En el telar de mi ser, entrelazo las letras que brotan de mi alma, tejidos de sentimientos y emociones que danzan sobre este lienzo negro que mi pluma transfigura. Anhelo que cada palabra, cada trazo, trascienda y se convierta en eco en tu ser para fundirte en el velo mágico de mi memoria. Que mis versos sean puentes que nos unan en un abrazo sólido, y que mi tinta sea un testigo del vínculo que florezca entre tú y yo. En cada línea trazada, en cada verso susurrado, te escribo con el alma para que en el tapiz de nuestras historias encuentres el eco vibrante de mi ser y la esencia de este nuestro encuentro. Que mis letras sean hilos de un lazo indisoluble entre tú y yo, donde el tiempo se detenga y la eternidad se haga presente. En cada palabra entrelazada, en cada estrofa compartida, tejamos juntos la trama de un sentimiento duradero, donde nuestras almas se encuentren en todos los rincones de esta bella historia.

4 de enero de 2026

El Último Compás…

Hacía más de un año que no acudía al castillo de Monsieur Dulce. No quería hacerlo a lo grande, más bien del mismo modo en el que me había ido. 
No en un silencio sepulcral, pero sí en una ausencia tañida de cierta nostalgia. 

Mis pasos sonaban huecos y mi vestido arrastraba sobre la brillante madera del suelo. El corazón me latía con fuerza y una especie de espiral blandía en mi estómago. 

Había pasado el tiempo suficiente para que, tal vez, se hubiera olvidado de mí, pero el momento del baile también podía ser una buena ocasión para algo más que bailar. 
No sería pasión, sería redescubrimiento. 
Sería latido… sin pulsión. 
Un encuentro de miradas y, sí, también, de sensaciones que no necesitan nombre para existir. 

Crucé el umbral y el salón me envolvió con su aire cálido y la música que todavía parecía retener el eco de los pasos anteriores. Allí estaba él, girando suavemente con otra. Ella levantó la vista y me encontró, pero él no; su atención estaba dirigida a otro lugar, a otro compás que no era el mío.

Por un instante me quedé quieta, dejando que la escena me alcanzara en su totalidad: los movimientos medidos, la risa contenida de la otra, la indiferencia involuntaria de él; su mirada estaba fija en otro compás, en un instante que no me incluía. No sentí sorpresa ni celos, solo un reconocimiento de lo que había sido y aún era: un espacio que yo conocía, ahora habitado por otra presencia.

Respiré hondo y me permití avanzar un paso, apenas uno, calculando la distancia que me separaba de lo que deseaba tocar sin tocar. Cada giro de ellos parecía dibujar líneas invisibles entre nosotros, tensas y precisas, recordándome que aún podía decidir cómo entrar en aquel baile, aunque todavía no fuera el mío.



La música flotaba espesa, con un grave sostenido, cuerdas bajas, casi un susurro que obligaba a acercarse para escucharlo. Un vals lento, oscuro, de esos que no invitan a girar, sino a deslizarse, como si el aire mismo se moviese al compás. 
La máscara ocultaba lo evidente y revelaba lo esencial.

—Pensé que no volverías —dijo, sin mirarme aún, apenas un soplo que se perdió entre los acordes. 

No respondí. No hacía falta. 
Su mano encontró mi espalda con una delicadeza aprendida, no conquistada. 
No buscó, no apretó. Esperó. 
Solo entonces me permití acercarme un poco más, lo justo para que el espacio entre ambos dejara de ser seguro; ese espacio mínimo donde el cuerpo recuerda antes que la memoria… La tela, el calor, la respiración ajena marcándome el ritmo. 


Bailamos. 
Lento. Medido. 
El cuerpo entendiendo antes que la cabeza. 

Un roce de dedos al girar, más tiempo de lo necesario. La presión suave de su palma guiando el paso, mi respiración acompasándose a la suya. Nada desbordado. Todo contenido. Una pregunta que no debía formularse en voz alta. Yo no retiré la mano. Tampoco la apreté. 

Y en ese vaivén lento comprendí que algunas ausencias no son huida, sino promesa aplazada. Que volver no siempre significa quedarse, pero sí atreverse a sentir de nuevo. 
No es olvido, sino reserva. 
Que hay deseos que no buscan consumirse, sino permanecer tensos, vivos, exactos. 

Cuando la música murió, el silencio quedó suspendido entre nosotros. El abrazo se deshizo despacio, con una última cercanía que rozó la promesa. 
Él dio un paso atrás. Solo uno. El suficiente. 
Otras manos lo reclamaron, otras máscaras, otras presencias que no podían esperar. 
Antes de girarse, alzó la mirada.
No fue despedida. Fue sostén. 
Un hilo tenso entre dos cuerpos que ya no se tocaban. 

Nada había cambiado… 
y, aun así, aquella mirada quedó suspendida, latiendo sola, mientras la música volvía a reclamarlo.

Solo un baile: el baile de máscaras.





Imágenes del texto generadas por gemini @©ɱâğ


6 comentarios:

  1. Que baile más sereno y a la vez evoca momentos únicos vividos, esos que por mucho tiempo que pase, sabes que hubo una realidad donde ambos fueron cómplices.
    Sin reproches y cariño.
    Me gustó, el estilo tan elegante que has utilizado en el baile.
    Y ahora te dejo un fuerte abrazo y besotes y me repito leerte es un lujazo.
    🙋🥂😘😘

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  2. Siempre hay espacio para los reencuentros, más cuando suponen volver a revivir un buen sentimiento. Este vals tiene un ritmo lento, pero constante, un ritmo que va acomodando todo para comprobar que precisamente no todo ha quedado atrás. Espero que no sea el último compás. Gracias por acudir a Mi Baile, Mi Estimada Magda y baila esta pieza conmigo.

    Beso dulce y feliz 2026.

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  3. Me encantan los bailes así... (no los de los conciertos, que también están muy bien ehhh pero no son lo mismo jeje)

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  4. Me alegra tu regreso. Como a ese baile de máscaras a la que regresa tu protagonista. Un abrazo

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  5. he visto con desencanto la desaparición de muchos blogeros que nos encantaban, pero hubo algunos que seguí por algún tiempo buscando rescatar esas historias que me llevaban a participar... pero desaparecieron casi sin dejar huella... hoy te vi desde un rincón como reaparecías en un baile sublime y mágico... pero ucías distinta, desencantada ... casi esperé que te acercaras para saludar, pero no... algo había cambiado.
    Esperaré tu retorno, por lo menos se que estás bien , y que hay bellezas que nunca se apagan. Volví al sanatorio con la cabeza baja y pensando si valía la pena volver a participar enesos jueves que me llenaban de alegrias... hoy, todos han cambiado y poco a poco se pierde la sensualidad de las letras en bocas de algunos nuevos puristas de la literatura, nuevos integrantes que entran para dividir al grupo...
    Ya nada encanta como hace dos o tres años, donde hoy sólo quieren cuentos para niños y empobrecen las letras vetando la sensualidad que caracterizó a este grupo.
    Se te extraña, pero entiendo las letras vacías que ya sólo llenan jueves sin sazón. Te vi por un rato, y con eso estoy conforme.
    Besos madame

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  6. Más quisieran los orientales explicar tan bien como tú la connexión del hilo rojo. Aquí se ve claramente cuando se separan sin separar-se tras el baile.
    Besazooo y feliz año, Mag, la esperada😝

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Sueña porque soñar es vivir y vivir es sentir...