Un Jueves, Un Relato
El pueblo Plop
Podría decir que me había topado con ellos hace demasiado tiempo pero hasta este momento no me había percatado de lo impertinente de su presencia. Este día, no sé si fue porque ya están aburridos o no quieren verme aburrida, aparecieron ante mí con un "lo veo pero no lo creo". Había estado mucho tiempo sola y se me habían acumulado, como inútiles recuerdos, el polvo y los trastos, las canas y las carnes.
A tras luz vi aquella especie de no sé qué que danzaba de forma muy sutil, como llevado por una pluma que caía sin viento. Parecía lluvia pero una lluvia que no mojaba. Estos cuatro pelos blancos que me quedan, a su roce se volvieron abundantes y brillantes. Este cuerpo rechonchete y sin gracia pareció tomar una habilidad especial, como una alegría que venía de alguna parte.
Me pregunté, y quise llegar a una única conclusión: Se me había ido la cabeza. Definitivamente.
Aquellos pequeños y singulares seres se posaron ante mí, como si me viera en un espejo en el que no me reconocía. Su sonrisa, sin dientes, sin forma inusual. Sus ojos, sin pupilas pero con un increíble brillo. Sin brazos, sin piernas... sin cabello. Una forma que podía ser una gota, que podía ser una mota de polvo, una brizna de basura que había abandonado algún rincón como la memoria abandona el olvido.
—¿Quiénes sois?, ¿qué sois?
Sus respuestas fueron puro silencio. Solo se movieron como una gelatina en un plato, movidos por una energía ignorada. Igual se encogían de hombros... pero no había hombros.
—No sabemos. Solo existimos —percibí aquellas palabras en mi pensamiento. Claras.
—Pero, ¿de algún sitio vendréis?
—A lo mejor pero dicen que olvidamos.
—Olvidáis, ¿el qué?
—No sabemos.
—De polvo y desidia habéis hecho magia.
—Magia, ¿qué es eso?
—Es algo que es extraordinario, majestuoso, increíble, y que surge sin saber por qué.
—¿Puedes hacer magia con nosotros?
—No lo sé. Ni siquiera puedo hacer un milagro por mí.
—¿Qué es eso?
—Es como la magia.
—¿Qué es magia? —preguntaron como si no me hubiesen escuchado. Me quedé perpleja con la sensación de haberme metido en un bucle infinito del que por mucho que desees, siempre hay hilo del que tirar porque no hay condición que se cumpla. Volví a explicarlo con otras palabras y todo se iniciaba de nuevo, un déjà vu repiqueate y sin sentido.
Al final, con estos dedos ligeros, con estas piernas fuertes y con esta voluntad más firme, golpeé aquel espejo y el silencio se hizo ante mis ojos, así pude reconocerme... en otros, en otro cuerpo, con un puñal cruzando la piel, un alma negra surcando de las entrañas y con una voluntad que, tal vez, ya no fuera la mía.
No era magia. No era un milagro. Era otra cosa que yo no entendía y ellos sí.
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| Pangram Photography |
No pretendáis que os explique realmente que es el mundo Plop o cómo son sus habitantes, porque no es fácil. Podéis preguntar a través de Dorotea (convocatoria) y de su blog "Lazos y raíces", que igual por ahí, encontráis alguna respuesta.