidumbre en mis padres, en mi abuelo..., en los vecinos. Los sueños rotos. La esperanza perturbada.

Veinte años después, el sol brilló de nuevo, sacudiendo recuerdos, haciendo germinar la semilla de la esperanza y con ella, la posibilidad de regresar. La iglesia, al final, aguantó. Seis siglos y en pie. Sí, la reconstruyeron pero todavía las piedras la sostuvieron. La campana nunca apareció pero se compró una entre todos los vecinos que quedaban. La casa del notario también se salvó. Las cuadras y los huertos, desaparecieron. 
Pero tuvieron que pasar otros tantos años para poder poner el pie en la plaza de la iglesia y recuperar lo que siempre fue nuestro. Ese año hubo fiestas. Era por san Miguel, cuando asoma el otoño pero aún conserva las enaguas de verano. La membrillera estaba colmada de membrillos. ¡Ay, la carne de membrillo de mi abuela!

Dos años después, mi mujer y yo, cogimos nuestros bártulos, mi memoria y mis derechos resarcidos. No era la casa que me vio nacer pero sí la casa dónde pasaría muchos días de mi vida, y crearía recuerdos y esperanzas. Mis nietos crecerían al lado del embalse, nadando en él y corretearían por las calles que gastaron mis zapatos y despellejaron mis rodillas.
Cada verano se ha convertido en una losa menos en mi mochila.

Tantos pueblos se quedaron dormidos bajo las aguas que acabaron por morir, pero otros supieron resistirse y , poco a poco, sus antiguos moradores y descendientes han logrado, con mucho tesón, hacerlos brillar. 
Saqués, Búbal, Lanuza...

Desde su "Molí del Canyer", Inma nos invita a mudarnos. 
Ahí podéis disfrutar de otras mudanzas.

En el nombre de pila, siempre la convocatoria.
En el del blog, siempre la lista de participantes.



18 de junio de 2020

Paris, la Nuit...

Un Jueves, Un Relato
Fragmentos


Descorrió la cortina y advirtió la belleza de una ciudad que empezaba a colmarse de luz, atravesando su mirada como una bocanada de aire fresco golpeando el pecho.
Su piel guardaba las arrugas de las sábanas como un tatuaje que había consagrado sus deseos y podía percibir ese aroma diferente de la carne que ha exudado el placer. Se arropó sobre su propia desnudez y despuntó un suspiro a la altura de aquel amanecer.

Aquellos pasos a la espalda le confirmaron su no soledad. Un abrazo la refugió en la calidez de otro cuerpo. Un aliento le erizó la piel y le recordó el desconocido perfume que ahora le resultaba tan familiar. Sus senos se irguieron y no era por el pulso que la hacía latir. Sus entrañas titiritaron, y no era a causa del frío y mucho menos del miedo. Seguramente del deseo palpitante que embriagaba su ser.


La misma sensación que había advertido cuando sus miradas se encontraron por una señal de extraño azar. Supo, al menos por un momento, que el destino había trazado una cruz en el camino, con nombre de varón e impulso incontrolable. 

Así habían empezado a andar por un París fabuloso, dejándose llevar por los signos de la noche..., bajo el auspicio de una luna bohemia que se bañaba en el Sena y encumbrados, ahora, por un albor que los festejaba cómplices.



Esta semana nos conduce Moni . Nos propone elegir un fragmento de los dados  —el mío, Rayuela de Julio Cortázar y escribir un texto insertándolo en el. Este es mi aporte y en su blog "Neogéminis podéis leer otras opciones.


Gracias, Moni.


12 de junio de 2020

La Mujer del Bosque...

Un Jueves, Un Relato
Un cuento de botica



Amanecía un día tan plomizo que hasta pereza daba saltar de la cama pero en la rebotica me aguardaba mucho trabajo. Salí de la habitación dejándolo dormir. Su respiración era una sonata de primavera en medio de la tempestad. Un relámpago. Un trueno que estremeció toda la escalera. La madera crujió a mi paso y la tenue luz, se fue. El cielo se había hecho noche.

Atravesé el recibidor y abrí con llave la puerta de la farmacia. Encendí un vela que encontré casi a tientas en uno de los cajones del mostrador. Fuera arreciaba la lluvia. Rompía contra los ventanos de madera que protegían la puerta. Con aquel trueno, temblaron hasta los pilares, y difuminaron los golpes que aporrearon la puerta. Fueron tan insistentes que tardé en reaccionar. Bajo la incesante lluvia, el rostro desencajado de una mujer. Me sobresalté. Parecía una figura fantasmal.



Por un momento dudé en abrir pero reconocí sus balbuceos y me apresuré a hacerlo. Apenas pasó al interior, entre lamentos angustiados que no la dejaban hablar, sacó de debajo de su camisa un puñado de monedas. Comprendí la gravedad de la situación y el por qué de aquel desasosiego, de aquellos ojos llenos de temor. Le apreté la mano y se la retiré. No quería dinero.
Pasamos a la rebotica y me dispuse a preparar aquella receta. No solía usar aquellos ingredientes, salvo para ella. Era como volver al pasado, a los tiempos de mi bisabuela o de mi tatarabuela.

—Tranquila, lo lograremos. —Solo deseaba transmitirle algo de serenidad.

Podía sentir la desesperación, la aflicción de la mujer pendiente de mí. Su temblor, por frío, por miedo, era constante pero no hablaba ni una sola palabra.
No era del pueblo. Vivía en las afueras, siempre sola, con su hijo. Un hijo que vivía medio salvaje pero al que no faltaba jamás cuidado alguno. Lo tomaban como hijo del demonio. A ella, como una vieja loca poseída.  Muy lejos de la realidad. Ni él era un salvaje, tan solo un enfermo, y ella una mujer joven a la que la desgracia y el peso de la vida la había envejecido demasiado pronto.



Ahora era yo la bruja que con sus hierbajos podría calmar "el mal del demonio que padecía aquel salvaje". Eso decían los ignorantes aunque no puedo culparlos del todo. Quién no sabe como quién no ve.

Salimos bajo la torrencial lluvia. El coche se atascó en el barro así que desaté al caballo y subimos a su lomo. No sé cómo no nos caímos o cómo no tuvimos alguna desgracia. Cuando llegamos a la humilde morada, el chico se debatía con su propia locura. No sé de dónde sacó aquella mujer fuerzas para dominarlo y atarlo a fin de que no hiciera alguna animalada.
Un hilo de vida se consumía entre sus labios. Mi mirada se cruzó con la de la madre que limpiaba la espuma que salía de la boca de su hijo. Lo había colocado de lado para que no se ahogara con sus vómitos y no se tragara la lengua.  Intentó cubrirle para que no viera que se había defecado.
Es espectáculo era dantesco. El olor casi hedor. Todo podía cortarse con un cuchillo... pero no había que ser delicadas, había que ser eficientes.
Le hice tragar lo que no estaba escrito. Sabía que aquello detendría sus convulsiones y lo calmaría. Después podría seguir tratándolo.

Cuando quise darme cuenta, ya había anochecido y vuelto a amanecer. No había sido consciente de cuándo la lluvia había cesado, ni de que aquel árbol había caído muy cerca de la choza. Pero aquel aire limpio, fresco, me invadió hasta dolerme. Miré a la mujer. La sentí tan pequeña. Me acerqué a ella y la abracé. Era un saco de huesos embutido en una tela áspera y un sinfín de collares hechos con raíces, huesos y maderas pero su corazón latía tan fuerte que, seguramente, también le dolía.

—Lo hemos logrado. Se pondrá bien pero debes tener siempre a mano estos mejunjes. Evitarán que vuelva a pasar por esto. No te preocupes. Dentro de un par de días, regresaré. Te traeré más... Y no, no quiero dinero. —Sabía que no tenía y el poco que lograba recoger mejor no saber de dónde o cómo lo obtenía.
—¿Cómo puedo agradecer todo lo que haces por nosotros?
—Ya lo haces. Cuida de él, y de ti... Y acude a mí cuando lo necesites.

Subí a lomos de mi caballo. Me sentí un poco torpe pero abandoné el lugar. Con el corazón henchido y el alma segura, regresé a casa donde alguien, preocupado y acostumbrado, me aguardaba...




Mea culpa el saltarme el número de palabras pero, en esta ocasión, 
ha surgido así la cosa.
Este texto corresponde a la convocatoria de esta semana que realizado Dorotea desde su blog "Lazos y Raíces", donde hallaréis más textos, igual no tan largos como el mío :-) 

4 de junio de 2020

Albedrío...

Un Jueves, Un Relato
Albedrío


Vives no encontrada en las luces blancas de la noche más oscura, 
en el crepúsculo más albino que roza el amanecer más confuso. 

Estás ahí... 
Sostenida de unas alas que, ni negras ni blancas, 
difuminan el sino de tus silencios 
mientras los cayados que soslayan tus huellas sin polvo 
agrietan los senderos claroscuros.
Y tu mirada, 
agazapada tras las sombras, 
se alza altiva a los clamores del empíreo.  

Ni ángel ni demonio. 
Un alma. Simplemente, un alma
y su libre albedrío cosido en renglones de destino.


Fotografía de Stu Williamson


Mi aporte para esta semana. "Albedrío" que nos propone Mar desde su "Sitio de la bitácora" donde podéis leer otras historias.



1 de junio de 2020

Sinfonía...

Ahí,
sobre el claro de luna, Casta Diva, brilla la verdad velada.
Bailarina al viento sutil cometa de una danza.
Tules azules que en cada vuelta se hacen espiral al aliento que la elevaba. 
Y en su enredadera, frágiles aquellos de la falacia escondida
en su propio palacio de cristal a la inexistente luminaria de la luna nueva.

Regia, sin velos, la doncella florece ensalzada en su ofrenda
guardando, en el pulso de su mano, el dios de su cielo.

Norma en su plegaría acalla.
Y en el silencio más noble,
mil guirnaldas sobrevuelan a ras de suelo
—raíces de lluvia elevadas sobre un rezo—.


Stefan Gessel


En base a 7 artes, esta es mi elección y participación en la propuesta "Sinfoníaque hizo Gin para el mes de mayo en "Paraíso de Letras" y  "Lovely Bloggers, donde pueden leerse a otros autores.


PINTURA
Bailarina basculando (bailarina verde) de Degas.
ESCULTURA
La verdad velada de Antonio Corradini.
LITERATURA
El silencio más noble de Susana López Pérez.
MÚSICA 
Norma, casta diva de Vinzenzo Bellini.
DANZA
Claro de luna de Claude Debussy.
ARQUITECTURA
Palacio de cristal. Madrid. Ricardo Velásquez Bosc. 1887.
CINE
Luna nueva , 1940. Con Cary Grant y Rosalind Russell.


Picando en la imagen podéis  ver el increíble trabajo realizado por Gin.
Mil gracias.