La última campana, la que marcara el inicio de ese nuevo día, de ese nuevo año…, solo iba a ser un paso más dentro de aquel silencio que le seguía sorprendiendo por dentro y que solo compensaba con el teclear de su vieja máquina de escribir, con el pasar de hojas en blanco sobre las que su mente se desnudaba, con las que vestía su clausura, con el devorar libro tras libro con unos ojos cada día más cansados y donde las lágrimas afloraban irremediablemente cuando entre las páginas aparecía alguna fotografía. La acariciaba con las yemas de sus dedos, observando el paso del tiempo en unas manos cuyos huesos se retorcían.
En este caso son cincuenta y dos composiciones de diferente temática a repartir durante todo el año.





