En el telar de mi ser, entrelazo las letras que brotan de mi alma, tejidos de sentimientos y emociones que danzan sobre este lienzo negro que mi pluma transfigura. Anhelo que cada palabra, cada trazo, trascienda y se convierta en eco en tu ser para fundirte en el velo mágico de mi memoria. Que mis versos sean puentes que nos unan en un abrazo sólido, y que mi tinta sea un testigo del vínculo que florezca entre tú y yo. En cada línea trazada, en cada verso susurrado, te escribo con el alma para que en el tapiz de nuestras historias encuentres el eco vibrante de mi ser y la esencia de este nuestro encuentro. Que mis letras sean hilos de un lazo indisoluble entre tú y yo, donde el tiempo se detenga y la eternidad se haga presente. En cada palabra entrelazada, en cada estrofa compartida, tejamos juntos la trama de un sentimiento duradero, donde nuestras almas se encuentren en todos los rincones de esta bella historia.

30 de mayo de 2016

Así surge el beso...

Sentir la alborada rozando nuestros cuerpos,
erizada la piel... Así.
Abrir los ojos y vernos... Y sentirnos...
Y despertar adormilados con el primer beso:
Ese beso que parece buscar uno y esperar otro;
ese beso que incluso se dibuja tímido.
Así, en el sentido distendido.

Y el viento, que empuja la cortina,
parece atraerte hacia mí...
Así cómo levanta las arenas y las mareas.
Y tus ojos a la altura de los míos,
tu abrazo en mi piel,
tu sonrisa medio rozando la mía...
Y así surge el estigma. Así surge el ósculo.
Así surgen el roce, el choque... 
El beso...

Un suave roce: dos labios contra dos labios.
Y dos buscan uno:
Así: Primero el de arriba... Luego el de abajo.
De nuevo, dos contra dos.
Y la cancela se abre... 
Y como alma perdida,
se humedecen tus labios con mi roce
y tu cancela también se abre.

Así, hirviendo en aguas de fuego
como dos titanes medio enfurecidos,
tu lengua y la mía juegan a encontrarse...
Y mi cuerpo despierta entre tu desnudez
por haber anochecido así, perenne en ti.

Esta semana, así, con Sindel desde su blog
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26 de mayo de 2016

La mujer de sus pinceles...

De no haber sido él quien me había invitado a aquella cita, no hubiera tenido duda alguna a la hora de rechazar la invitación. Me aburren las exposiciones de arte. Sí... No sé, me parece un paseillo de sentimientos y sensaciones extrañas. No puedo evitar poner la oreja y oír lo que se comenta. Me pregunto por qué yo ni veo ni siento lo mismo.
En fin… Una velada nocturna.

Me sorprendió no ver a nadie en la entrada y menos en los alrededores. Me sobrecogían mis propios pasos sobre el empedrado de la estrecha calle. Me pregunté por qué tenía que entrar por la parte trasera. 
Golpeé la puerta pero estaba abierta. Dudé en entrar pero lo hice. 
Las llamas de velas, cirios más bien, tintineaban sombras por todas partes. Sentía el corazón latir tan fuerte que retumbaba por los pasillos. De fondo, reconocí el Nocturno Op. 9 N. 2 de Chopin fundido con un rumor de lluvia. 
Al final de uno de ellos, se abría un espacio tenuemente iluminado, focalizando toda la atención en el piano.

Ahí estaba él… Acariciando las teclas. Marcas blancas sobre negras y blancas sobre blancas.
Me buscó con la mirada. Le sonreí. Me parecía de lo más enigmático. Nuestra segunda cita y así de especial y diferente. Me invitó a acercarme con un gesto y sentarme a su lado. 
Lo hice. Imaginé esas manos acariciando mi piel. Esa boca que sonreía, besándome. Se detuvo y tomó mi mano, llevándosela a los labios. Sin dejar de mirarme, la besó.

Nos pusimos en pie. Cada detalle de él parecía parte de un ritual. Unos pasos más allá y se hizo la luz, mostrando ante mis ojos un retrato... Y otro... Y la luz... Y otro... Y en cada uno, una mujer...


- Eres así… 
La mujer dulce e ingenua, sin apunte de vulgaridad, casi virginal, de Botticelli: Mi Venus.
La mujer reflexiva, inteligente, resuelta que pintaba Da Vinci.
La mujer sensual y segura que abre las puertas de mis ocasos  como la de Draper custodiaba los suyos, o, esa mujer ensalzada, engalanada que realzaban Tiziano y Ghirlandaio.
La mujer delicada y sutil que dibujaban las manos de Manet o de Bougerau. O la de rotundas formas de Lebasque...

Mientras, su mano dibujaba el centro de mi espalda.

- La mujer inquieta pero firme como la Diana de Simón Vouet... extasiada como Caravaggio matizaba a su María Magdalena.
La mujer natural y libre, sin tabúes, que deseaba Gaugin o Renoir, auténtica y con carácter como la Maja desnuda de Goya y la mujer racial de Julio Romero de Torres.
Enigmática, misteriosa y oscura como la dibujaba Ingres... 
O la femme fatale estilo Toulose-Latrec.
Cóncava y convexa  como la trazaba Picasso, llena de aristas y perfiles, de luces y sombras. 

Y tomando mi mentón con suavidad, elevando mi rostro hasta que nuestras miradas volvieron a encontrarse, pronunció:

- Todas esas mujeres, y más, eres tú...

Me abrazó desde atrás y , apoyándome en su pecho, giramos sobre nosotros mismos. De su mano había paseado ante cada pintura… Ante una Mujer. Y sí, de todas ellas, había algo de mí. 

- Y ahora, pintaré a Mi Mujer..., A Mi Reina...




Esta semana, Lucía, desde su blog
nos invita a una noche en un museo.

24 de mayo de 2016

Entretiempo

cuando tú y yo nos damos la espalda. 
Ahí yace la noche y vigila el alba 
adormilada entre las comisuras de los besos.

Entretiempo

cuando nos abrazamos sin saber que nos abrazamos  
entre rumores súcubos y entredichos íncubos 
que claman hambrientos las huellas que no ven 
pero pretenden seguir como esclavas, como esclavos.

Entretiempo

cuando tus manos moldean mis arenas 
crecidas de las cortantes de tus rocas, 
abrasadas por los rugidos de esos vientos, norte y sur, 
que elevan tempestades entre dos almas perdidas 
que de un entretiempo consumaron una eternidad…


Esta semana
entretiempo con
Sindel desde su blog
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