Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos

Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, te pertenecen en pensamiento desde este instante en que tú me lees

© ɱağ

Azul deMağdalia Mağade Qamar

Desde 2014

Y cierro los ojos para abrir mi ánima

2 de abril de 2020

Un Jueves, Un Relato
Desde mi ventana... la vida sigue


Y luce el sol. Reina un curioso silencio que los pájaros, tal vez extrañados, acompasan juguetones mientras se regocijan en un charco de tierra entre los claroscuros de unos árboles demasiado jóvenes. Un perro ladra a lo lejos. O dos. Se oye música. No es celestial pero acompaña. Parece que ya no me molesta tanto. Quizá la paciencia sigue buscando límite o mis pensamientos han aprendido a volar más alto.

Aquí dentro, a este lado de la ventana abierta, entre el jolgorio de los gorriones y algún verderol de fuera y el teclado bajo mis dedos... otro silencio calmo, preludio de lo que mis ojos verán y mis oídos escucharán al medio caer de esta tarde de una hora más, cuando rompa un clamor. Y tú, tumbado sobre la cama, acoges sin ganas el libro de nunca acabar. Te remueves como si la postura te buscará pero tú no la encuentras. Y, como un potro, relinchas.

Cierro la última frase por hoy. Huele a café y a hierbas emulsionadas. Tus huellas pasean por el pasillo. Me pregunto dónde vas... y estrellas un beso en mi frente. Abrimos la ventana esperando ese grito que habla sin palabras. Ese rumor que no es olas de mar ni el rugido del asfalto. Son voces de manos que, tibias, sonríen sin esperar más que otras palmas agitándose al aire, deseándolo atrapar, mientras un eco se escucha al fondo y luces de tonos naranjas y cerúleos fluorescentes, parpadean en un río de orillas breves pero estela larga, donde ondean los sinsabores que se alzan al vuelo, cielo arriba, buscando un camino de esperanza y libertad. Y estas braman una vez más, revoloteando alrededor, suspirando y clamando su presencia, vestida de ilusión, con chispas de luz en sus ojos... como en los míos, como en tu mirada que es reflejo de infinitas miradas, de infinitas ilusiones. De infinita esperanza. De pronta libertad. De vida, porque la vida, no lo olvido, sigue latiendo. Está aquí. Está ahí afuera, asiéndonos tan fuerte que duele... Y yo contigo.



Me hubiera gustado un vídeo pero por problemas técnicos no lo puedo subir así que os he dejado este corto montaje con 6 fotos del domingo, 29 de marzo. Dura apenas 30 segundos.


Este es el texto que sirve de aporte a la convocatoria de este jueves que promueve Inma, desde su blog "Molí del Canyer", donde podéis ver más.


29 de marzo de 2020

Cierre de Convocatoria...

Con mi convocatoria cerramos el mes de marzo que ha estado lleno de historias de todos los tintes. Las de esta semana se han impregnado de color y de arte. Hemos aprendido un poco más se sentimientos y emociones y descubierto algunos de nuestros gustos pictóricos. Hemos vivido situaciones ensoñadas, situaciones oscuras, llenas de incertidumbre. La realidad de la vida colgada de un cuadro de la pared que nos ha enfocado en el infinito de los azules a la esperanza de los verdes, que nos ha conducido desde los campos dorados hasta el laberinto de los infiernos; desde nuestros miedos hasta nuestras ansias de salir y volar cual pájaros libres, que nos ha dejado con la mirada pegada al mar y las nubes, a los deseos más oníricos y bucólicos.

Y todo ello, como interesados espectadores, sentados desde nuestro sofá. Nuestros ojos se han fijado en las letras y en los colores y, al final, nos queda la satisfacción del trabajo bien hecho y compartido. Pero, sobre todo, la compañía de los demás a través de esta ventanita que abrimos cada jueves.
Por todo ello, deseo agradeceros de corazón vuestra participación. Me siento halagada.
GRACIAS.

Ahora, solo cabe esperar qué nuevas propuestas nos inspira el mes de abril y empezaremos con el tema que nos propone Inma  desde su blog Molí del Canyer.
Os recomiendo repasar la lista de participantes por si ha quedado alguno rezagado :-) 

Nos leemos.
Besos.

Muchacha de la ventana / 1925 / Salvador Dalí

26 de marzo de 2020

Un Jueves, Un Relato
La habitación del cuadro

Caminé por el pasillo hasta llegar a la habitación cuya única puerta estaba cerrada. Podía oírse el eco de mis pasos siguiéndome, retumbando en el pasillo mientras, fuera, el viento ululaba estrellando las últimas hojas del otoño contra los cristales de los ventanales. Sentí frío. Hacía frío en aquella casa. Los rayos del sol de mediodía apenas entibiaban. Abrí la puerta, y un intenso perfume a madreselvas me abofeteó. El aire silbaba colándose por los resquicios de la ventana, moviendo la cortina como si una mano alegre la estuviera agitando. Me sobrecogí al escuchar la dulzura de un canto. Me llevé ambas manos al pecho intentando sujetar un corazón que latía como si el mismísimo demonio estuviera intentando arrebatármelo. Respire hondo, y me dolió. Un extraña angustia abrazaba la desnudez de aquella estancia. En las paredes, las marcas de los muebles, de los cuadros, la chimenea que ya no prendería en mucho tiempo...

"Mujer en sillón azul" / Léon Kroll

Quería levantar la vista. Mirarla. Impregnarme de la belleza de su paz, de la candencia de su boca, de la ternura infinita de su mirada. De su piel arropada en blanco... Pero estaba  siendo cobarde. Incapaz de enfrentarme a ella. Eran mi propio miedo, mis sentimientos de culpa y de vacío quienes me hacían agachar la cabeza. O la tristeza de la ausencia, de la lejanía. O la pesadez de los recuerdos que se ahogaban en mi memoria como ecos de un pasado que se me había escapado de las manos, como su último hálito a la égida de mi boca, bajo el baño incesante de mis lágrimas.

—Señor, se hace tarde.

Tardé en volver en mí. La voz de Mauro me pareció tan lejana que creí era irreal. 

—Sí, es la hora, Mauro. Bájala con cuidado y acomódala en el carruaje. Iremos juntos.
—Si, señor. 

Apoyé la mano en el hombro de Mauro. Ambos apretamos los labios. Salí de la habitación a paso apresurado. Me asomé por uno de los ventanales. Los caballos estaban inquietos. Presienten la tormenta. Temía un viaje incómodo pero ella está conmigo.