A veces son negras. A veces, blancas.
Te sueño tendida, desnuda..., esperándome... A mí.
Sin prisa quiero besarte; sin prisa ninguna, con tacto y la velocidad justa.
Quiero que mis labios memoricen cada centímetro de tu piel; sentirte estremecer con el roce de mis dedos...
y gritar cuando me sientas dentro..., tan adentro que te sea imposible no clavar tus uñas en mi espalda.
De repente, amanece. Y me despierto...
Tú, en tu cama. Yo, en la mía, a mil kilómetros de distancia.
Yo, con marcas en la espalda. Tú, con una uña rota.
Así de real te sueño: Entre sábanas rojas...
A veces son negras. A veces, blancas.






