Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos…Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, te pertenecen en pensamiento desde este instante en que tú me lees…

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Y cierro los ojos para abrir mi ánima…

14 de enero de 2016

El no oficio de mi abuelo...


Yo era muy niña pero, en aquellas tardes de calor, recuerdo la labor de mi abuelo, ahí en el pueblo. Me sentaba con otros niños en los escalones de la casa de la vecina. Las piedras aún estaban calientes después de toda la mañana al sol. Y en aquella pequeña plazoleta, veía a mi abuelo aventar la lana.

Unos días antes, mi madre y mi abuela habían ido al lavadero a lavar las fundas de los colchones y almohadas: Rayas rojas o verdes o esas otras que se hacían de restos de otras telas.
Mi abuelo se preparaba las varas y sacaba la caja de madera de bucho (boj) donde guardaba  las agujas, los punzones y las lizas.

Recuerdo que las dos varas de buchoen las manos de mi abuelo silbaban en el aire como una canción y levantaban la lana, no de cualquier manera, sino que los movimientos de brazos y muñecas hacían que volara como si estuviera nevando a pleno sol. Me había explicado que ese modo de aventarla era para que los nudos se soltaran, para que se desprendiera bien la suciedad y la lana tomara aire para coger esponjosidad.

Yo también participaba de algún modo. Me encargaba de ir a la despensa, donde en un saquito de tela tenía sus hierbas. Las íbamos a recoger unas semanas antes, respetando su floración, su temporada. Y él las conocía perfectamente. Así que yo le acercaba las que me decía, las que había preparado con él.

Aquellas manos, acostumbradas a los trabajos rudos, y también a curar, se convertían en diestras y finas para coser las telas y formar los colchones. Casi era como un ritual. Así lo recuerdo yo. Ya cansado de varear, extendía la lana correspondiente sobre la enorme tela, dejando la mitad libre para poder juntarlas después. Antes de eso y de empezar a coser, esparcía las hierbas por encima de la lana. Eran para conciliar el suelo y reconfortar, decía.
Con un punzón y varios dobles de liza iba atravesando, de arriba abajo y a lo ancho y largo de manera emparejada, el colchón. Yo pensaba que era para que quedara bonito con aquellos botones de madera. Él se reía y negaba con un gesto mientras con la mano sobre mi cabeza, como si me estuviera bendiciendo, me explicaba con paciencia que era para sujetar la lana y dar firmeza al colchón.

Mi abuelo no trabajaba de colchonero pero hacía ese trabajo como el mejor.



Dorotea, desde su blog “Lazos y Raíces” nos anima a recordar alguno de aquellos antiguos oficios, hoy vivos casi solo en la memoria de los más mayores.

22 comentarios:

  1. He visto desempeñar ese trabajo, antes los colchones eran de lana, el mio lo era, y creo que había dos maneras de hacerlos unos con botones y otros no pero no recuerdo el nombre, me ha gustado que recordaras a tu abuelo, el mio era buzo ¡Que tiempos! un abrazo

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  2. Oh, mira, ese oficio no lo conocía, es bonito recordar aquellos tiempos con los abuelos, como bien dices, eran casi como un ritual las cosas que se hacían con ellos, yo me acuerdo mucho de él
    Mi beso, cielo

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  3. Oficio, aquello que se aprende por experticia y no siempre se estudia o se perfecciona en una escuela, pero se realiza con maestría. Ese es el arte de tantas personas como lo hacía tu abuelo.

    Beso dulce.

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  4. Yo nunca he visto este tipo de labor de cerca, en mi niñez vivía siempre en zonas costeras...quizás sea por eso...pero debe ser maravilloso tener esos recuerdos de tu abuelo y de tu niñez..preciosa tu entrada, Mag,..besos

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  5. Muchas gracias Mag por relatarnos con detalle el no oficio de su abuelo.
    Me ha gustado mucho así como las fotografías que nos muestra.
    Abrazos.

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  6. Hola: yo recuerdo perfectamente el ruido que hacian los bastones.Una músiquilla, con un compás rápido que era única e identificable desde lejos.
    Un recuerdo entrañable de aquellos años grises y tristes de la posquerra.
    UN abrazo, amiga.

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  7. Qué bueno que nos traigas estos recuerdos, me vienen a la mente esos colchones de lana que había que zurcirlos aunque yo no lo llegué a ver nunca, pero sí en casa tuvimos esos colchones.

    Me encantó que trajeras estos recuerdos en el relato juevero, yo esta vez ni tiempo para participar.

    Un beso pecaminoso.

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  8. Conozco ese oficio y la verdad es muy sacrificado, en aquellos tiempos imaginate, tal y como nos lo cuentas, es bello tener esos recuerdos tan hermoso, yo no pude conocer a mis abuelos y asi mas me meto en vuestros recuerdos .

    Besos muy dulces y feliz dia

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  9. Es necesario recordar aquello que ya no existe y forma parte, de alguna manera, de nuestra vida.

    A tus PIES

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  10. Eran duros oficios de gente dura. Yo de pequeña recuerdo haber conocido algún colchón de lana.
    Un saludo.

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  11. Una entrada muy interesante para conocer el pasado más reciente y que ya prácticamente hemos olvidado (por desgracia). Desde luego, eso si era una vida dura y no se quejaban tanto como hoy...

    Me ha gustado mucho.

    Besos.

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  12. Es hermoso recordar nuestras raices Mag. De una forma u otra desde sus entrañas venimos. Hermoso relato. Un beso

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  13. Pues sería algo habitual, pero aquí, uno que es de ciudad, piensa que debía ser un verdadero espectáculo. Si no lo he visto con mis ojos, lo he visto con mi imaginación guiada por tu relato, lo que te agradezco.
    Muchos besos.

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  14. Vaya, logré ver con mucha facilidad lo que narras, mi Azul....
    Qué bonito recuerdo...

    Besos y cariños, bonita.... ;)

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  15. Como no soy de pueblo he leído asombrada esa descripción del arte de los colchoneros. Y mi descanso sobre los colchones de lana en casa de mi suegra allá por los años 70, se hubiese hubiese visto favorablemente afectado por la actuación de alguno de ellos. Gracias por tu aportación. Un abrazo.

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  16. Siempre hay algo nuevo que aprender y valorar, me hizo recordar a mi tío abuelo, el hacia cobijas de lana en esos viejos telares que funcionaban a pedal, me encanta pasar a leerte porque siempre me voy sabiendo algo más.
    Besis Mag.

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  17. ¡Gracias por recordármelo! se me había olvidado ya, como lo de abrir la lana para hacerla más esponjosa ¡qué bueno!

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  18. Tienes un recuerdo precioso, y lo bonito es el haberle dedicado esta entrada. Los trabajos de aquellos tiempos... muy artesanales y laboriosos. Se merecen nuestra admiración al ver cómo se realizaban con tan pocos medios y conseguir maravillosos resultados.

    Mil besitos, preciosa mía y te felicito una vez más.

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  19. Os agradezco a tod@s y cada un@ de vosotr@s vuestros comentarios y palabras, de todo corazón y con todo cariño. Siento no poder ir un@ a un@ en esta ocasión.
    Y en breve, me pongo al día con vuestras casas, que ando a destiempo para casi todos.

    Besos enormes y abrazos fuertes.

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  20. Me ha encantado tu descripción de como aventar la lana para deshacer nudos, esponjarla y limpiarla. Yo sí que he dormido en esos colchones, pero nunca ví esa labor.
    Un fuerte abrazo.

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  21. Yo también he dormido. Es más, mi madre todavía tiene su almohada de lana. Hay cosas que recuerdo idealizadas, es verdad, pero me acuerdo de que esto lo hacía mi abuelo. Cuando él falleció, pues a venía el colchonero.
    Igual que recuerdo los sueños, guardo en mi memoria ciertas cosas de mi niñez. Y con mi abuelo, había un vínculo especial, cierto aire místico. Será que así lo recuerdo.

    Un besazo.

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  22. Un oficio que no conocia, y eso que durante mi niñez dormia en colchon de lana y que habia ido a lavar la lana al rio. Me imagino la lana flotando en el aire cual nieve....y es que lo explicas tan bien....Muy bueno, besos.

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