Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos

Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, forma parte de ti desde que estás aquí

© ɱağ

Azul deMağdalia Mağade Qamar

Desde 2014

Y cierro los ojos para abrir mi ánima

18 de enero de 2022

Pirámide...

Bajo el arco de su estela se columpian los sueños y parabienes de quienes tuvieron en sus pesadillas los sueños de otros. Desde el pico más alto al pie más ancho, casi infinitos los granos de arena que el viento respira para sepultar con vida eterna al dios inmortalizado. Sea en su nombre y en su capricho, la pirámide, aconada y primitiva, la primera de mil secretos y cien enigmas.

Voyage d'Egipte et de Nubie / 1755/ Frederic Luois Norden


Regreso después de mucho tiempo a estas palabras propuestas por Sindel desde su blog. Las dos primeras semanas se me pasaron así que las dejo atrás para quedarme en la tercera. 

Semana 1 y 2: Dejar atrás. 
Semana 3, 2022: Pirámide

13 de enero de 2022

Ojalá...

Un Jueves, Un Relato 
Ojalá


Ojalá, se decía siempre sin esperar nada. Pensaba que dejar todo en manos de la esperanza y del destino no llevaba a buen puerto en la mayoría de las ocasiones y cuando sucedía era porque tenía que suceder. Entre mil errores siempre había algún acierto. 
No es que su vida estuviera vacía pero sí estaba llena de aquellos ojalás que nunca se habían mostrado ante ella.
Sentada en aquel banco frente al mar, viendo a los pescadores tirar sus cañas y a las gaviotas revolotear en busca de algo que picotear, se recluía en sus pensamientos y por algún momento perdía su mirada en el horizonte: «Ojalá no hubiera dejado pasar aquella oportunidad. Hoy... Ojalá hubiera tomado aquella decisión. Hoy... Ojalá hubiera escuchado lo que me decía... Hoy...». Y así, un ojalá tras otro con un hoy que le seguía. Era como una cadena de lamentos sin fijarse en las mil historias buenas que habían surgido por aquellos ojalás que no se habían cumplido.

Tenía las manos surcadas por los años, la vista cansada y el pelo níveo por el paso de ellos. La sonrisa medio castrada por ciertas ausencias y por presencias que restaban más que sumaban por aquellos ojalás que sí se habían hecho realidad.

Respiró hondo. Avanzó unos pasos hasta el borde con el mar. Miró a ambos lados. Observó el horizonte. Retrocedió la vista y se vio reflejada entre la espuma.

—¡Señora! -alertó uno de los pescadores.
—¡Sí!, ¿tiene algún pescado que me pueda vender?
—¡Por supuesto!, pero aléjese del muro que puede caerse.

Y ayudándola, la acompañó hasta su punto de pesca para ofrecerle un puñado de peces recién sacados del mar. Sin un ojalá cumplido se marchó a casa con la sonrisa reconstruida y el brillo de la vida, ojalá,  en cada una de sus arrugas.


Este es mi aporte (302 palabras) para la convocatoria de este jueves que coordina Inma desde su "Molí del Canyer" donde podéis encontrar a otros participantes con otros ojalás.

31 de diciembre de 2021

Más Allá de Media Noche...


Cuando recibí su invitación al baile me sonreí. La tentación es el juego perfecto de Monsieur. A nuestra disposición toda su mansión donde la seducción, el misterio y el instinto tienen cabida. Atreverse no es fácil. No querer volver, tampoco. Todo un mundo evocador a nuestros pies donde, sin darnos cuenta, revoloteamos como moscas sobre la miel buscando ser destino final de su mirada y de sus favores, corteses o no. Los favores de la noche son como los caminos del Señor, inescrutablemente misteriosos.

Ahora quiere abanicos, señales que desnudarán todas las intenciones. Tengo cierta curiosidad por ver cómo las damas se exponen. El mío permanecerá cerrado, hasta que lo considere adecuado, engalanando mi escote, entre la nube de mis pechos.

Mis pasos me abocaron al salón principal donde sonaba el vals que había abierto el baile. El león sonreía y el vampiro que aletea dentro de él afilaba sus dientes. Pasé ante la pareja, sin prisa, dejándome ver, arrastrando la falda de mi vestido como la cola de una serpiente zigzagueando. Le miré directamente e hice un suave gesto con la cabeza, una leve inclinación de saludo. Pude percibir el rugido del león recorriendo mi espalda y cada uno de los contornos de mi cuerpo. El león es sigiloso pero deja su aroma por donde pasa para marcar su territorio y esta noche, yo, quizá tan insolentemente como intencionadamente, lo estaba invadiendo.

Subí la escalera solemne, sin mirar más allá de los escalones, hasta llegar a los últimos. Entonces, crucé mi mirada con la de él que respondía sí a una pregunta que yo no había formulado.
Me acomodé en el aposento. Disfruté del champán bien frío, de las vistas al amplio jardín iluminado con antorchas cuyas llamas erigían las figuras de los setos como monstruos silenciosos. Abajo seguía la fiesta, los bailes reservados, los agasajos. Arriba, mi estrategia, mi paciencia y yo.
El león se prepara, acecha y ataca. La serpiente olfatea, va directa, clava sus colmillos... como el vampiro. Y cuando todos son, al mismo tiempo, presa y cazador se produce la eclosión de dos sangres, de dos instintos de lucha, dos instintos de vida.

La puerta se abrió. Las velas tintineaban. Mi vestido perdía su norte y mi propósito, a punto de ver sus logros. No hubo palabras. Solo las miradas se fortificaron sobre las pieles.

—He reservado el mejor baile para vos, mademoiselle.
—No esperaba menos de vos, Monsieur.

Solo en ese momento abrí mi abanico para que ahora fuera él quien sintiera el verdadero mensaje que le enviaba. Sus formas eran el mejor agradecimiento por asistir a su baile. Y yo, a su altura, correspondí. Porque yo soy, en sí, todo un abanico de piel, entrañas, y alma.