En el telar de mi ser, entrelazo las letras que brotan de mi alma, tejidos de sentimientos y emociones que danzan sobre este lienzo negro que mi pluma transfigura. Anhelo que cada palabra, cada trazo, trascienda y se convierta en eco en tu ser para fundirte en el velo mágico de mi memoria. Que mis versos sean puentes que nos unan en un abrazo sólido, y que mi tinta sea un testigo del vínculo que florezca entre tú y yo. En cada línea trazada, en cada verso susurrado, te escribo con el alma para que en el tapiz de nuestras historias encuentres el eco vibrante de mi ser y la esencia de este nuestro encuentro. Que mis letras sean hilos de un lazo indisoluble entre tú y yo, donde el tiempo se detenga y la eternidad se haga presente. En cada palabra entrelazada, en cada estrofa compartida, tejamos juntos la trama de un sentimiento duradero, donde nuestras almas se encuentren en todos los rincones de esta bella historia.

26 de febrero de 2020

Petronila...

Un  Jueves, Un Relato
Mi encuentro con...


Mi padre y yo madrugamos mucho para llegar hasta Barbastro. Cargamos la carreta y arreamos a la mula. Sería un buen día para vender las verduras de nuestra huerta y las tortas y mermeladas que hacían mi madre y mi abuela. Esa calurosa jornada de primeros de agosto había mercado especial ya que se celebraba un acto real: El pacto de boda para Petronila con un conde barcelonés, un tal Ramón Berenguer.

Ese día fue la primera y última vez que la vi en persona. Tenía ella poco más de un año y yo seis más. Iba con sus fastos ropajes de color mostaza y oro de la mano de su ama. Si no hubiera sido por eso, podría haber pasado por una niña cualquiera, Petronila Ramirez, pero era hija de un monje, rey de por vida pero monje, que solo había abandonado su convento para la entronización, casarse y engendrar un hijo, que fue hija: Ella.
Su padre, Ramiro II, llamado el monje.

Nuestro puesto estaba al lado de la fuente de tres caños y al lado de Ventura, el que vendía el mejor vino de cosechero de toda la zona. Decían que incluso el abad de la colegiata de Santa María de Alquézar le encargaba el vino para misa.
Con aquel calor fueron muchos los que se acercaron.

Y apareció ella, como un rayo de sol entre matorrales.
La miré con una sonrisa. Ajena a todo lo que le acontecía, sonreía. Yo solo era otra niña así que todo aquello me resultaba igual de ajeno. Había ido a ayudar a mi padre y tenía que vender toda la torta, hasta la última miga. Petronila se aupó sobre el borde de la fuente. Se amorró al chorro y se mojó. En dos zancadas llegó hasta nuestro puesto y sus ojos se fijaron en mí. El ama me pidió un trozo de torta pero no se lo daría hasta que me entregara lo que costaba. Mi padre se disculpó por mi impertinencia y recibí un pequeño sopapo. Algo le dijo el ama a mi padre que este se puso colorado. 
Petronila debía tener hambre porque dio un gran bocado a la torta. Yo hice lo mismo con otro trozo que tenía reservado para mi almuerzo. Las dos reímos. Recogí mi moneda y se la di a mi padre. Cuando giré la cabeza ya no alcancé a verlas pero luego la plaza quedó casi vacía.



Este es mi aporte a la propuesta de Demiurgo desde su blog "El Demiurgo de Hurlingham" donde podéis hallar más encuentros. 
He elegido la figura de la primera reina de Aragón. El acto de las Capitulaciones, 11 de agosto de 1137, es considerado como el germen de la Corona de Aragón.


Esponsales de doña Petronila con Ramón Berenguer IV, conde Barcelona.
Claudi Lorenzale Segrañes (1815-1889)

20 de febrero de 2020

Un Jueves, Un Relato
Videovigilancia y seguridad privada


Nos creemos libres dentro de esta jaula por muy de oro que sea. Unos están por encima pero nos hacen creer que todos somos iguales. Y es mentira. Mentira que seamos libres aunque no veamos los barrotes de esta jaula donde somos pájaros de alas cortadas. Miro desde mi ventana. Todo parece en orden pero los mil ojos de Gran Poder perciben hasta el impacto de nuestra pisada, hasta la voluntad de nuestro pensamiento. Y, a pesar de todo, algunos nos creemos a salvo dentro de nuestro nido aunque, al otro lado de las pajas que sustentan estas paredes, vean el calor de nuestros cuerpos y el vaho de nuestro aliento; a pesar de que nuestros movimientos sean capturados, a pesar de que nuestra voz en off sea escuchada por los oídos, aparentemente, sordos de los que escuchan.

En esta sociedad distópica donde nos hacen comulgar "por el bien de todos", las normas dejaron de ser útiles desde el momento en que todo se convirtió en "Notitia Criminis", en el preciso instante en que mirábamos y veíamos lo que querían que viésemos luego que intentaron también que miráramos aquello que se pretendían camuflando pensamientos únicos, desvinculándonos de nuestro instinto y de nuestra idiosincrasia. Tristemente, quedan rebeldes. Rebeldes sí, pero ignorantes de que en esta jaula no hay pájaro que vuele porque, al final, todos somos esclavos de nuestros propios designios. La libertad tiene las costuras muy delicadas. Solo se goza a condición de no usarla o de creer que es usada.



Arte de Courtney Brims


Texto con el que participo en la convocatoria de este jueves que promueve Juan Carlos desde su blog "¿Y qué te cuento?" sobre videovigilancia y seguridad privada. Si deseáis, podéis  leer ahí otras versiones sobre el tema.

13 de febrero de 2020

El Alma Oscura de la Noche...

Un Jueves, Un Relato
Sucedió en el bus


Era el último tramo del trayecto después de algún que otro pequeño incidente que me había interrumpido, o la lectura, o el sueño. Y ya no había más pasajeros. Como casi nunca. Por alguna curiosa razón, la noche, tan oscura ahí afuera, al otro lado del cristal, había mostrado una cara extraña, jugando con mi mente y con mis recuerdos de adolescencia, cuando las sombras se enredaban en mí y exhalaban experiencias que siempre guardé en silencio. Porque, quién podría comprender sin ver. Y aun viendo, existiría la duda, alguna explicación inexistente. Pero, aquello no era una señal de tráfico tapada en el margen de la carretera, ni un árbol seco, muerto, que la luz de la luna hacia fantasmal y que alguien adornaba con unas flores de plástico. No, aquello era otra cosa. Y era inquietante y recurrente al tiempo y al espacio.


No deseaba ver más de mi reflejo en la ventanilla. El conductor frenó bruscamente el autobús cuando la figura apareció en medio de la carretera. Se giró hacia mí. Nuestras miradas se encontraron a pesar de la oscuridad. Él buscaba una respuesta. Yo la tenía pero sabía que no estaba preparado para escucharla, para saber la verdad.
Aquella forma se movía ágil, aparentemente ajena a nosotros, sin arrastrarse. Llegó al otro lado del autobús, siguió el arcén hasta quedar a la altura de mi ventanilla. Creo que los latidos de mi corazón eran como los eslabones de una cadena que alguien arrastraba. El silencio se podía cortar. Sin embargo, yo era capaz de escuchar aquella voz de una boca sin boca, de un rostro sin rostro, de un ser… ¿sin alma? :
«Perdóname».
«Jamás mientras esté viva».



Para unos es una leyenda urbana. Una de tantas. Lo llaman el fantasma del cruce o también del perdón porque se aposta en la carretera como si así estuviera pidiendo. Para otros es un padre, un hijo, un hermano... Para mí, un indeseable, un ser despreciable. Un torturador. Un violador. Un asesino. Y ruego que no me compadezca y le perdone antes de morir. Porque solo merece sufrir todo el daño que causó.


Este es el texto con el que participo en la convocatoria de este jueves programada por Alfredo desde su blog "La Plaza del Diamante". 
Ahí podéis verla y también la posibilidad de leer a otros participantes.