Aún no he abierto los ojos, si supiera dónde los tengo, que ya he
tropezado dos veces con la cama, cuando no es con la esquina de la cómoda o me
doy de bruces con la puerta de la habitación. Llego a la de casa y, sin darme
cuenta, regreso sobre mis pasos. El desatino me lleva a un rincón de la
cocina, y con apuros el café se vuelve una ducha inesperada, amén de que las
galletas son el pretexto perfecto para una lucha mañanera con el gato. Obvio
que acaba ganando y relamiéndose de gusto. Gusto que no me da a mí el perderme de
nuevo pasillo adelante y quedarme rezagada en el baño, donde cuatro gotas mal
caídas me hacen patinar hasta chocarme con la bañera en la que, apoyadas, duermen
las toallas con más pena que gloria.
No hay relax por la mañana. Esto es un sinvivir. Al menor descuido se
produce una catástrofe: Un poco de color aquí, una rayita allí, otra aquí… Hasta el perfume se vuelve en una especie de ritual de la mala suerte
porque tras ella llega esa avalancha de toallitas que pretenden enmendar el
desaguisado….
Y es que ser quién soy es lo que tiene: que cuando no hay pie derecho, hay
izquierdo y, cuando no, los dos. Te llevan de cabeza para terminar dándote una
patada en el culo y ¡¡a volar, pajaritos!!
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| "La pelota roja" | Óscar Domínguez |
Esta es más o menos mi vida, hasta que me harte y explote o haga mutis por el foro, aunque cabe decir que es muy grato verle feliz. Llevo una vida de pelotas :-)
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