Mi fiera interna se acongoja ante la jaula enorme en la que se ve inmersa. Fuera, acaricia el sol, la lluvia y la infinidad de espacio que mis ojos no alcanzan, y queda un número, un instante de tiempo que es finito y confinado que se dividen en interminables día en los que él es como un ratón dentro de su rueda, corriendo a ninguna parte, deseando llegar a algún sitio.
Día 1 de equis.
Dicen que lunes. Día de la luna. Dies Lūnae. No me llama el chocolate. No preciso letrero disuasorio en el frigorífico ni absolución por los pecados.
Día 2 de equis.
Dicen que martes. Día de Marte. Dies Martis. Me basta una llamada. La hago. La tengo. Todo está bien a pesar de todo. Calma. Suspiro. Paciencia. Resilencia.
Día 3 de equis.
Dicen que miércoles. Día de Mercurio. Dies Mercuriī. Suena una canción en su voz. No entiendo lo que dice. Da igual. Está contento. Yo también me siento bien.
Día 4 de equis.
Dicen que jueves. Día de Júpiter. Dies Jovis. Escribo y borro. Escribo y dejo. Leo y pienso. Siento: Escribo y leo. Dibujo y pintarrajeo mil palabras que se llenan de sentido o de liturgia, de una sonrisa, de un anhelo. Esperanza. Ilusión. También de vacío, de ausencia.
Día 5 de equis.
Dicen que viernes. Día de Venus. Dies Veneris. Me basta una mirada. La siento. Su mirada. Mi refugio. Su “aquí estoy”. Venus despierta la carne, el deseo, y el envoltorio son mil caricias y un destino.
Día 6 de equis.
Dicen que sábado. Día de Saturno. Dies Saturnī. Sabbătum. Día de descanso. ¿Uno más? ¿Cuántos quedan? Yo no paro. Me faltan varios sábados y no ha llegado ni el domingo.
Día 7 de equis.
Dicen que es domingo. Dies Dominĭcus. Día del Señor y sin misa ni rosario, le hacemos plegaría: Que se acabe pronto pero que no olvidemos jamás, que sepamos de la esencia de la vida y de la luz de las almas y con ella se aplaque la oscuridad de esos corazones que alardean de la suya.
Y lucirá el sol. Dies Sōli. Como siempre, como nunca jamás. Dies Infinitus.
Gracias Gin por el trabajo y cariño que siempre imprimes en tus convocatorias.