En el telar de mi ser, entrelazo las letras que brotan de mi alma, tejidos de sentimientos y emociones que danzan sobre este lienzo negro que mi pluma transfigura. Anhelo que cada palabra, cada trazo, trascienda y se convierta en eco en tu ser para fundirte en el velo mágico de mi memoria. Que mis versos sean puentes que nos unan en un abrazo sólido, y que mi tinta sea un testigo del vínculo que florezca entre tú y yo. En cada línea trazada, en cada verso susurrado, te escribo con el alma para que en el tapiz de nuestras historias encuentres el eco vibrante de mi ser y la esencia de este nuestro encuentro. Que mis letras sean hilos de un lazo indisoluble entre tú y yo, donde el tiempo se detenga y la eternidad se haga presente. En cada palabra entrelazada, en cada estrofa compartida, tejamos juntos la trama de un sentimiento duradero, donde nuestras almas se encuentren en todos los rincones de esta bella historia.

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15 de julio de 2025

Para flipar...

Un Jueves, Un Relato 
El viaje que nunca hice


Poner ilusión en un viaje no es complicado. Lo difícil es que el viaje te elija a ti.
La oferta no llegó por correo ni por agencia. Llegó en forma de anciana: se sentó a mi lado en una plaza cualquiera y me dijo que debía ir al norte. Que el hielo sabía cosas. Que allí la luna canta.
Pensé que era una loca, claro. Hasta que me tocó la frente con un dedo gélido y el mundo giró. No sé si caí al suelo o me fui hacia dentro, pero cuando abrí los ojos ya no estaba en mi ciudad. No había edificios, ni relojes, ni ruido. Solo el susurro blanco del viento entre cristales helados.
Un chamán de ojos transparentes me esperaba junto a un trineo de huesos. No habló. Entonó una melodía grave, como el lamento de un planeta, y yo lo seguí.
Antes de partir, me ofreció un cuenco humeante. No sabría decir qué contenía: olía a resina, a piel, a algo antiguo. Lo bebí sin preguntar. Sin miedo. El sabor era salado, áspero, como si contuviera todas las lágrimas del hielo.
Atravesamos paisajes imposibles: auroras líquidas, glaciares que respiraban, espíritus de animales que se deshacían en escarcha al pasar. No tenía frío, aunque iba descalza. No sentía miedo, aunque me sabía diminuta ante todo aquello. Lo estaba flipando.
En algún punto, perdí la noción de mí. Dejé de ser “yo” para convertirme en tambor, en eco, en aliento.
Cuando desperté —si es que eso fue dormir—, la plaza estaba vacía. Solo quedaba un copo de nieve sobre mi mano y la vaga certeza de que algo se había movido en mí. Que estuve en Groenlandia sin billete ni maleta. Que allí el alma tiene casa y el hielo, memoria. Por lo demás, todo parecía igual.
Y entonces la vi: una valla publicitaria al otro lado de la calle. En letras gigantes, brillando bajo un sol de castigo que derretía hasta los adoquines:

«¡Groenlandia! Tienes que ir.
Inuits & Trips. Viajes con espíritu».

No sé si iré. Hay veces que esa vieja loca se cruza conmigo… y se ríe.
El olor a maría es impresionante. Creo que ahora entiendo alguna cosa.

Recreado con IA a través de bing  ©ɱâğ

Este es mi aporte (364 palabras) para la semana juevera promocionada por Campirela.
Si picas en la imagen, irás al listado de participantes.


11 de agosto de 2024

Cierre de Convocatoria...

Con más pena que gloria y con más vicisitudes de las esperadas, me presento para dar cierre a la convocatoria juevera que he tenido el honor de anfitrionar —un poco a destiempo, es verdad—. 

Me disculpo por enésima vez por no poder atender el reto literario como se debería hacer.  No quiero dejar los blogs, pero me doy cuenta de que no llego ni a escribir ni a leer a los blogs amigos y ni, por supuesto, conocer nuevas letras. Me estoy replanteando eternamente la cuestión, pero ya es otra historia que no ha lugar aquí.

Millones de gracias por la cantidad de aportes recibidos. Ya veo que el verano es para algo más que las bicicletas, así que no puedo estar más contenta y satisfecha por todo. Sí he de mencionaros que ando en las lecturas y ya os iré visitando poquito a poco.

Siento no poder responder adecuadamente, ni a tiempo, los comentarios que me vais dejando y, sobre todo, el no poder visitar vuestros espacios.

Ya, sin más dilación, doy paso al siguiente anfitrionazgo que corresponde a Moni quien desde su Blog nos invitará a una nueva aventura literaria.

Espero poder regresar en breve y deseo seguir formando parte de esta gran familia.
No olvidéis echar un último vistazo a la lista de participantes.
Muchísimas gracias de nuevo.
Besos y abrazos.
Nos leemos.

Chica escribiendoImagen creada con IA ©ɱağ 

10 de agosto de 2024

Bucear en la nada: Autopsicoanálisis profundo...

Un Jueves, Un Relato
El arte de no hacer nada

Ayer decidí no hacer nada.  —¿Decidir no hacer nada es no hacer nada? ¡Hummm!

Me acomodé en el sillón de la sala, ese que siempre me recibe con sus mullidos cojines, y dejé que mi mente se despojara de cualquier urgencia. El reloj en la pared marcaba las horas con su tic-tac constante, pero a mí no me importaba el tiempo. Cerré los ojos y simplemente existí.

El silencio me envolvía, solo interrumpido por el maravilloso canturreo de los pájaros y el suave murmullo del viento a través de las hojas. Respiré hondo, llenando mis pulmones con el aire fresco que entraba por el ventanal abierto. Mis pensamientos vagaban libremente, sin dirección ni propósito. Recordé la infancia, esos días interminables de verano en los que el único plan era no tener plan alguno, pero siempre surgía uno que nos llevaba hasta la hora de cenar.

La mente, sin las habituales preocupaciones, se convierte en un lienzo en blanco así que las ideas fluían, sin prisa, dibujando paisajes entre momentos blancos. Era un estado de gracia, un equilibrio perfecto entre la conciencia y la ensoñación.

De vez en cuando, abría los ojos y observaba las sombras que el sol proyectaba en la pared. Movimientos lentos y suaves, como una danza de luz y oscuridad. No había nada que hacer y, sin embargo, sentía que estaba haciendo todo. Exploraba los rincones de mi mente, redescubriendo la tranquilidad y la paz interior. Y me sentí bien.

En ese momento, comprendí que no hacer nada es, en realidad, un arte. Un arte que nos permite reconectar con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. Y en ese arte, encontré una profunda satisfacción. 

Hoy he decidido salir a bucear y ser maestra del autopsicoanálisis profundo.


Imagen creada con IA. ©ɱağ 

Este es mi aporte (293 palabras) para la semana juevera. Si picas en la imagen, irás tanto a la convocatoria como al listado de participantes, a través del cual podrás, si deseas, leer otras maneras de no hacer nada.

13 de julio de 2024

¡¡Uh-Uh!!

Un Jueves, Un Relato
Locuciones


Quizá no fue muy pensado por mi parte; más bien,  fue a tontas y a locas que decidiera encaramarme a la escalera presa de una absorbente curiosidad. Había estado escuchando ruidos durante los días anteriores, más acuciados durante la noche, como es lógico. Seguro que eran ratones. No puedo con ellos, pero si son gordos y sin miedo, me entra una especie de hervor interno que si no salgo corriendo es porque estoy ocupada en levantar los pies y tocar palmas. Avisar de mi llegada es el mejor medio para no darme ex abrupto con semejantes individuos.

Armada con un valor que no conocía, fruto de esa flagrante curiosidad, abrí la puerta del altillo. Asomé la cabeza sin poder eludir pensamientos oscuros: un fantasma, una rata de medio metro mirándome con unos ojos hirviendo en sangre y unos dientes afilados... ¡A saber mi mente qué películas se estaba montando!
Me agazapé sobre la tarima, que crujía bajo mi peso. A cada pequeño movimiento, comía el polvo que nunca habría deseado. Mea culpa por no haber limpiado desde hace años, pero es que tampoco se me había perdido nada ahí arriba, más que trastos que no necesitaba y tiempo que no había perdido. ¡Qué bonita la luz de la luna entre las telas de araña! El fiat lux no funcionó y, de pronto, ante el más grande de lo estupores que yo pudiera sentir, un uh-uh resonó en la oscuridad. 

El sonido me congeló. Era inconfundible, un búho. Mi "valentía" había creado escenarios dignos de un thriller, pero la realidad era mucho más sencilla y, en cierto modo, reconfortante. El búho me miraba con sus ojos grandes y brillantes desde una viga del techo, sereno en su observación. Sonreí, aliviada. Me quedé allí, en silencio, admirando la tranquilidad del ave. A veces, nuestras mentes nos juegan malas pasadas, pero también nos llevan a descubrir pequeñas maravillas ocultas en los lugares más insospechados. Así, bajé del altillo con la sensación de haber hecho un nuevo amigo nocturno que se comería los ratones, que corrían como locos a esconderse de sus garras y su pico.

Imagen creada con IA ©ɱağ 

Este es mi aporte (353 palabras) para la convocatoria juevera de la semana. Picando en la imagen, si deseas, puedes ir a ella y a la lista de participantes.

30 de junio de 2024

Liberación

Un Jueves, Un Relato
El espejo


Siempre había escuchado viejas historias sobre aquel espejo. Se aseveraba que había pertenecido a un viejo comerciante de esclavos de mediados del siglo XVII, aunque en realidad formaba parte del apellido familiar, uno de los miembros fundadores de la Sociedad Real de Aventureros de Comercio con África. De ese modo, tampoco podía evitarse que por la sangre de los Alteston corriera sangre africana.

Aún siendo una de las mujeres más influyentes y haber roto el techo de cristal dentro del empresarial mundo naviero, aquella vieja historia quedaba sobre su espalda y le impedía romper la rumorología sobre su familia.

Sus ojos se perdían en el marco dorado, en las delicadas tallas que, extrañamente, parecían contar historias de dolor y esperanza. Una noche, cuando la luna llena iluminaba la habitación, Elisabeth se aventuró a tocar la superficie del espejo, como había hecho miles de veces. Em cambio, como si una fuerza invisible la guiara, la percepción era diferente. Al hacerlo, un frío intenso recorrió su cuerpo y la habitación pareció desvanecerse. En el reflejo, ya no vio su propio cuerpo, sino una vasta llanura africana donde hombres y mujeres, con ojos llenos de sufrimiento, caminaban encadenados. Una mujer se acercó, hasta acoplar la palma de su mano a la de Elisabeth.

Como una imploración llegada desde otro mundo, en su mente resonaron unas palabras que ya había escuchado en sus sueños: «Eres la última de nuestra línea, y la única que puede liberar estas almas. Busca en las raíces». La visión se desvaneció y Elisabeth se encontró de nuevo consigo misma. 

Desde niña la habían acuciado sueños y pensamientos que no obviaba. Le habían desvirtuado parte de la realidad, no así su afán por descubrir la verdad. Durante aquel año sabático, que nadie quiso entender, profundizó en las raíces históricas de sus ancestros. Todo parecía guiarla al mismo lugar: la vieja mansión familiar. Descubrió diarios ocultos y documentos que detallaban no solo las atrocidades cometidas, sino también el arrepentimiento de algunos de sus antepasados. Se preguntaba por qué no se había quemado todo aquello, por qué continuaba latente aunque olvidado en la profundidad de los sótanos. Y halló la respuesta a todas su preguntas.
Regresó al viejo cementerio familiar cercano a la mansión. Buscó la tumba reseñada en uno de los documentos, casi de manera vaga. La inscripción era sencillamente un árbol cuyas raíces parecían esconderse en la tierra y que el tiempo había tratado de borrar.

«Busca en las raíces», pensó para sí. La piedra funeraria, al igual que las raíces, seguían penetrando la tierra. Llevaba más de medio metro cavado cuando atisbó aquella inscripción en un idioma que no comprendía, pero su memoria, casi eidiética, le permitió reconocer de uno de los manuscritos. 

Ante la imposibilidad de avanzar en la descripción, consultó con una erudita en lenguas africanas. Esta le aseguró que se trataba de un ancestral conjuro en un antiguo dialecto, usado para liberar almas atrapadas. 

En una noche de luna llena, siguiendo las instrucciones del conjuro, comenzó a recitar las palabras que había memorizado, «Zinaka bantu zingwenya, ukuqonda nokuthula*». Al terminar, sopló un viento gélido que se volvió templado cuando una figura translúcida emergió de la tierra, la mujer del reflejo. «Gracias por liberarnos». Una indescriptible paz asomó en el lugar.

Elisabeth usó su influencia y recursos para crear una fundación dedicada a la memoria de las víctimas de la esclavitud, comprometida a educar y concienciar sobre las atrocidades del pasado. El espejo se convirtió en símbolo de redención,  justicia y libertad.

Imagen IA  Copilot ©ɱağ

Este es mi aporte para la convocatoria juevera de esa semana. Picando en la imagen vas, si deseas, tanto a ella como al listado de participantes.

*Dialecto africano imaginario. Su sonoridad se asemeja a las lenguas africanas. Significado: Las personas heridas buscan comprensión y paz.

26 de mayo de 2024

Bajo la lluvia boreal...

Un Jueves, Un Relato
Fenómenos atmosféricos


La eternidad puede durar un minuto. Aquel fue mi minuto, tan eterno como efímero, tal vez porque nunca lo pude imaginar. El sol se había encabritado y una tormenta de nubes gigantescas brotaron de él, extendiéndose por el universo. Y allí estaba yo, contemplando el espectáculo, descubriendo que, entre la maraña de azules y verdes, de púrpuras y rojos, la lluvia, en un murmullo constante, acariciaba las hojas de los abedules y creaba charcos que reflejaban la estampa. Los campos, teñidos de un verde profundo, exhalaban un aroma a tierra húmeda y hierba fresca, mientras los suaves trinos de un pájaro nocturno se mezclaban con el susurro de la lluvia. 
Alejada de la orilla del río, bajo un refugio improvisado de ramas, observaba fascinada el cielo cambiante y percibí, en la soledad del momento, el arrullo de mi alma respirando la atmósfera bucólica que me envolvía. Fui una con la naturaleza en ese momento único y mágico.

Observando la aurora bajo la lluvia / Creación mediante IA / Mag

Este es mi aporte (158 palabras) para la dinámica juevera de esta semana. Picando en la imagen puedes ir, si deseas, tanto a la convocatoria como al listado de participantes.

28 de abril de 2024

Espejo de almas...

Un Jueves, Un Relato
Binomio fantástico: Viento/Espejo


Observo el viejo edificio. Varios pabellones, con cientos de ventanas, parecen ojos vacíos que, sin embargo, miran. El viento aúlla entre las sombras, dibuja espectros que juegan a proteger el misterio que encierra. Y yo lo conozco: Un espejo, oscuro como la noche sin luna, críptico como un jeroglífico antiguo, atrapa almas de vivos errantes. 

Esta noche el viento azota con furia, recorriendo los infinitos pasillos, zozobrando almas al espejo. El espejo, como una boca hambrienta, las devora, pero también, la esencia del viento, condenándolo a la eterna prisión de sus reflejos. 
Miro desde la distancia, agazapada entre las sombras, escucho los susurros sin voz. Sé que puedo enfrentarme al espejo. No siento miedo. El viento me envuelve. Veo las almas atrapadas, suplicando salir. Mis manos tocan el espejo. Mi carne, mis huesos, se funden con el cristal. Atisbo la oscuridad. No puedo retroceder. Clamo al viento. Clamo a las almas que no desean ser atrapadas entre los fragmentos rotos del tiempo. Lucho. Mi alma lucha. Mi cuerpo lucha. Todo mi ser lucha por liberarnos del abrazo gélido del espejo. El viento arrecia, las almas gritan, el espejo se oscurece enfurecido. Sabe que está perdiendo.


Imagen diseñada IA según mis instrucciones :-) 

Soy la primera que no cumple con los preceptos (40 palabras de más), pero bueno, ahí lo dejo :-) 
Este es mi aporte para la convocatoria de esta semana. Picando en la imagen, puedes ir, si deseas tanto a ella como al listado de participantes.


29 de marzo de 2024

El secreto

Un Jueves, Un Relato 
En el fondo del mar


En los confines del océano, donde las aguas tranquilas se convertían en un escenario de tormentas despiadadas, se ocultaba un secreto ancestral. La zona, marcada en los mapas marítimos como desaconsejable, guardaba en su seno una ciudad perdida. A pesar de las leyendas oscuras que la rodean y la falta de exploración, los vestigios de antiguas culturas revelaban la existencia de esta enigmática metrópolis. Aquel mar de intenso azul maravillaba a los navegantes, pero sus profundidades eran inaccesibles y peligrosas. Sin embargo, la curiosidad y el anhelo de descubrimiento impulsaron a algunos valientes a aventurarse en busca de la ciudad perdida. 

Su padre, y, antes su abuelo y su tatarabuelo, habían intentado desentrañar los misterios que yacían bajo las olas. Ahora, Mar —no podía llamarse de otra forma—, y su equipo, con tecnología avanzada, desafiando todo riesgo y basándose en los minuciosos estudios de sus ascendientes,  decidieron sumergirse en las oscuras profundidades. Allí, entre las sombras del abismo, con seres que jamás salían a la superficie, vestidos de luminiscencia o carentes de pigmento que no fuera un espectral blanco, hallaron las ruinas de la antigua civilización. Las inmersiones eran limitadas debido a las corrientes intensas y la presión. Al salir, las tormentas embestían su embarcación, lo que les recordaba que no estaban solos.

Pngtree imágenes

Parecía que el tiempo se hubiera dormido sobre aquella ciudad cuyas torres semejaban cristal y brillaban con una luz misteriosa que, evidentemente, no procedía de la superficie. Pero su descubrimiento les había llevado a desvelar un secreto aún más oscuro. En lo que se suponía el corazón de la ciudad, el equipo encontró una especie de diario de piedra cuya escritura arcaica era indescifrable, pero, con la ayuda de un grupo secreto de eruditos, se pudo identificar una serie de símbolos que narraban la verdadera razón de la desaparición de la ciudad perdida. No se trataba de aquel dios mal interpretado que sí atestiguaban las civilizaciones perdidas. sino de un amenazante monstruo para la superficie. 
Con el conocimiento del terrible secreto, Mar comprendió que la ciudad perdida no era un tesoro que debía ser encontrado, sino un peligro que debía permanecer oculto en las profundidades del océano. Y que todos aquellos sueños de niña, aquellas ensoñaciones revividas una y otra vez, no eran más que recuerdos ancestrales de una batalla olvidada, donde los dioses ayudaron a sepultar la ciudad junto al monstruo. Ahora sus investigaciones tomaban un rumbo diferente, confiando en que el secreto quedara guardado para siempre en el olvido.


Este es mi aporte (50 palabras de más) para la convocatoria juevera de la semana, donde podéis hallar, si deseáis, más relatos al respecto.

25 de febrero de 2024

El sueño de Frida

Me tienta la noche, pero el sueño parece desvanecerse. El marco de la ventana abierta es un lienzo oscuro donde se perfilan mis pensamientos. Diego me ama a su manera y, sin embargo, creo que le quiero, a la mía; le quiero como a las flores que adornan mis cabellos. Pero este dolor, este tormento... ¿acaso me va a perseguir hasta allá donde la eternidad se convierte en el sueño infinito? Deseo cerrar los ojos, desaparecer, vivir en una de mis pinceladas, reconocerme, sentirme..., volver a ser.

Me pierdo en la fragancia nocturna, en el rumor de la gente que ve pasar la vida al arrullo de una luna que los contempla indiferente mientras el aroma de tamales y tequila nos envuelve.
Mi vida en un sueño, un lienzo eterno donde la vida y el arte convergen, donde la luz se acompasa con la oscuridad y ambas danzan embriagándome de nostalgia.

Mis parpados se cierran lentamente, y me encuentro en un rincón de la creación. Un cielo estrellado me recibe con esa amalgama extraña que solo en los sueños menos lúcidos puede darse: Amarillos y azules, como el trigo y el mar.  
Se acerca. Puedo vislumbrarlo entre los destellos.

—Vincent, ¿te has perdido en mi universo de sueños? —pregunto, y su voz es un canto celestial.  Es mi alma quien reconoce a la suya.
—Pensé que eras tú quien lo había hecho. —Y tomándome de la mano, me invita a bailar en su maravilloso cosmos pictórico. 

Estrellas, soles, lunas, girasoles, reflejos de nuestros anhelos compartidos. Este sueño es una realidad. La suya y la mía. Este lienzo etéreo se llena de luz. Enredo mi menudas manos en el cobre de sus cabellos y su barba, como un cuchillo ralo, dibuja mi rostro con una caricia. Mis ojos son la oscuridad de su noche. Los suyos, el azul de mis mares lejanos.
Su dolor, su amargura, su tristeza... se diluyen en la orilla.  Mi dolor, mi amargura, mi tristeza, como un collar de espinas envuelto en terciopelo, se pierden en el fulgor de un abrazo que huele a lirios y se vuelve puro como un almendro en flor.

No quiero despertar. Aprieto mis párpados. Quiero vivir. Quiero seguir soñando en este rincón donde nuestras almas se entrelazan y donde no soy un ciervo herido ocultando sus heridas. 

Fragmento de la pintura al óleo conocida como El sueño o La cama / Frida Khalo / 1940


Este texto (386 palabras) es mi aportación a la convocatoria juevera de esta semana. Las remarcaciones en cursiva hacen referencia a obras tanto de una como de otro. 
Picando en la imagen puedes ir, si deseas, tanto a su explicación como al listado de participantes.

30 de diciembre de 2023

Enigma sacro...

Un Jueves, Un Relato
¿Quién soy?: Palabras adivinadas.


Cruzo bajo el umbral inexistente. Huele a piedra, a incienso y a olvido. Siento mis pasos pesados, mecidos en el tiempo que ya se agota. Tras él, hallaré esa ansiada eternidad en la que mi alma recobrará su libertad. Mi memoria es tímida, aunque recuerdo bien las palabras sacras y el sentimiento que encierra un silencio, ese que golpea el corazón al abrigo de mis lágrimas

Es en este refugio sereno y sagrado, preñado de ruinas, donde los Cristos están ausentes y los altares hurtados, miro sin ver la incesante oscilación del botafumeiro esparciendo aromas que bendicen mis propias plegarias, llevando consuelo a mis penas y elevando mis anhelos al cielo. Es aquí donde las oraciones resuenan en el eco perdido de las palomas que aletean en un vuelo caduco, y la piedad se ha levantado sobre sus propias rodillas. Aquí, percibo la devoción que me llevó a clamar su nombre y a atarme con ese hilo invisible que me mantiene conectado a Él y me recuerda la belleza de la vulnerabilidad, la profundidad de los sentimientos y la eternidad de lo efímero.
Esta será la morada de mis huesos y mis espinas, de mi sangre y mis lodos. La que, como una burbuja del tiempo y la memoria, como un ataúd que guarda en su silencio la esencia de lo etéreo, custodie mi cuerpo convertido en reliquia y tierra de la tierra, mientras mi alma, libre, caminará a su lado.


Este es mi aporte (241 palabras) para la convocatoria juevera de esta semana. 
También hallarás, el listado de los participantes y leer, si deseas, sus contribuciones.


17 de diciembre de 2023

Sin [a ]nestesía

Un Jueves, Un Relato
Posibilidades. ¿Y si...?


Miro a la gente y distingo sus emociones. Percibo la tristeza más allá del brillo de sus ojos, su alegría en lo más profundo del ritmo de las sonrisas, la pena destilada en sus silencios. En mi nueva perspectiva del mundo, las emociones pintan la realidad con una paleta infinita de colores, cada interacción se convierte en un lienzo vivo. Los tonos resplandecientes de la alegría danzan en espirales luminosas, desplegando un arcoíris de vitalidad y calor. Los destellos suaves del amor fluyen como ríos de tonalidades calidad y reconfortantes que envuelven a aquellos que cruzan su mirada, se funden en un abrazo o se perfuman en un beso.
Las sombras profundas del dolor se deslizan en tonos oscuros y opacos. Cada matiz me cuenta una historia silenciosa de angustia y pesar que me pesan y me duelen. Es algo que no llevo bien. Los vericuetos inexplorados de la melancolía se me revelan en gamas de azules apagados, una sinfonía callada de nostalgia y anhelo.
La ira me remueve, me asalta en rojos ardientes y anaranjados feroces y estremece el entorno con su intensidad abrasadora.

Pero este don, si es que se le puede llamar así, no viene sin consecuencias. La carga de ver el mundo a través de estas emociones vibrantes me agobia, se convierte en una especie de prisión que solo yo puedo ver. Es como llevar un peso invisible, una mochila llena de colores que nadie más puede entender. ¿Qué hago con este secreto que me ha sido revelado? ¿Cómo podría explicarle a alguien que veo el mundo teñido por el torrente de sentimientos que fluyen a mi alrededor? No puedo confiar en revelar mi peculiar percepción sin arriesgarme a ser juzgada, tachada de extravagante o, peor aún, llevada al análisis psicológico. Por ahora, me enfrento a esta realidad pintada en colores con un silencio ensordecedor, sin anestesia, cargando con el peso de esta visión única. Observo cómo las emociones dibujan y moldean el mundo que todos creen conocer, mientras sigo luchando con el vértigo de este regalo y su maldición a la vez.

Jacob Christian Poen de Wijs

Este es mi aporte (347 palabrass) para la convocatoria juevera de la semana. 
Aquí podéis verla así como el listado de participantes.

6 de diciembre de 2023

Cruzando el puente...

Un Jueves, Un Relato
Puentes


El puente, majestuoso en su estructura de piedra, se alzaba sobre el río como un guardián silencioso de historias. Yo, un espectador habitual, observaba desde la orilla las escenas cotidianas que se desenvolvían en su camino.
Un artista apasionado desplegaba su lienzo, capturando la esencia del puente con trazos precisos. A lo lejos, un joven determinado avanzaba con pasos inquisitivos, mientras una anciana detenía su camino para contemplar con nostalgia aquel lugar que, supongo, debía significar algo.

El encuentro casual de estos tres seres parecía inevitable. El artista, atraído por la inquietud del joven, abandonó su obra y se acercó con curiosidad. La anciana se unió al grupo, parecía emitir una sabiduría silenciosa con cada gesto. Me pregunté cómo la energía del puente cobraba vida en ese momento. 

Sus piedras parecían susurrar una sinfonía imperceptible, mientras los presentes, en un silencio compartido, se conectaban con algo más profundo que el mero encuentro fortuito. Fue entonces cuando decidí dejar mi papel de mero observador. 
Inspirado por la magia que se desplegaba ante mis ojos, crucé el umbral del puente. Cada paso resonaba en la estructura como una invitación, como si el propio puente me llamara para formar parte de su historia. Al llegar al centro, el enigma se reveló en el aire, palpable pero indefinible. La convergencia de estos seres, sus experiencias y anhelos, creaba un eco misterioso que parecía resoplar con la brisa. Me sumergí en ese momento efímero pero eterno, donde los susurros del pasado y las aspiraciones del presente convergían. 

La sensación de conexión trascendía las palabras, y en ese cruce de destinos, encontré una respuesta que aún no entendía del todo, pero que sentía como una revelación. Al final, comprendí que el puente no solo unía dos orillas, sino también almas y experiencias, revelando misterios sutiles que aguardaban a aquellos dispuestos a cruzar sus límites.

Puente Foleys, Irlanda del Norte.

Esta es mi aportación (308 palabras) para la convocatoria juevera de esta semana que anfitriona Inma desde su Molí del Canyer, donde, si deseáis, podéis disfrutar de otras aportaciones según el listado.

25 de noviembre de 2023

Ecos infinitos...

Un Jueves, Un Relato
Citas de libros


«Algunos infinitos son más grandes que otros infinitos». 
'Bajo la misma estrella'
John Green



Me di cuenta el día que rompí aquella puerta del silencio y una venda de partículas de polvo trazó un sendero de luz por toda la estancia. Una fragancia dulce de almendra y vainilla impregnaba el aire mientras los ecos olvidados del tiempo susurraban en cada rincón.
Mis pasos, sobre pasos vencidos, testificaban historias acogidas por almas que buscaban refugio entre páginas ajadas por el transcurso de los días. Habitaba el eco de un murmullo incesante, alientos de vidas no vividas. 

A veces, el polvo y las telarañas tienen su encanto. Un soplo y la vida se iluminó en aquel libro cuyo título era replicante de mi pensamiento. Mis dedos acariciaron sus hojas desgastadas, en tanto mi mente se sumergía en un océano de letras. Fue entonces cuando su voz resonó en mí como un eco lejano que llama a la revelación.

El reloj de la pared, donde la araña se balanceaba, empezó a marcar un tiempo indescriptible, rescatado del olvido. Un terremoto interno precedió a una calma intensa. Percibí dentro de mí el estallido de un ser que no era yo. Entonces comprendí aquello de los infinitos, aquello de lo que Inés me hablaba desde la profundidad de su silencio, desde los intensos encuentros más allá de la percepción lógica. 
En ese instante de epifanía supe que aquel rincón suspendido en el tiempo era un regalo, un espacio donde las historias renacían entre los suspiros de libros olvidados y tejían su propia eternidad en las páginas que una vez yacieron en sus manos.

Inés me había regalado el tesoro más preciado: la vida perpetua de vidas infinitas talladas en el tiempo, ahora reposando en las mías. E Inés sonríe.

Mujer joven oriental / Friedich von Amerling / 1854


Este es mi aporte (280 palabras) para la convocatoria juevera de esta semana. Picando aquí podéis ir tanto a ella como al listado de participantes que han colaborado con sus narrativas.

17 de noviembre de 2023

Redesencuentro...

Un Jueves, Un Relato
Rincones


Durante mucho tiempo me resistí a ir allí. No sé si eran los recuerdos o cierto temor nostálgico lo que se aferraban a mi mente... o a mi alma. Las calles empedradas, el brillo de las bombillas anaranjadas o el reflejo de las sombras generaban en mí una extraña apatía.

Los escalones de piedra, el escudo de una familia —que nunca había sido la mía— en el pórtico de la entrada y aquella puerta que ni los años de guerra habían logrado derribar, me esperaban día tras día desde los últimos cuarenta años. Cuando salí de ahí me prometí que un día volvería, pero solo cuando las llaves fueran mías.
No hubo herencias, solo la suerte del destino.

Hasta que el frío de la noche quiso calarse en los huesos, permanecí sentada en la escalera junto a mi perro. No escuché nada. Solo vi un gato merodeando que, sorprendido por nuestra presencia, se detuvo un segundo antes de seguir su paseo nocturno. Lo observamos. Unos pasos más allá, volvió a detenerse para mirarnos y salir corriendo.

El sol colándose por la ventanilla del coche me despertó. El fulgor rojizo se extendía como un valle sobre un cielo que se terciaba cerúleo. Tuno, acurrucado en su manta, me miraba expectante. Aquella aventura le resultaba también inquietante. Desayuné uno de esos autocalentables cafés con leche y compartí con él un par de magdalenas deformes.
De camino a la casa, nos encontramos con el mismo gato y cinco más, además de un par de vecinos que me saludaron con más curiosidad que educación. Me imagino que se preguntaban qué se me había perdido ahí, en un pueblo olvidado de los caminos de Dios.

Tuno parecía tener prisa por llegar. En la puerta, de nuevo aquel gato pardo disfrutando del cálido sol matutino. En cuanto nos vio, se subió al hueco de una ventana y permaneció vigilante. 

Al adentrarnos en la casona, las paredes hablaban del tiempo vacío, de recuerdos desvanecidos o adormilados, de muebles servibles solo para el polvo. Y mi habitación, la que fue mía al llegar del orfanato, parecía recordarme. Ahí  estaba mi cama, y la cortina que separaba mi cuarto del hermano que nunca conocí, pareció moverse ante una corriente de aire aparentemente inexistente, como si la no vida se alegrase de verme.






Este es mi aporte (383 palabras) para la convocatoria juevera de esta semana, de la mano de Moni. En su blog Neogéminis, podéis ver otras participaciones.

12 de octubre de 2023

Esta tarde vi llover...

Un Jueves, Un Relato 
Títulos de canciones


Esta tarde vi llover. Caían las gotas en un soniquete de lágrimas derrotadas. El cristal se empañaba y los silencios se oscurecían. Navegaba el tiempo por encima de las yemas de mis dedos como un lagarto adormecido, mientras mis pensamientos se retorcían en una espiral infinita. Las palabras se quebraban en el quicio de la garganta y tu presencia era tan ausente como el miedo que jamás me derrotó.
Sentí que el vacío se diluía como las piezas de un puzle olvidado en el fondo del armario, y entre las sombras que dibuja este crepúsculo plomizo, vislumbré tu silueta como un espectro deslizándose en la neblina sembrada entre los resquicios de mi memoria. Sigues siendo un capricho del destino. Un desamparo a la lujuria. Un desatino del tiempo implacable. 
Esta tarde vi llover y el cielo parecía azorarse conmigo. Entonces, como un acto de rendición, salí a la calle. La lluvia inundó mis pies descalzos y en esa danza, casi absurda, dejé que te marcharas para siempre.



Este es mi aporte (167 palabras) para la convocatoria juevera que organiza Merche. En su blog encontrarás más canciones y más historias.

31 de agosto de 2023

Agua y Viento...

Un Jueves, Un Relato
El viejo molino


En el rincón amado donde el tiempo se enrosca, se yergue mi viejo molino, como un guardián de historias susurrantes. Sus aspas, cual suspiros al viento, danzan con el eco de antaño, mientras el río, sereno como un puñado de versos, abraza sus cimientos de piedra como abrazaría el abrazo eterno de un amigo.

Las arrugas de mi molino, como surcos de sabiduría, marcan el paso de los años con la gracia de un poeta que ha vivido mil vidas. Su techo, cubierto de musgo tal que un manto de días y noches, recuerda cada tormenta y cada rayo de sol que ha besado su frente de madera. En sus paredes, la pátina de las estaciones es un poema silencioso que narra los cuentos de granos molidos y harinas doradas, una danza ancestral que se repite en la quietud de cada día. Las piedras de moler, como dos amantes inseparables, han pulido la esencia de la tierra, transformando trigo en alimento con la misma pasión con la que un poeta moldea palabras en versos. 

Al atardecer, cuando el sol se sumerge en el horizonte como un acorde final, mi molino se convierte en un refugio de sombras y susurros. La luz tenue se cuela por las rendijas como metáforas de esperanza, y el río fluye en la penumbra como los recuerdos que se deslizan suavemente por la mente de un soñador.

Mi viejo molino es cien estrofas olvidadas en el libro de la memoria, una melodía que persiste en el eco de la brisa. Su presencia es un canto que se entrelaza con el alma del paisaje, y en cada giro de sus aspas siento la cadencia de los versos que mi mano dibuja mientras le miro, mientras le siento, mientras vivo su latido.

IA NightCafeStudio y posterior edición.
El viejo molino / Ildefonso Robledo del blog Portafolio de fotografías

Este es mi aporte (292 palabras. Hoy sí puedo ponerlo.) para la convocatoria juevera de Myr desde su blog, donde puedes hallar otras inspiraciones sobre un viejo molino.

24 de agosto de 2023

La autopista infinita...

Un Jueves, Un Relato
Autopista


La autopista serpenteaba a través de la noche oscura, iluminada solo por las luces intermitentes de los faros de los coche que, como luciérnagas perdidas, seguían un camino aparentemente infinito. y las tenues estrellas en el cielo. 
Por alguna razón, Marta conducía intranquila, tratando de mantenerse despierta mientras la monotonía del camino la envolvía. Hacía ya un rato que no se cruzaba con nadie. De repente, una figura solitaria apareció en el retrovisor: un coche negro que seguía sus pasos de manera sigilosa. La inquietud se apoderó de ella mientras el otro vehículo se mantenía a una distancia constante. Intentó cambiar de carril, pero aquel la seguía. Aceleró, y el auto negro también lo hizo. 

Un escalofrío recorrió su espalda cuando recordó las historias de coches fantasmas en esa autopista, rumores de conductores desaparecidos sin dejar rastro. Además, hacia dos noches o tres que había visto aquella mala película sobre un coche asesino. Los nervios se apoderaron de ella y decidió tomar la primera salida que vio. Detrás, el coche negro. Marta eligió un camino sinuoso en un intento de perder al misterioso perseguidor, pero ahí seguía, pegado a su parachoques con las luces apagadas. 

De la red / yamovl

La ansiedad se convirtió en pánico. Su corazón latía con fuerza en tanto buscaba una solución desesperada. Recordó haber visto un puesto de policía en un pequeño pueblo por el que había pasado. Tomó una decisión arrepentida y giró bruscamente hacia una vía secundaria con la esperanza de ser la acertada. El coche negro la siguió una vez más. Finalmente, Marta llegó. Se alivió al ver un coche patrulla aparcado en la puerta y luz en el interior del edificio. Exaltada, explicó la extraña persecución. Los policías salieron rápidamente, pero no había coche alguno. Dos decidieron inspeccionar y tras una tensa espera, se escuchó la voz de uno a través de la emisora.  No hallaron vehículo alguno, solo las huellas de las ruedas.

El coche negro volvió a actuar en sucesivas noches alternas. Los policías volvieron a escuchar los mismos relatos. Investigaciones posteriores revelaron que el coche negro había sido robado y manipulado para poder ser conducido por control remoto. Con un dron podían seguir todos los movimientos del coche perseguido. ¿Qué intenciones tenían? Quizá solo sembrar el miedo entre los conductores desprevenidos y fomentar la oscura leyenda de las autopistas infinitas.

El misterio había sido resuelto, pero la sensación de inquietud persistiría en la mente de Marta y en los conductores víctimas de semejante broma macabra que podía haber tenido dramáticas consecuencias.



Este es mi aporte para la convocatoria juevera que organiza Moni esta semana desde su blos Neogéminis, donde podéis ver otras historias.

18 de agosto de 2023

El último suspiro: Tic-tac

Un Jueves, Un Relato 
El último suspiro


Era un reloj antiguo, de cuerda, de sobremesa, de bronce al fuego, enclavado en la repisa de la chimenea de la vieja mansión. Sus manos habían marcado momentos incontables a lo largo de los años, más de cien y menos de trescientos, desde las risas de los niños en Navidad hasta los silenciosos adioses de los seres queridos. Cada tic-tac resonaba con la historia de la casa. Pero llegó el día en que sus mecanismos, cansados ​​de mantener el tiempo, se detuvieron. Los achaques propios de la edad habían ido aconteciéndose durante el último lustro y había escuchado el irremediable diagnóstico del maestro relojero. Quedaban dos suspiros, tal vez tres. Y mientras el tiempo parecía ir a ralentí, ese último suspiro iba resoplando bajo sus saetas como una procesión implacable de languidez.

Con él grabó los días de esplendor, las fiestas animadas, los susurros de aquellos jóvenes enamorados en la penumbra, de las discusiones políticas y del porqué de muchas cosas. Recordó cómo había sido testigo del tiempo que fluía inexorablemente. La tristeza se apoderó del reloj, pero también experimentó una extraña paz. Sabía que su labor había concluido, que ya no tenía que contar los segundos, los minutos, las horas ni que sus pequeñas campanadas descorazonadas revelaban más que eso. Se adentraba en un silencio que parecía abrazarlo con ternura como la mirada de la bailarina que, callada a su lado, mantenía su paso.

En su último aliento, el reloj reflexionó sobre su legado. Había sido más que un simple medidor de tiempo; había sido un testigo silencioso de la vida de quienes habitaban la mansión. Su existencia había tenido significado, y ahora dejaba un recuerdo impreso en los corazones de aquellos que alguna vez lo escucharon. Cuando la última vibración del mecanismo se desvaneció, el reloj quedó en silencio, pero su historia continuó sobre la chimenea. Su tic-tac se había desvanecido, pero seguí ahí, de pie, mudo testigo en una lejanía adormecida, recordando a todos que el tiempo es efímero, pero los momentos compartidos perduran en la memoria, como el último suspiro de un viejo reloj.


Este es mi aporte (350 palabras) para la convocatoria juevera de la semana. Picando en la imagen puedes ir, si deseas, tanto a ella como al listado de participantes que compartimos nuestras historias.

11 de agosto de 2023

Ecos, sombras y pactos...

Un Jueves, Un Relato
Argumentos con algo de real



En la penumbra de las noches, Alexander, un hombre solitario de alma inquieta, encontró un placer inusual en las conversaciones ajenas. Habitualmente frecuentaba un pequeño café al final de la calle, donde las sombras danzaban con los susurros de los parroquianos. Se sentaba en una esquina, protegido bajo la luz mortecina, y escuchaba atentamente las voces que llenaban el lugar. 

No tenía intenciones maliciosas, sino una curiosidad voraz por las vidas que yacían más allá de la suya. A medida que las palabras de los desconocidos se deslizaban hacia sus oídos, creaba historias en su mente. Un pintor desilusionado, un amor prohibido, un trato oscuro con lo sobrenatural. Cada conversación se convirtió en un mosaico de sombras y misterios, tejido por la pluma de su imaginación.

Un día, escuchó a una joven hablar en voz baja con un hombre mayor, extrañamente mayor. Sus palabras parecían una plegaria suplicando algo insondable. Decidió pedir otro café y aprovechar que la mesa más cercana estaba libre y había un periódico con cuya fingida lectura podía atender mejor aquella conversación. Percibió desasosiego, miedo, temblor en la mirada de la joven. El hombre, más de cerca, aunque de espaldas ahora, le parecía un ser casi espectral.
Poco después abandonaron el local. 


Intrigado, Alexander decidió seguirlos para llegar a un rincón olvidado de la ciudad, donde un edificio abandonado se erguía como un monumento a la decadencia. Allí, la joven entregó algo al anciano, quien le prometió un favor que parecía sacado de un cuento de brujas. Las palabras y la expresión desesperada de la chica insinuaron un pacto con fuerzas más allá de lo común, algo que iba mucho más allá de lo que era moralmente aceptable. Alexander sintió un escalofrío. Aquella no revelación despertó en él una inquietante sospecha sobre la presencia de oscuros secretos y tratos turbios que acechaban en las sombras de la ciudad, en aquel rincón olvidado de ella, trascendiendo los límites de la realidad y la ética.

Decidió no buscar más respuestas. Su obsesión por las conversaciones ajenas había revelado una realidad perturbadora. Al día siguiente, evitó el café y la tentación de escuchar los susurros. Cerró ese capítulo, pero las sombras de las historias que había creado lo acompañaron para siempre. Sabía que no podía escapar de la oscuridad que había descubierto en las palabras de los demás, una oscuridad que ahora formaba parte de su propia alma.


Este es mi aporte (401 palabras y disculpas por la extensión) para el reto juevero que anfitriona Demiurgo desde su Hurlingham, donde podéis ver el listado de participantes y, si os hace, seguir sus historias.


13 de julio de 2023

La excusa inevitable: Esquivando el lamento final...

Un Jueves, Un Relato
Las excusas


En este oscuro momento de despedida, me encuentro en una encrucijada. Un entierro se avecina, con su aura de tristeza y pesar. Sin embargo, mi ser se rebela ante la idea de asistir a este encuentro fúnebre, y mi mente busca frenéticamente una excusa ineludible para justificar mi ausencia. Entre las sombras de mi conciencia, surge una razón que eclipsa cualquier otra consideración. Es una verdad dolorosa, un secreto guardado celosamente en el rincón más profundo de mi ser. La excusa que esgrimo es la única opción que puedo presentar con la esperanza de evitar el lamento funerario al que, sinceramente, tengo el mínimo interés por acudir. 

«Lamento profundamente no poder acompañaros en este doloroso adiós. Una emergencia inesperada ha irrumpido en mi vida, sacudiendo mi mundo con fuerza inigualable. Mi corazón se encuentra sumido en la tristeza y la devastación, pues un ser querido cercano ha sido atrapado en las garras de una enfermedad mortal. Mis días y noches se ven consumidos por esta angustia abrumadora. Cada pensamiento y acción se ven eclipsados por la urgencia de brindar apoyo y consuelo a aquel que se encuentra al borde del abismo. Mi presencia y dedicación son ineludibles en este momento crítico, y el deber me llama sin descanso. 
    »Comprendo plenamente la importancia de este último adiós y desearía con todo mi ser estar allí para ofrecer mi apoyo en esta hora de despedida. Pero en este momento crucial, mi presencia es necesaria en otro lugar, donde la vida pende de un hilo frágil y donde mi intervención puede marcar la diferencia. Mis lágrimas se entremezclan con las palabras que dejo escritas, y mi corazón se estremece con el peso de la responsabilidad. Aunque mi excusa pueda parecer insuficiente, ruego que comprendáis la urgencia de mi situación y aceptéis mi ausencia en este momento de duelo. 
    »Dejo en vuestras manos la tarea de honrar la memoria del ser amado que se ha marchado. Sabed que mi pensamiento y mi corazón estarán allí, en ese lugar donde las almas encuentran su descanso eterno. Y mientras vosotros lleváis a cabo ese último adiós, yo enfrentaré una batalla que trasciende la frontera entre la vida y la muerte. Con la esperanza de que podáis perdonar mi ausencia, os envío mi amor y solidaridad en este tiempo de dolor. Que el consuelo y la fortaleza os acompañen en este camino de despedida, mientras yo me entrego a una lucha incierta y desesperada».

¡Toma ya! Me ha quedado que ni pintado. Igual hasta me he pasado. ¡Buah!, ¡vámonos, Tanzania me espera!



Este es mi aporte (me sobra un poco menos de un párrafo) para la convocatoria juevera de esta semana que organiza Moni desde su blog Neogéminis, dónde podéis leer más excusas.