En el telar de mi ser, entrelazo las letras que brotan de mi alma,
tejidos de emociones que danzan sobre este lienzo negro que, ante tus ojos, se ilumina.

Aquí confluyen los latidos y los desvelos de otras horas ajenas al dogma,
donde cada palabra es un puente y un testigo de este vínculo,
donde deseo que el tiempo se detenga y la eternidad se haga presente.

18 de enero de 2016

Héroe(s)...


"No hay ser humano, por cobarde que sea, que no pueda convertirse en héroe por amor." 
Platón
Y me decías que no sabías, que no podías quererme como merezco, que te daba miedo... que el tiempo pasa y nos perderíamos, que no estabas preparado para eso.. Y te llamabas cobarde, que los héroes de amor están solo en las películas…
Decías que no eras sangre de mi sangre y, en cambio, corre por mis venas.
Decías que no eras carne de mi carne. Cierto, pero tu corazón late vivo en mi pecho.
Eres alma en mi alma. Por ti vivo, por ti sueño, por ti padezco… Por ti es todo. Todo. Porque tú me has dado vida, La Vida.

Tú eres mi héroe. Tú vibras en mí. Tú eres yo. Yo soy esa parte que necesita tu corazón para continuar. Tú eres ese corazón que me hace seguir viva, con Vida. 
Porque la vida se me iba... hiciste los actos de Generosidad y Amor más grandes.

Héroes, palabra propuesta  por Sindel desde su blog
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14 de enero de 2016

El no oficio de mi abuelo...


Yo era muy niña pero, en aquellas tardes de calor, recuerdo la labor de mi abuelo, ahí en el pueblo. Me sentaba con otros niños en los escalones de la casa de la vecina. Las piedras aún estaban calientes después de toda la mañana al sol. Y en aquella pequeña plazoleta, veía a mi abuelo aventar la lana.

Unos días antes, mi madre y mi abuela habían ido al lavadero a lavar las fundas de los colchones y almohadas: Rayas rojas o verdes o esas otras que se hacían de restos de otras telas.
Mi abuelo se preparaba las varas y sacaba la caja de madera de bucho (boj) donde guardaba  las agujas, los punzones y las lizas.

Recuerdo que las dos varas de bucho (boj) en las manos de mi abuelo silbaban en el aire como una canción y levantaban la lana, no de cualquier manera, sino que los movimientos de brazos y muñecas hacían que volara como si estuviera nevando a pleno sol. Me había explicado que ese modo de aventarla era para que los nudos se soltaran, para que se desprendiera bien la suciedad y la lana tomara aire para coger esponjosidad.

Yo también participaba de algún modo. Me encargaba de ir a la despensa, donde en un saquito de tela tenía sus hierbas. Las íbamos a recoger unas semanas antes, respetando su floración, su temporada. Y él las conocía perfectamente. Así que yo le acercaba las que me decía, las que había preparado con él.

Aquellas manos, acostumbradas a los trabajos rudos, y también a curar, se convertían en diestras y finas para coser las telas y formar los colchones. Casi era como un ritual. Así lo recuerdo yo. Ya cansado de varear, extendía la lana correspondiente sobre la enorme tela, dejando la mitad libre para poder juntarlas después. Antes de eso y de empezar a coser, esparcía las hierbas por encima de la lana. Eran para conciliar el suelo y reconfortar, decía.
Con un punzón y varios dobles de liza iba atravesando, de arriba abajo y a lo ancho y largo de manera emparejada, el colchón. Yo pensaba que era para que quedara bonito con aquellos botones de madera. Él se reía y negaba con un gesto mientras con la mano sobre mi cabeza, como si me estuviera bendiciendo, me explicaba con paciencia que era para sujetar la lana y dar firmeza al colchón.

Mi abuelo no trabajaba de colchonero pero hacía ese trabajo como el mejor.



Dorotea, desde su blog “Lazos y Raíces” nos anima a recordar alguno de aquellos antiguos oficios, hoy vivos casi solo en la memoria de los más mayores.

11 de enero de 2016

Desencuentro...


Te pido, Viento, que crees una bruma con tus nubes y me escondas tras ella. Te pido, Luna, que me disculpes si no te cuento todos mis secretos ni todas mis verdades. Ahora todo parece ecos y mentiras de mi boca. Intentos falsos en este desencuentro, mas concédeme la dicha de seguir dando luz a mi oscuridad.

Y cuidad de él, sobre todo de él. Yo no puedo. Quedan las cicatrices de las heridas sufridas en esta batalla. Queda la sangre de las inferidas recientes y esas…, yo no las puedo curar porque me las he autoinfligido sin darme cuenta.

Viento, prometo no volver a caminar sobre mis pasos. Ya no. Ya no puedo… Ya no debo. 
Seré el secreto de mi tumba. La libertad de su brisa.
Luna, perdóname por haber amado y ayúdame a volver a mirar con los ojos más alegres, con más esperanza, sin restos de heridas...

Perdonadme por todo si sabéis, si podéis... Yo cargo con mi culpa y pago por ella. Dadme tiempo a recuperar mi alma.
Brumas, podéis venir a buscarme. Estoy lista.


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Desencuentro, palabra propuesta por Sindel desde su blog
“Palabras de Sindel”
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