Mis letras, mis palabras, mis frases, mis sentimientos…Todo cuanto plasmo, aún sin dejar de ser de mí, de mi marca, te pertenecen en pensamiento desde este instante en que tú me lees…

© ɱağ

Desde 2014

Y cierro los ojos para abrir mi ánima…

23 de noviembre de 2016

Inquina...


Jana sentía que la sangre le hervía dentro cada vez que se pronunciaba el nombre de Gino en su presencia… Y no es que le hiciera sombra a ella. Simplemente, no lo soportaba. No lo soportaba ya desde niña, cuando llegó sin previo aviso, cuando nadie esperaba que apareciera y se hiciera un hueco en la familia… y en la sociedad.
Y ese sentimiento de resquemor, de un odio enfermizo había ido creciendo a lo largo de los años.
Más florecía él, más se enardecía ella.
Aquellos celos eran como un abismo entre ellos, un fuego infernal que les hacía alejarse.

- Si pudiera…, me mataría… -Aseguró Gino en más de una ocasión a modo de broma pero en algún momento le había preocupado que la cabeza de Jana llegará a bloquearse de tal manera que sus celos traspasaran la pura lógica.


En la niñez había soportado su macabro sentido del humor, sus cucarachas en los bocadillos de la merienda en el colegio, el encontrarse las tareas encomendadas como si no las hubiera hecho; el llevarse las culpas por actos no realizados y castigado por ello. En la adolescencia, la rumorología, el descrédito, el enfado por algún malentendido que había logrado desenmascarar… Y de adulto, se había alejado por completo. Tal vez así, ella pudiera olvidarlo. Y aún así, no podía odiarla. En ocasiones sentía pena.

Se buscó un futuro en otra ciudad, en otro país… Todo lo lejos que había podido aun a fuerza de perder la relación familiar.
Ella vivía solo para él con el amor más enfermizo que se pueda tener, con la obsesión más profunda que pueda sentirse… Y cuando Gino halló el amor, todo se desencadenó.

La encontró aquella noche en el portal de casa. Precisamente en la que no debería haber estado pero un giro inesperado le había hecho retrasar su viaje un día.
Se preguntaba cómo había podido encontrarlo. Seguramente su extraña e interesada dulzura o su astucia de sabueso le habían llevado hasta allí.
Reconocía que se había inquietado. La palidez del rostro de Jana se agudizaba con la oscuridad de sus cabellos, y la profundidad de su mirada era como el infierno que reinaba en su corazón. El blanco de sus ojos, lejos de ser una luna en el firmamento, era un vidrio de sangre. 

Habían pasado muchos años desde que él y Jana se habían visto por última vez. Todo aquel tiempo había sido maquiavélico. Él se había sentido aliviado. Ella no. La partida de Gino había supuesto una serie de trabas, como dejar las cosas sin acabar, como si la razón de su vida desaparecía… Y no le perdonó. No le había perdonado jamás. Y menos ahora que había encontrado a alguien que le hacía feliz.
No importaba nada más.

No hubo palabras. No hubo momento peor que aquel. Contradictoriamente, tampoco uno mejor. Gino sintió aquel fuego de Jana como se le clavaba en sus entrañas, como el estómago se le daba la vuelta, como se ahogaba con su propia respiración, como se callaban sus gritos…
La sonrisa de Jana… Un eco sórdido.
Sus zapatos rojos… Los de ella. Como la sangre que al igual que les había unido les había separado, como la luna roja que nacía en el suelo, bajo el peso inerte de su cuerpo.
La oscuridad… El silencio. La muerte.



Un giro inesperado hizo que aquella noche estuviera en el lugar equivocado y con la persona no correcta.
Más historias en
47 de 52
 y en 

14 de noviembre de 2016

Inciertos...




Busco el destino en el hueco de tus manos vacías, 
en el fondo de tu lejana mirada 
colmada de pensamientos 
que no llevan mi sentido.

Tal vez nunca estuvo perfilado 
en la vertiente de tus labios 
ni vibró en los filamentos de tu garganta.

... La caricia postrera donde murieron mis suspiros.

Ansío todavía ese beso donde el deseo, 
estrellado y roto, 
había ganado batalla al tiempo y la distancia. 

Anhelo el abrazo adormecido de las largas noches 
donde tú clamabas a los vientos 
sentimientos que fenecieron en la última sonrisa… 

Busco sin hallar ya, 
sin presagios y sin recuerdos, 
sin futuros atinados..., ciertos;
sombras yacientes de memorias y migrañas… 
adornadas de flores marchitas…


Esta semana, Sindel, desde su espacio
nos hace pensar en el futuro…
46 de 52

12 de noviembre de 2016

Soy el Nombre...

Soy sueño desvelado en las pupilas de tus ojos, 
luna de pan dulce en la humedad de tus labios; 
caricia dormida en las yemas de tus dedos. 

Soy palabra germinada de tu silencio, 
pensamiento oscuro que viste tu deseo; 
esencia de tu placer en ese quejido sin aliento...

Soy... 
la razón ilógica de tu inconclusa contradicción, 
el interés más desinteresado, 
la pieza que altera tu entereza, 
el plano difuso de tu conciencia... 

Soy el nombre impronunciable 
que se pierde entre tus manos...

16-marzo-2016

Si deseas seguirme por correo.

Acólitos...