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Un antes lleno de recuerdos.
Un después lleno de olvidos.
Un después lleno de olvidos.
Se había levantado aquella mañana más contenta aunque no sabía el motivo. Observaba el paisaje a través de la ventana. Siempre le había parecido muy hermoso. Y parecía reconocer al gato cuando se rozaba en sus piernas, ronroneando, aunque, simplemente, lo llamaba “gato”. Era lo único que tenía claro de él.
Su vida era una serie interminable de archivos, de información repetida. Día a día, antes de irse a dormir, repasaba lo anotado sobre una página casi en blanco porque así era parte de su memoria al día siguiente. Al principio, no parecía ser tan duro como ahora y le daba miedo dormirse. Despertar era sentirse perdida. No saber dónde estaba, con quién estaba, cuándo, cómo… Todo cuanto vivía, experimentaba, pensaba, hacía… quedaba perdido a largo plazo, un plazo que no abarcaba más allá de, en ocasiones, minutos; a veces; horas. Y nunca superaba aquella jornada.
Habían pasado ya varios meses desde el accidente pero su amnesia anterógrada la mantenía esclava a la inexistencia de recuerdos. Un paso lleva a otro paso pero, en su caso, un paso siempre era un primer paso que no llegaba a ninguna parte.
Un antes lleno de recuerdos. Un después lleno de olvidos.
Ni tan siquiera tenía tiempo de sentirse mal, ni decepcionada, ni impotente. Se le olvidaba. Su mente era un continuo ordenador siendo reseteado sin haber guardado antes la información. Información caduca. Información perdida. Cierre de pantalla. Documento nuevo.
Su vida era nacer cada día pero con menos tiempo para vivirla.
Le habían recogido la cafetera de cápsulas y se hacía el desayuno con la cafetera de toda la vida. No tenía un teléfono inteligente. Le daba igual tener cien canales de televisión o ver repetida la película del lunes el domingo y seguía haciendo fotografías con la vieja réflex aunque olvidaba que las había hecho.
No pensaba en Flavio a pesar de ser el hombre que amaba. Tampoco cuánto lo amaba y su nombre era olvidado al tiempo de ser pronunciado. Era un tipo simpático que le traía flores todos los días, que dormía en la habitación de al lado según que noches, que le tocaba con la guitarra su canción favorita, que le preparaba el desayuno los días de fiesta y le hablaba de sueños compartidos que no siempre sentía fueran suyos, de lugares a los que no habían ido… pero irían. Le hablaba mil veces de unas flores del desierto que crecían a la luz de la luna y olían como azahar, de cómo se habían conocido o cómo había sido aquel primer beso o, incluso, cómo había sido de especial haber hecho el amor en aquella cabaña de la montaña.
Solo sabía que se sentía muy bien a su lado y se llenaba de felicidad, que le encantaba ser besada y abrazada por él, que se volvía loca cuando le hacía el amor… Y luego, todo era empezar...
Pero cada dos por tres se encontraba un cartel, un folio rosa flúor con una larga explicación que le recordaba que debía repasar su memoria artificial: Ir al salón, abrir el ordenador y ponerse nerviosa porque el sistema era nuevo aun siendo ya obsoleto. Buscar los archivos que tenía escritos según el calendario de su agenda, de la que no se separaba por nada del mundo, donde iba apuntando con frases inconclusas y expresiones alteradas aquello que vivía en un momento dado y le llamaba la atención. Ir a la pared del pasillo, obligado paso para moverse por la casa y donde se acumulaban fotografías de personas y cosas con datos pertinentes que le sirvieran de recurso.
Sin embargo, nunca le había gustado hacer punto y no había puesto interés alguno en aprender. Ahora hacía unos encajes preciosos. Nunca un gato tuvo una mantita tan trabajada.
Al final del día siempre tenía una nota que no era suya y que continuaba para ser la primera anotación del día siguiente:
... Hoy es un nuevo día, cielo. Todo un mundo por descubrir, un recomenzar. Vuelve a brillar el sol. Lo que pasó ayer ya no importa. Hoy tenemos de nuevo todas las oportunidades. Estás en mi mente y sé que yo estoy en alguna parte de la tuya. Mira mi foto. Mira a Flavio. Mira al hombre que te ama, que te busca y que esta noche te hará el amor.
Ten un buen día, amor. Te he dejado el café hecho. Muah… Muah…
La fotografía de ambos en París era el marca páginas de la agenda. La tomó en su mano y sonrió:
- Sé que te amo pero lo olvidaré en un momento. No volveré a pensar en ti hasta que vuelva a ver la foto y sonría de nuevo. En algún momento entrarás en casa y volveré a preguntarme por qué…
Tema 7-52: Da voz a los recuerdos y ofrece una solución en forma de historia para un personaje que pierde la memoria cada día.





