En el telar de mi ser, entrelazo las letras que brotan de mi alma, tejidos de sentimientos y emociones que danzan sobre este lienzo negro que mi pluma transfigura. Anhelo que cada palabra, cada trazo, trascienda y se convierta en eco en tu ser para fundirte en el velo mágico de mi memoria. Que mis versos sean puentes que nos unan en un abrazo sólido, y que mi tinta sea un testigo del vínculo que florezca entre tú y yo. En cada línea trazada, en cada verso susurrado, te escribo con el alma para que en el tapiz de nuestras historias encuentres el eco vibrante de mi ser y la esencia de este nuestro encuentro. Que mis letras sean hilos de un lazo indisoluble entre tú y yo, donde el tiempo se detenga y la eternidad se haga presente. En cada palabra entrelazada, en cada estrofa compartida, tejamos juntos la trama de un sentimiento duradero, donde nuestras almas se encuentren en todos los rincones de esta bella historia.

19 de marzo de 2020

Un Jueves, Un Relato
Altruismo

Cansado y entelerido por el frío se recostó sobre aquella colchoneta en la que se clavaba el jergón infinitamente usado. Sentía que la cabeza le iba a estallar y que no había una parte de su cuerpo que no le doliera. Sus huesos parecían no tener nombre pero los reconocía todos. Y aún le quedaban lágrimas.

Había llegado por casualidad... O no. Tal vez siguiendo una mano que le prestó ayuda en su momento, acabó desterrado en un lugar donde la soledad solo la tenían las moscas, donde la pobreza era de espíritu, donde los valientes e ignorantes no tenían orilla, donde las almas caritativas parecían haber tocado el cielo...
Se miró las manos. Estaban llenas de callos y grietas. Calientes ahora por aquel termo de sopa que la vieja de los gatos le había dado al pasar. Se miró los pies. Estaban hinchados, malheridos y sucios. Se sintió y se percibió vacío, sin esperanza, sin salida. Miró al cielo. Solo una luna solitaria como él lucía espléndida. Quizá para él fuera alguna de aquellas tililantes estrellas. Pero había algo que le diferencia de ella. A ella la contemplaban miles de ojos. A él solo aquel perro de mirada lánguida, de cuerpo flaco y ojos oscuros que le lamía las heridas... del cuerpo... y del alma. 
Tal vez esa noche tampoco fuera tan oscura. Y aún quedaban sonrisas.


Un gesto altruista está lleno de empatía, lleno de dignidad... Un gesto como una mirada o un abrazo en el momento delicado puede ser, o es, el mejor y más agradecido de los gestos. Y no tiene por qué venir de un ser humano porque los animales también tienen sentido altruista.

Este es mi aporte al tema propuesto por Myriam y en su blog "De amores y relaciones" hallaréis los enlaces a los trabajos de otros compañeros.


12 de marzo de 2020

Un Jueves, Un Relato
Una propuesta alocada


Imagen libre tomada de la propuesta de María José

"Acudió a su encuentro al amanecer", cuando las farolas del parque consumían sus últimas luces y todo quedaba envuelto en una ligera bruma, como si Calígine hubiera extendido su poder. Respiró profundamente, sintiendo los golpes de sus latidos acompasarse al crujido de las hojas que pisaba lentamente mientras arrastraba los pies. Tenía un fuerte palpito. Todas las pruebas conducían a él pero había una evidencia que le hacía confirmar sus sospechas. Él no era el monstruo original pero sí alguien que lo copiaba al pie de la letra, alguien peor que estaba demasiado cerca, incluso de ella. Pero no estaría plenamente convencida hasta encontrarse cara a cara con él. Primero "escuchó un suspiro y luego un silbido". Aquella no era la señal acordada. Se giró sobre sus pasos. Lo tenía a su espalda, clavándole la mirada como hace un depredador con su presa. Pero ella no iba a darle muchas oportunidades. Se abalanzó sobre ella y esta apenas tuvo tiempo para reaccionar. Cuando apuntó con su arma, el hombre, en su propio impulso, caía ya en el suelo y el cuchillo se mantenía sobre la palma inerte de su mano.
Miró hacía atrás. Le reconoció. Asintió con un gesto, y ambos se perdieron en la luz de la mañana.
"Cogió el último tren y se guardó el secreto".



Esta semana, María José desde su blog "Lugar de Encuentro" nos invita a elegir un comienzo dado para nuestro trabajo y una imagen. Solo había que elegir una pero me han venido bien al texto un par más.
Este es mi aporte. Podéis leer más en su blog.

5 de marzo de 2020

Mâher, el Cid...

Un Jueves, Un Relato
Personajes fuera de su ubicación original


Despertaba bajo la tenue del amanecer. Un cielo invadido de estrellas se tornaba tornasolado de arreboles ante la espesura de su mirada. Un poco de leche de camella, unos dátiles y un té cargado eran sus primeros bocados antes de empezar su tarea: Entrenar con los hombres en el arte de la lucha.

Se había unido a un grupo de guerreros imuhars cabalgando bajo el impertérrito sol de aṣ-Ṣaḥrā. Ello le había permitido dormir resguardado en la comodidad de una haima y disfrutar de la salvaguarda del imajaghan.
Se encontraba a gusto entre ellos. Disfrutaba de sus charlas y aprendía estrategias. Él les hablaba de sus luchas, de sus conquistas, de haber estado bajo la tutela y al servicio de un rey árabe del que aprendió costumbres e idioma antes de decidir partir hacia África y adentrarse en la aventura de encontrarse a sí mismo.

Alguien lo había llamado Ghiyah, el que protege y socorre a quién necesita.
Aquella atardecida, Ayur se encontraba con su pequeño rebaño de cabras a la orilla de aquel vergel a la sombra de un pequeño poblado. Un par de jóvenes ociosos se fijaron en ella, acosándola y haciendo que su ganado se desperdigará.  Montado en su Babieca —que también empezaba a asimilar que los días eran como las sofocantes e irritantes jornadas de pleno estío en plena batalla; y las noches, como las largas oscuridades de invierno en Castilla o en las altas tierras de las taifas— llegó Rodrigo a socorrer a la joven que, agradecida, quiso que su padre le conociera y así reconocerle el gesto.

Otros, Ayham, el hombre valiente y con coraje. Así lo nombraron después de presentar batalla ante un grupo de asaltantes que violentaba a una reducida recua de comerciantes que se viajaba hacia el este. No dudó en desviarse de su camino hasta dejarla a salvo.

Había pasado demasiado tiempo desde que abandonara por primera y última vez la taifa de Saragusta. Ya nadie le llamaba por su nombre. Rodrigo quedaba como el resquicio de un recuerdo que se apagaba del mismo modo que se caían las arenas del desierto entre sus dedos.
Ya no era el adalid de su mesnada. Ahora era un imuhar. Un guerrero azul. Y como tal era aceptado en la tribu. Su nombre Mâher el experimentado, el Cid.*

Tuaregs = Imuhars
La palabra cid (hombre fuerte y valeroso) viene del árabe سيد (sayyid = señor). 
Puede darse también como sid o sidi.

Este es mi aporte para la convocatoria que hace Dorotea desde su blog "Lazos y Raíces" donde ya sabéis que podéis ver otras ideas acerca de esta curiosa propuesta donde un personaje conocido es sacado fuera de su contexto.