En el telar de mi ser, entrelazo las letras que brotan de mi alma, tejidos de sentimientos y emociones que danzan sobre este lienzo negro que mi pluma transfigura. Anhelo que cada palabra, cada trazo, trascienda y se convierta en eco en tu ser para fundirte en el velo mágico de mi memoria. Que mis versos sean puentes que nos unan en un abrazo sólido, y que mi tinta sea un testigo del vínculo que florezca entre tú y yo. En cada línea trazada, en cada verso susurrado, te escribo con el alma para que en el tapiz de nuestras historias encuentres el eco vibrante de mi ser y la esencia de este nuestro encuentro. Que mis letras sean hilos de un lazo indisoluble entre tú y yo, donde el tiempo se detenga y la eternidad se haga presente. En cada palabra entrelazada, en cada estrofa compartida, tejamos juntos la trama de un sentimiento duradero, donde nuestras almas se encuentren en todos los rincones de esta bella historia.

19 de abril de 2015

Ebria de ti...

Me acuesto ebria de ti y me despierto aún emborrachada, pero como adicta a ti, mi cuerpo se renueva con hambre del tuyo.

Mis entrañas todavía vestidas de tus sedas blancas y  aún así, mis manos dibujan arabescos sobre mi propia piel, marcando de nuevo los surcos horadados por las tuyas, por tu boca y por tu lengua, por tu piel relojes antes…, haciendo que mi mente renombre entre las mismas llamaradas que te maldicen, los momentos lidiados, batallados y pugnados en esas batallas entre tú y yo, esas que nos hacen alcanzar la gloria y honra de este ebrio sentimiento.


7 de abril de 2015

Libídine...

Me moviste hacia el borde de la cama, dejándome de rodillas, con las piernas abiertas, con el trasero casi en el aire y los pies fuera de la cama. Con una mano me sujetaste el pelo, obligándome a que echar la cabeza hacia atrás, con el cuello tirante, preparado para ser besado, acariciado y mordisqueado. Con la otra, mis pechos eran el juego perfecto y sus pedúnculos, el reclamo más solícito. 

Tú, de pie, detrás de mí, con el cuerpo vencido hacia el mío, te movías sin contemplaciones, poseyéndome una y otra vez, dejándote sentir dentro de mi libídine, empapada, esclava de tu miembro, de los embates de tu cuerpo, de la osadía de tus caderas.

1 de abril de 2015

Entre miradas...


Y así te observo: Desde la distancia de mi silencio...
Yo con mi prensa, sin fijarme en las letras. El café, humeando en la taza.

Tú estás ahí: Absorto en tus cosas, en tus palabras, en el siguiente verso... en la siguiente prosa de sensaciones... Perdido en ese mundo de letras, sonidos y sensaciones con las que te vistes siempre.
Y vagas..., vagas en mi mente, entre los espacios perdidos y encontrados en ese mañana que es hoy, en ese hoy que fue ayer... En ese será que es.
Inalcanzable en un segundo; permanente en un minutos; eterno en una hora...
Cuando te gires y me veas, cuando tu mirada se clave en la mía, esquiva y tímida de entrada, penetrante y fija después... Desafiante, retándote a no perder más tiempo... porque sabes que me tienes, que me encontraste, que un día me hiciste tuya... y tuya sigo siendo.
(Yo)

Heridas en la piel como grietas en la tierra,
secas pero lenas de recuerdos,
de polvo que lleva el aire de un lado a otro;
lágrimas en los ojos,
lágrimas que escuecen como quemadura en las manos,
esas que un día te abrazaron,
te acariciaron,
te rodearon con finas telas de terciopelo.
¡Ohhh!
Ya no puedo más.
Me quedo vacío como cántaro que va a la fuente.
Mi boca, mi cuerpo...
al ser derramado como chorro de manantial.
¿Dónde estás?
¿Qué paso?
Esta es mi cruz, mi angustia, mi calvario.
No dejes que me desangre lentamente...
Ven... Ven... Ven...
Quiero tu voz en mi oído,
ese te amo que me hacía perder el sentido
como venda en los ojos.
Buscaba tu olor, siempre llena de esa suave fragancia
que recorría mi olfato y entraba en mí como hielo que enfría,
que quema el alma...
Ven... Ven... Ven...
Abrázame, rodéame a ti, con fuerza.
Soy tu pequeña vasija,
tan delicada que tanto te gustaba acariciar;
lléname de ti, hazme florecer en ese jarrón que es tu cuerpo.
Hazme desear formar parte de ti,
como los pétalos de la rosa y sus espinas.
Sí, mi mal humor, que tanto te gustaba y te excitaba.
remetías en mí como la mejor y más salvaje bestia
pero con la delicadeza de la brisa de la mañana.
Ven... Ven...Ven.
Dime como antes me decías...
Eres mía.
Ven... Ven... Ven...

(Diego)