Un Jueves, Un Relato
La habitación del cuadro
Caminé por el pasillo hasta llegar a la habitación cuya única puerta estaba cerrada. Podía oírse el eco de mis pasos siguiéndome, retumbando en el pasillo mientras, fuera, el viento ululaba estrellando las últimas hojas del otoño contra los cristales de los ventanales. Sentí frío. Hacía frío en aquella casa. Los rayos del sol de mediodía apenas entibiaban. Abrí la puerta, y un intenso perfume a madreselvas me abofeteó. El aire silbaba colándose por los resquicios de la ventana, moviendo la cortina como si una mano alegre la estuviera agitando. Me sobrecogí al escuchar la dulzura de un canto. Me llevé ambas manos al pecho intentando sujetar un corazón que latía como si el mismísimo demonio estuviera intentando arrebatármelo. Respire hondo, y me dolió. Un extraña angustia abrazaba la desnudez de aquella estancia. En las paredes, las marcas de los muebles, de los cuadros, la chimenea que ya no prendería en mucho tiempo...
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"Mujer en sillón azul" / Léon Kroll |
Quería levantar la vista. Mirarla. Impregnarme de la belleza de su paz, de la candencia de su boca, de la ternura infinita de su mirada. De su piel arropada en blanco... Pero estaba siendo cobarde. Incapaz de enfrentarme a ella. Eran mi propio miedo, mis sentimientos de culpa y de vacío quienes me hacían agachar la cabeza. O la tristeza de la ausencia, de la lejanía. O la pesadez de los recuerdos que se ahogaban en mi memoria como ecos de un pasado que se me había escapado de las manos, como su último hálito a la égida de mi boca, bajo el baño incesante de mis lágrimas.
—Señor, se hace tarde.
Tardé en volver en mí. La voz de Mauro me pareció tan lejana que creí era irreal.
—Sí, es la hora, Mauro. Bájala con cuidado y acomódala en el carruaje. Iremos juntos.
—Si, señor.
Apoyé la mano en el hombro de Mauro. Ambos apretamos los labios. Salí de la habitación a paso apresurado. Me asomé por uno de los ventanales. Los caballos estaban inquietos. Presienten la tormenta. Temía un viaje incómodo pero ella está conmigo.