En el telar de mi ser, entrelazo las letras que brotan de mi alma, tejidos de sentimientos y emociones que danzan sobre este lienzo negro que mi pluma transfigura. Anhelo que cada palabra, cada trazo, trascienda y se convierta en eco en tu ser para fundirte en el velo mágico de mi memoria. Que mis versos sean puentes que nos unan en un abrazo sólido, y que mi tinta sea un testigo del vínculo que florezca entre tú y yo. En cada línea trazada, en cada verso susurrado, te escribo con el alma para que en el tapiz de nuestras historias encuentres el eco vibrante de mi ser y la esencia de este nuestro encuentro. Que mis letras sean hilos de un lazo indisoluble entre tú y yo, donde el tiempo se detenga y la eternidad se haga presente. En cada palabra entrelazada, en cada estrofa compartida, tejamos juntos la trama de un sentimiento duradero, donde nuestras almas se encuentren en todos los rincones de esta bella historia.

19 de noviembre de 2015

Al otro lado del arcoíris...

¿Me siento de este lado del horizonte y lo disfruto soñando o me sumerjo a explorar si de verdad existe el color añil? Es la pregunta del millón, esa que siempre me hago cuando pongo en una balanza los pros y los contras... y  no se inclina ni hacia un lado ni hacia el otro.
Llevo aquí anclada media vida, como si me fuera a llegar la inspiración divina. Ha pasado tanto tiempo… mirando estas fotos... esta vida hecha de retales.
“¿Por qué no lo intentamos?” Y el porqué es pura cobardía. No hay respuesta aún. Pero hoy he decidido cruzar al otro lado del arcoíris. He cogido cuatro trapos, un puñado de recuerdos, todas sus cartas y un par de bolsas llenas de esperanza e ilusión. Y sí, también mucho miedo que disimulo con suspiros.
Abandono mi guarida y me voy rumbo al sur; a llenarme los pies de arena, a quemarme la piel con el sol y a descubrir si de verdad existe ese especial color añil del que tanto él ha escrito en sus poemas de piel y alma para mi corazón, desde la distancia, en mi vago silencio… 
Una carta cada mes…
Flores por mi cumpleaños…
A cambio, noches de ordenador..., palabras de querer y no poder o de... lo que fue y podía seguir siendo...
En mis fantasías, en mis sueños… Mil veces aquí.
Una calle angosta, empinada o en bajada, donde las piedras hablen… Ahí le encontraré. Todo se viste de blanco y de ese azul que es diferente a todos los azules conocidos…

Suena un piano. Él tocaba el piano. Sigo el sonido de las notas por este callejón. El ritmo va in crescendo como si animaran mis pasos hacia él…
Me duele el corazón.
No soy aquella mujer que él conoció. La esencia es la misma pero los años…
Ahí está él. Tampoco es el que conocí.
No puedo evitar sentir miedo. Tal vez ese reiterante “te esperaré siempre”, solo sea palabras a pesar de todo.
Nos miramos igual que nos miramos la segunda vez. Nada existe ya. Solo nosotros.

Soy estatua de mármol. Él no mide sus pasos. Es como si me estuviera esperando. Creo que cada latido de mi corazón retumba contra los suyos. Abre la verja… Y se reencuentra el añil  en el beso y abrazo de ayer con sabor de hoy bajo el tarareo de aquel viejo tango.

- No sé si es tarde…
- Nunca es tarde… veinte años no es nada...(click para escuchar ) ¿Cuándo creerás lo que te digo?
- Ahora... ¿Nos queda tiempo?
- Todo...



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Este jueves, Cas, nos ha invitado desde su blog, "El balcón de Cas", a perdernos en el arcoíris, a descubrir alguno de sus colores o todos, a sumergirnos en esa realidad o en esa otra parte del "¿qué pasaría sí?".
Yo he elegido cruzar el arcoíris por el sendero añil.

15 de noviembre de 2015

Tus dedos en mí...

Teclas blancas.
Teclas negras.
Manos insurrectas que desvirgan cada nota a cada golpe, suave, rítmico, asonante…
Y te veo ahí, sentado al piano, tan desnudo como tú, mientras la luz del alba entra por la cristalera…
Te observo desde la distancia, mientras tus dedos se deslizan maestras creando música… como las caricias que aún suenan en mi piel, que todavía la erizan, mientras me refugio en mis brazos, sobrecogida, emocionada, recreándome en las notas que envuelven tu desnudez…
Tienes los ojos cerrados y tu cuerpo se mece en ese compás  sintiendo la música. Me da miedo romper esa magia con cualquier sonido que no sea el de mi respiración intentando acompasarse con tus notas… o el de mis pensamientos…


Y al abrir tus ojos, tu mirada se cruza con la mía. Tus movimientos cambian, sonríes, y las notas se aceleran, como un canto poseído, como la rubrica de un deseo, ese desenfreno de un cuerpo que posee a otro, o de éste consintiendo su entrega.

Tus manos se detienen meciendo notas cálidas, hasta que el piano deja de sonar… Ruge el silencio. No dejas de mirarme. No dices nada. Esperas. Me quedo quieta.
Me incitas. Sabes que no aguantaré mucho. Mis pies parecen independientes a mi intención. Quiero que vengas pero, inconscientemente, empiezo a andar hacia ti.

Me recibes en tu abrazo. Tu piel está fría. Mi cuerpo caliente, protegido bajo tu mejor camisa… Perfecta dicotomía que se vence entre besos que se mojan, entre caricias que abren la piel… Tu boca apresa mis cimas y yo te peino los pensamientos con mis dedos; tus manos reptan en mi espalda y yo... Yo solo puedo darme a ti... cuando ya mi pulso se recoge en tu aliento.
..

12 de noviembre de 2015

Hechicera...


Hechicera había salido rauda de su cabaña. Tomó su montura, tan negra como la noche que los envolvía, y a galope se adentró en el bosque, seguida de cerca por su fiel Lobo, iluminados todos por la sombra de una luna en pleno eclipse.



Lo encontró ahí, donde su imagen se le había representado, en aquel meandro del río, entre aquellas piedras. El hombre tenía una brecha en la sien derecha por la que manaba un hilillo de sangre. Su pulso era débil. Estaba inconsciente y amoratado. El frío se le había calado hasta los huesos, hasta la mismísima alma.
Ayudándose del caballo, lo retiró del agua.
Metió en su boca un par de bayas secas. Pronto tomó cierto color aquel cuerpo que refugió en el suyo. Ella le pasó su calor. Él le pasó parte de su muerte.
Atarantado logró subir al animal. Y se dejó caer sobre él. La Hechicera lo cubrió con una manta y montó a Oscuridad, regresando a la cabaña lo más rápido posible.

Cuando el hombre despertó  todo era confuso para él.
Su cuerpo desnudo recibía el calor del fuego a su espalda. En su pecho, bajo aquellas mantas y aquellas pieles, el cuerpo de aquella mujer que ignoraba lo hubiera salvado. Era el ser más bello que había visto. Aquella melena rizada, cubriendo su desnudez; aquella piel blanca contrastando con ese color aceitunado de la suya. Eran como un eclipse, como el de aquella noche.

Mil preguntas venían a su difusa mente. 
Le invadió un profundo aroma. Este lo envolvía todo. Supuso que provenía de aquellas matas de hierbas que colgaban del techo de la humilde choza o del guiso apartado del fuego.
Su ropa pendía de una rama de punta a punta de aquella estancia única. Un candil de aceite estaba sobre la mesa…, cuatro taburetes… un camastro vacío. Toda la humildad de la estancia se conjugaba con la belleza de aquella mujer que reposaba sobre su pecho, entre sus brazos, dándole su calor, dándole vida.

Cerró los ojos al sentirla mover. Permaneció quieto. Se prendó de aquella desnudez femenina antes de ser cubierta por el sayón, sobre el que cayó la cascada de ondulaciones negras que llegaba hasta el final de la espalda.

- Se que estáis despierto –mencionó ella.

Su voz le pareció angelical. Si estaba soñando no quería despertar. Si estaba muerto, no quería volver a la vida.
Soltó mil preguntas.

- Cuestionáis demasiado… -Y le contó lo acaecido en esas dos jornadas. Vio la sorpresa reflejada en el rostro masculino.
- No recuerdo nada de eso, aunque sí recuerdo haber estado casi todo el día andando. Niebla. Nieve. Lluvia... Viento… Luego me sorprendió el granizo justo cuando iba a cruzar el río… No recuerdo más… -Hizo una pausa mientras se cubría con la manta para sentarse. Apretó los dientes y contuvo la respiración. Estaba entumecido y dolorido. De pronto, sintió calor y se descubrió un poco. Ella no se azoró.- ¿Sois, acaso, una bruja?


- Bruja, hechicera, maga, adivina, curandera…, loca… Me llaman de mil maneras pero los del pueblo y redoladas acuden a mí para pedir hierbas y curar sus males o los de sus animales…
- Seáis lo que seáis para mí sois lo mejor que me ha pasado desde hace tiempo. Solo puedo agradecer humildemente vuestra ayuda. Tuve que sacrificar a mi caballo –mencionó con pesadumbre, ignorando que la cena de esa noche sería una pieza de su animal que la Hechicera había robado a los lobos, pero era lo que él precisaba después de tanta pérdida de sangre-. Fui un incauto al pensar que podría cruzar el río... Y, ahora, gracias a vos, estoy aquí y vivo.
- Tendréis que quedaros unos días más. He tenido que lavar vuestras ropas y no se han secado. Lamentablemente, no tengo otras para vos. Tan solo unas medias de lana que abriguen vuestros pies y un apaño que os he hecho con una tela... –aseguró mientras echaba condimentos a la sopa-. Además, necesitáis tiempo para reponeros. Tenéis un par de costillas rotas. Estáis débil y mis hierbas no lo hacen todo. ¿Sentís frío? –preguntó viéndolo temblequear y volver a abrigarse.
-Sí… Estoy aturdido...

Hechicera se acercó a él. Abrió la manta y se sentó a horcajadas sobre las piernas masculinas, pegando sus caderas a las de él, rodeándolo con sus brazos, aferrándolo a su cuerpo. Parecía ser algo tan natural, que él correspondió a ese abrazo, cerrando la manta sobre la espalda de Luna. El aliento de ella le quemaba, su piel era un imán; su respiración una especie de hechizo… No sabía su nombre pero se asió a ella como si le fuera la vida en ello.  A veces, hasta ella olvidaba cómo se llamaba. 

Sintió que su masculinidad se enervaba pero la Hechicera no se movía de su sitio. Al contrario, se enganchaba más a él. Separó su rostro del cuello y buscó la mirada femenina para perderse en ella. La mujer se vio reflejada en la del hombre, tan inmensamente gris como el día que había muerto. 


- He habéis hechizado… -dijo justo antes de besarla sin ningún pudor.
- Vuestro nombre... -entonó Hechicera.
- Noche... ¿El vuestro?
- Luna...

Y volvió a besarla para empezar a amarla ya que no hay Noche sin Luna... ni Luna sin Noche, pues de día solo es un reflejo...


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Esta semana es Demiurgo quien nos convoca, como si fuera un hechicero, a perdernos en un mundo mágico, curioso, irreal... De todos los temas propuestos, me quedo con el elegido, es el más místico de todos. Espero haberos hechizado tanto como para no daros cuenta de cuán largo es el texto.

Os invito a pasaros por su blog, “El Demiurgo de Hurlingham”, donde hallaréis mil y una historias de vuestro agradado, así como, una forma de conocer a los demás participantes en este reto de los jueves.