Al rozar los míos cuales deseosos se apoyaron lujuriosos;
nos sumimos en un abismo desenfrenado y loco.
Mis manos acariciaron el blancor de sus pechos
que en tonos rojizos clamaron por mi lengua;
y en ese erotismo sensual e inquieto
recorrí ansioso el universo sexual.
Fue en el ocaso cuando jadeamos exhaustos,
al alcanzar la exaltación de un bello orgasmo.


