Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos

Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, te pertenecen en pensamiento desde este instante en que tú me lees

© ɱağ

Azul deMağdalia Mağade Qamar

Desde 2014

Y cierro los ojos para abrir mi ánima

30 de noviembre de 2017

Vindicta...


- No me acostumbraré jamás a la lluvia -se dijo-. Es lo que tiene salir de los infiernos.
El viento movió la pequeña campana de la ermita. Allí dirigió su mirada. Sonrió prosiguiendo sus pasos que levemente se marcaban en el suelo embarrado, ensuciando su vestido, ajado por los años, la humedad y la oscuridad.

Su corazón era como un hervidero de gusanos convulsionados por la sangre rabiosa. Su mente, el diseño de una venganza, y, en el escapulario, tallado sobre su pecho, tres muescas, cuatro cruces invertidas con los nombres de aquellos que le marcaron su destino.


Volvía a su pasado o, tal vez, a su presente, el que no había podido disfrutar, dispuesta a aniquilar, a borrar un nombre más. El que le faltaba.
Atravesó la ciudad sin apenas rozar el suelo, movida por su sed de venganza, dispuesta a todo, a destrozarle su magia, sus sueños… a segarle la vida sin mancharse, sin contemplaciones, sin remordimientos…  Estaba cerca, y en ella se producía el milagro de la fusión.  Su piel parecía sonrosarse, sus músculos ganaban fuerza, su rictus se volvía… humano… Y respiró hondo cuando ante sus ojos se situó la casa de quien aquella noche cambiaría de destino.
                               
Jamás hubiera llegado a imaginar que aquel hombre, aquel a quien ella había entregado hasta lo más íntimo de su alma, hubiera sido capaz de devastar  su felicidad, su deseo de vivir… Y a él, aquellas palabras de ella, justo en el último hilo de voz, no le habían dejado dormir bien desde entonces.


- Volveré y juro que me vengaré de cada uno de vosotros...

Y el silencio se hizo. Una losa para una tumba cavada. Cuatro. Solo los jadeos, el mismo miedo y un arrepentimiento a destiempo parecían latir en aquel hálito.

La primera muerte solo fue un leve recuerdo de aquel juramento. La segunda, un replanteamiento. La tercera… no podía ser una coincidencia. La tumba de la joven aparentaba haber sido profanada y en ella, inexplicablemente, aparecía algún objeto relacionado con el hombre muerto, como si alguien se hubiera cuidado de que lo hallarán.

Margara.
Su nombre repicaba en su mente como un mantra, como un canto maldito, como una plegaria de perdón… No. No iba a servir de nada. Ni su vigilia, ni sus precauciones, ni su deseo de no verla... Algo inundaba todo. Un aliento denso, una niebla no visible… El alma se rasgaba. ¿Su alma? ¿Qué alma?
Sobre su rostro, esa sensación gélida extendiéndose por todo su ser y la impresión de ser observado muy de cerca.

Abrió los ojos. Ahí estaba ella. De pie, a su lado, clavándole su mirada vacía. Sentía que el corazón se le paraba. ¿Qué corazón? Deseaba gritar, salir corriendo de ahí. Estaba paralizado. Muerto de miedo. ¿Más muerto? 

Se  derrumbó  sobre  el  suelo, suplicó  perdón,  dio  gracias  a  Dios por seguir  vivo, y se bebió sus propias lágrimas...
Sintió extrañamente, un escalofrío por el centro de su espalda que le dejo helado de nuevo. Alguien le tomó de la garganta y sintió presión ahí, obligándole a echar la cabeza hacia atrás. Le ahogó una bocanada de aire  con la sensación de quemarle los labios y la lengua mientras todo su cuerpo se estremecía. Percibió una voz, un sonido gutural, lejano y al tiempo, presente, comiéndole el aliento.

- Mi venganza no será matarte…  Será que vivas.

Y percibió sobre sus labios una glacial y húmeda caricia, un lametón en tanto algo, como alfileres gruesos, semejaba reventarle el cuello.



Este jueves, Yessy, desde su blog, nos invita a vivir una historia fantástica, oscura… 
Os dejo la mía y ahí podéis hallar más…

25 de noviembre de 2017

Matar al no destino...


Una taza de café humeante aguardaba a un lado sobre un plato de loza inglesa. Desearía no tener que comprobar la hora en el reloj pero el tiempo era insalvable.
Las lágrimas ya no corrían por sus mejillas. Se habían secado en algún lugar de la memoria donde también hubiera querido meter todos los pensamientos oscuros que bordeaban su vida desde que ataran su corazón hasta estrujarlo y ahogarlo en su propia sangre, en su propio dolor.



Ahora miraba a su alrededor. Una cocina solitaria, donde ya no se cocinaba para dos, donde los “tú y yo” se disipaban en los recuerdos, donde las risas se habían desvanecido…, donde solo estaba ella y toda la pena se contenía en cada gramo de rabia…
Tomó un poco de café, más tibio que caliente…, y el cuchillo se convirtió en un amante sin más destino que su mano. Lo cogió, apretando el puño. Sus venas parecían marcadas a fuego, los nudillos parecía que fueran a abrirle la carne, y el alma le oprimía en el pecho, queriendo salir.

Respiró hondo. Pensó el momento. Elevó la mano. No le temblaba, y con toda la fuerza que pudo, sin más cuidado que el de poder acabar con aquel dolor, aquel insano dolor que le arrebataba la vida…, lo clavó sobre el manojo de fotos que confirmaban la traición de un amor… mientras terminaba de sonar aquella canción…



- ¡Corten! –dijo el director de escena. Ella levantó la vista y sonrió a cámara, la del fotógrafo que le dedicaba cada uno de sus instantes.



Relato para el reto de Gin, "Silencio, se rueda..." que podéis ver junto a otros en:



 Dale a la claqueta:---}   Resultado de imagen de claqueta    si te hace verlo en un vídeo montado.


Gracias, Gin, por tu creatividad y por el postrabajo que conlleva configurar todas la aportaciones que recibes pero, sobretodo, por el cariño que le dedicas.

21 de noviembre de 2017

Yermalis...



En mi boca cerrada
se quedarán para siempre las palabras calladas,
que un día pudieron latir bajo las yemas silentes de tus dedos,
o reverberar sobre el aliento tibio, silbado entre tus labios.

En el vacío de mis manos
seguirán prendidas las hebras que crucificaron este destino.
Errado, desatinado... Desmedido en nómadas voces.

En mi cuerpo,
tan herido como hiriente,
fecundarán las semillas que un día el viento trajo
encepadas en sus vuelos de cigüeña.

Con mis lágrimas,
relente agridulce,
derramaré tus silencios.
Y seré, serena, sed para ti.
Recuerdo albo de un suspiro.
Llanto para un     alma yerma.
  (tu)


©ɱağ

15 de noviembre de 2017

Silente entre mi alma... y un suspiro...


Me inclino ante Tu Tinta 
derramada sobre mí.
Piedra negra de tierra sostenida.

Caricia diluida en verso y deseo, 
en pasión y enjambre de alhelíes.
Y el vacío revolotea
en una voz crepuscular
empeñándose en arabescas geometrías,
entregándose al silente musitar de suspiros quebrados.

Te posas en las marismas de mi piel,
como murmullos ambiguos en las manos
naciendo tallo injertado ya sin abrojos. 
Dosel de mi ánima libre te eriges 
y enredadera enhebrada de ósculos 
puntea este secreto
que es tenerte
entre mi alma... y un suspiro.

Un destino a destiempo.
Ecos de caracolas al Viento.
Silencio.
El sonido de mis párpados cerrados
tañidos en lágrimas de sal.
El ancha sobre mi  pecho.
Espuma de consuelo
de este mar de barro.
Eterno sin mí...



 ©ɱağ

9 de noviembre de 2017

Resuellos de Otoño...


Me desnudo de primavera para todo tu otoño. 
Marañas salvajes de ramas y viñedos, 
de flores ocres y troncos arremetidos.
Hojarasca sentida y vibrada.

Hiedra mi cuerpo, encaramada a tus muros.
Salvaje.
Obscena.
Trémula... y errante.

Tus manos, tus dedos, tu boca...
Esquejes de helecho húmedo
sobre bosque sombrío, prendido.

Copas de fuego y azufre.
Escaramujos que ondean sobre las espinas,
bajo el muérdago hiriente de rocío.
Mis pechos armados a tu pecho.

Mil hojas desparramadas sobre cada poro de la piel,
perplejas alianzas de tu deseo osado
y de mi olvidada timidez.
Manto que cubre nuestra desnudez.
Arrebolada.
Cerúlea.
Erizada.
Flores malvas.

Granada desgranada y gemida.
ungida con agujas de pino escarchado,
embebida con jugos de frutos silvestres
destilados entre tus labios...
como un resuello.

Este jueves, Inma, desde su Molí del Cayer, nos invita a vivir el otoño.